Alexia

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Capítulo 13 - Aquí vamos

Cuando terminó mi turno, como lo había prometido Eider seguía allí esperando por mí, me llené de una mezcla de alegría y miedo porque había tomado una decisión y rogaba por no equivocarme con esta.

Como en otras ocasiones condujo en completo silencio hasta casa, pero viéndome mucho durante todo el trayecto, sin embargo, a diferencia de las otras veces cuando llegamos a casa no me bajé del auto inmediatamente, en cambio decidí acompañarlo un rato más.

—Entonces, cuéntame tu historia— Preguntó Eider. Ninguno parecía tener ganas de despedirse.

—No hay ninguna historia que contar.

—Claro que sí. Háblame de tus intereses, aficiones, pasiones, extraños fetiches, de todas esas cosas.

—No soy tan interesante.

—Me niego a creer eso rotundamente. Piensa en algo que te gusta, la primera cosa que venga a tu mente.

—Leer

— ¿Y qué lees?

—De todo. Absolutamente todo

— ¿Y también escribes?

—No

—Así que lees, pero no escribes. Eso me dice mucho de ti.

—Pero ¿y qué hay de ti? —No me sentía cómoda cuando la conversación se trataba de mí.

—Hago lo que amo, siempre fue mi sueño ser doctor, pero no espero quedarme en un consultorio toda mi vida. Quiero algún día poder viajar y ayudar con mis conocimientos en lugares de extrema pobreza, a personas que lo necesiten realmente.

—Todo un filántropo—comenté medio en broma, pero sobrecogida por sus palabras y en completa admiración por este hombre que empezaba a despertar grandes sentimientos en mí.

—Yo no diría que tanto—respondió tímidamente.

— ¿Cuál es tu más grande arrepentimiento en la vida, Eider?

Su sonrisa tambaleó un poco, pero intentó disimularlo rápidamente. Después de aparentar estar pensando un rato respondió.

—No creo que lo haya vivido todavía.

—Así que eres un ser humano decente

—Bueno, eso espero.

— ¿Entonces si acepto una cita contigo no intentarás matarme?

—Solo si es en defensa propia—Respondió con una sonrisa que iluminó todo su rostro

—Eso es un gran alivio. Entonces qué te parece ¿Este fin de semana?

—El fin de semana será.

 

Me despedí de Eider y entré en silencio en la oscura casa, me quité los zapatos y fui primero de puntillas por el pasillo hasta el cuarto de Amy. Abrí solo un poco la puerta, y gracias a la luz que se derramaba por debajo de las cortinas alcancé a distinguir su pequeña cabecita, cubierta casi del todo por las sábanas. La inquietud que siempre me acompañaba se aligeró un poco cuando pude ver con mis propios ojos que estaba bien, sana y salva, pero esa inquietud nunca llegaba a desaparecer del todo, sobre todo ahora que sabía que necesitaba más ayuda de la que yo podía darle.

Luego me deslicé en el cuarto de mi padre y me lo encontré despatarrado en la cama con las sábanas enredadas entre las piernas. A pesar de todo él me preocupaba y no podía dejar que se enfriara, así que lo tapé al instante y justo en ese momento vi la botella vacía junto a la cama. La tomé y salí para llevarla a la pequeña cocina, junto a las tantas otras que se acumulaban allí.

Mirarlas todas me hacía sentir agotada, y el agotamiento pronto se convertía en resentimiento hacia las botellas y todos los problemas que nos habían causado

Tras decidir que ya era hora de dormir, fui tranquilamente hasta el extremo del pasillo sin hacer caso de los ronquidos borrachos del cuarto de mi padre, crucé calladamente la puerta de mi habitación y dejé el mundo afuera. Mi habitación era la más pequeña de la casa. Con el espacio suficiente para  una cama individual, un armario con toda mi ropa, y un par de estanterías abarrotadas, donde había desde novelas románticas, paranormales hasta libros de historia. No mentía cuando le dije a Eider que leo de todo, absolutamente de todo, o lo hacía cuando tenía tiempo.

Habiendo sido un día tan largo, pensé que me dormiría enseguida. Pero no. Me quedé mirando fijamente al techo, recordando una y otra vez las palabras de Eider y mi nuevo descubrimiento sobre lo que sentía. Desde hacía año y medio solo había tenido una preocupación y una meta en mi vida, y se me hacía tan insensible pensar en mi vida amorosa en medio de todos los problemas que nos rodeaban en ese momento.



R.D Piamo

Editado: 15.01.2019

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