Alexia

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Capítulo 7 - Compañeros de Trabajo

Los siguientes días fueron una verdadera locura, no entendía como lograba llevar la casa, las clases, las prácticas, el trabajo y las chicas, todo al mismo tiempo. Cada día era más difícil que el anterior y aunque esperaba que las cosas estuvieran difíciles creo que no estaba preparara para descubrir cuánto. En ocasiones me sentía sin fuerzas para levantarme, y constantemente pensaba que debía darme por vencida, derrumbarme como había hecho Aron, mejor conocido como mi padre, pero sólo un pensamiento hacía Amy y Abril y mis fuerzas se renovaban.

—Puedo con esto, sé que puedo.

Repetía mi mantra cada vez más seguido, sobre todo en momentos de tanta tensión, como cuando tenía ese montón de papeles desperdigados a través de la mesa de la cocina. Todas eran facturas, agua, luz, gas, teléfono, comida, las medicinas y el hospital donde se encontraba Abril, el transporte de Amy, y su bolso que aún no había comprado, no sabía que haría con todo eso.

Estaba apoyada en la mesa de la cocina con las manos sobre la cabeza repitiendo mi mantra cuando entró Amy.

—¿Malas noticias? —Preguntó con voz débil, lo que provocó que levantara de inmediato mi mirada para encontrar la suya triste.

—Por supuesto que no cariño, ¿porque piensas eso? —Empecé a recoger los papeles inmediatamente. —Lo siento por no llegar a tiempo ayer para cenar contigo, pero hoy si cenaremos juntas.

—Tranquila, sé que tienes que trabajar. No te preocupes por mí.

—Oh Amy ¿Cómo no voy a preocuparme por ti?

Me acerqué a ella para darle un gran abrazo. No era la primera vez que deseaba poder estar más a para mis hermanas y demostrarles cuanto me importaban.

—¿Podré ir contigo el siguiente fin de semana a ver a Abril? —preguntó con voz llorosa, hablar de Abril siempre la ponía aún más triste. Le gustaba ir a verla, pero también odiaba verla así.

—Por supuesto, sabes que el domingo es nuestro día. Ahora quita esa mirada triste de tu rostro porque todo está bien y ve a arreglarte mientras preparo el desayuno.

Amy se fue a su habitación y yo aproveché para reponerme y empezar con mi día. Tenía que ser fuerte, toda la situación era muy difícil para todas, pero yo era la mayor así que era mi responsabilidad ser fuerte por ellas. Íbamos a salir de esa. Quería creer que así era.

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A pesar del hecho de que los proyectos de la universidad se me estaban empezando a acumular, era increíble que aún me estuviera yendo bien, sobre todo con el limitado tiempo del que disponía para prestar verdadera atención a lo que hacía.

Y en las prácticas, bueno, si omitíamos la parte en la que recibía la acostumbrada mirada de odio de Damián, todo iba increíble.

Sin embargo, me perseguía la idea de plantarle cara y preguntarle qué le pasaba, es que era inevitable no darse cuenta de que yo no le agradaba. Cada vez que cruzábamos miradas, la suya resplandecía llena de rencor, era como si le recordara algo muy feo que le hice aunque yo no tenía ni idea de que podría ser.

El colmo fue ese día, me terminaba de deslizar en mi cubículo de trabajo para terminar unos planos que me había pedido el Ingeniero a cargo, cuando Damián se presentó en la sala buscando a Naomi. Sólo estaba yo, así que muy a su pesar tuvo que dirigirme la palabra.

—Buenas Tardes señorita Miller ¿Sabe dónde puede estar Naomi? —su voz como siempre fuerte y autoritaria.

—Está en la sala de conferencia con los clientes del conjunto de apartamentos.

—Gracias. —Contestó muy serio y se marchó apresuradamente.

En ese momento, Rebeca que iba entrando casi chocó con él en su apuro por alejarse.

—¿Se puede saber que le dijiste al amor de mi vida para que tenga esa cara tan agria?

Rebeca estaba enamorada de todos los Ingenieros del Estudio, pero según ella, el amor de su vida era Damián. Ignoré su pregunta por una duda que se me presentó justo en ese momento.

— ¿A ti también te mira feo Rebeca? —Ésta soltó una gran carcajada, pero cuando miró mi cara de sorpresa se detuvo y contestó con voz soñadora.

—Ya quisiera yo que me mirara, aunque sea feo como dices tú que te mira a ti.

—¿Qué quieres decir con eso?

—¿Tan inocente eres Alexia? Todos aquí somos absolutamente invisibles para Damián, excepto Naomi que es su mano derecha y tú por lo visto. Sea lo que sea que le hayas hecho ha de haber sido muy malo para que se digne a dedicarte aunque sea una mirada de odio.



R.D Piamo

Editado: 15.01.2019

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