Alexia

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Capítulo 1 - Pensamientos

Últimamente pensaba mucho en el dinero, particularmente ese día, después de descubrir lo que había hecho mi padre... de nuevo.

Debería haber sabido que lo haría una vez más, no era la primera vez que lo hacía y obviamente no sería la última si seguía siendo tan torpe como para seguir dejando el dinero de mis propinas en el mismo lugar de siempre. Quizá simplemente quería creer que el cambiaría en algún momento, que mejoraría y querría volver a formar parte de lo que quedaba de nuestra familia. Seguía esperando que un día se diera cuenta de cuanto lo necesitábamos, pero la espera se me estaba haciendo interminable. Esperar dolía, sobre todo cuando ésta prometía ser tan larga.

Alejé mis ojos de la ventana, desde donde veía la salida del sol y traté de enfocarme en el día que tenía por delante. Un día más de escuela, un día más de trabajo, un día más sin mamá.

Me dirigí al dormitorio de las chicas, ahora era solo el dormitorio de Amy, a despertarla para empezar nuestro día. Desde que todo pasó, había estado tratando de aparentar por el bien de ella una normalidad que no teníamos, pero lo cierto es que aún con solo diez años no había nada que le pudiera ocultar a mi hermana, la normalidad se fue con nuestra madre, y todo estaba cada vez más lejos de ser normal.

—A levantarse floja, hoy es día de clases—. Dije a medida que empecé a quitarle las sábanas.

Amy protestó un poco, pero eventualmente se despertó. Cuando estuve segura que no se volvería a quedar dormida, me dispuse a empezar mi día.
Primero preparé el desayuno y almuerzo para ambas, luego arreglé la ropa que usaría Amy, y mientras ella se sentaba a comer, me bañé y arreglé para poder salir juntas.

Una vez listas, salimos rápidamente a la escuela de Amy tratando siempre de esquivar a aquellos que quisieran si quiera atreverse a preguntar por qué hacía tanto no veían a papá. La mayoría de los días lo lográbamos, otras veces no teníamos tanta suerte.

Cuando llegamos, la despedí en la puerta del colegio con un beso en la cabecita y esperé a ver como atravesaba las puertas de éste. Luego di la vuelta y corrí lo más rápido que pude las seis cuadras que separaban la escuela de Amy de la cafetería donde trabajaba.

Este era el mismo ritual cada mañana, tanto así que lo hacía todo en medio de una neblina, como si no fuera yo siendo responsable una niña de diez años y una de siete respectivamente.

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Perdimos a mamá hacía más de un año y medio, en un accidente provocado por un borracho que de seguro terminaba de salir de alguna fiesta en la que se pasó la noche bebiendo. El hombre que provocó el accidente terminó solo con un par de huesos rotos, una multa y unas cuantas horas de servicio comunitario. O eso habían dicho a papá. Y eso era todo lo que valía la vida de mi madre y mi hermana. Unos cuantos dólares y unas pocas horas de servicio comunitario ¿no es increíble lo que puede hacer el dinero?

Pero la peor parte de todo se la llevó nuestra familia. Perdimos a mamá ese día, y aunque Abril quien iba con ella en el auto sobrevivió, aún sufría las consecuencias del accidente.

Mi dulce y pequeña Abril, recibió un golpe muy fuerte en la cabeza que la indujo en un coma que duró tres semanas, el coma dio paso a un estado vegetativo en el que estuvo 5 meses más y del que despertó muy lentamente. Por un momento creí que no lo lograría.

Aunque Abril había despertado hacía poco más de ocho meses, su lesión en la cabeza dejó secuelas, entre ellas problemas para hablar y moverse. Los doctores decían que era una suerte que despertara, una suerte que mi hermanita de siete años tuviera que aprender a hablar y caminar de nuevo, yo no llamaría a eso suerte, y no es que no me alegrara de que mi hermanita estuviera viva, es solo que no consideraba justo que estuviera pasando por todo esto solo porque a un imbécil le pareció bien manejar después de una noche de fiesta.

Mi padre encontró consuelo en el alcohol y desde entonces no había parado. A veces y con suerte lo veía una vez al día cuando le llevaba algo de comer a su dormitorio en las mañanas.

Amy se había vuelto más retraída, ya no hablaba tanto como antes, no era la niña feliz que solía ser hacía más de un año.

Y yo por mi parte, intentaba ser fuerte cada día, trataba siempre de tener una sonrisa en mi rostro aun cuando no la sentía, trataba de reconstruir ésta rota familia con todas las fuerzas que me quedaban, intentando ver siempre lo que había en lugar de lo que faltaba.



R.D Piamo

Editado: 15.01.2019

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