Alma Corrompida

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Corrine le frunció el ceño a una mariposa púrpura que pareció desprenderse de su vestido.
-Tu padre está muy cambiado- oyó la voz de Cory desde su cabeza pero ella lo único en lo que podía pensar era en el hombre en mangas de camisa con sonrisa lobuna que tocaba el piano como si el demonio de Tartini le hubiera concedido el don.
Pero quién era para su padre, no parecía un asistente o un socio, y Leslie había dicho que incluso representaba al título Vespiam frente al parlamento y su padre le dirigía la palabra con una informalidad alarmante.
Cory seguía hablando.
-...y aquella serpiente, terrible, no dejaba mirarte, me puso las antenas de punta- continuó diciendo. -Allí inmóvil como si fuera de cera.
Corrine agravó su expresión.
-¿De qué serpiente hablas, Cory?- cortó deshilvanando sus propios pensamientos.

-El alma del hombre, de Leanders, era una serpiente- le aclaró Cory y ella modificó su expresión, eso no importaba ni un ápice comparado con su turbación.
-Mi padre parece haber enloquecido, tomó mis manos y estoy casi segura de que estaba aliviado al verme- dijo ella mientras se giraba de nuevo avanzando por el pasillo como Alicia entre las flores tratando de tener en frente a Cory en su vuelo errático.
Otros pensamientos de Cory comenzaron a formularse en su mente a manera de respuesta y ella trató de organizarlos mientras avanzaba por lo que no se percató que había alguien en el pasillo sino hasta que tropezó con él como si fuera un muro insondable.
-Milady SoVespiam- le dijo el rubio tomándola por los codos para evitar que cayera y su aliento a pinot de uva rosada le colmó en el rostro.
A Corrie siempre la turbaba un escalofrío extraño tras la nuca cada vez que lo miraba, uno que ella asociaba al atractivo del hombre, sus ojos azules, la altura y su cabello rubio casi plateado bien peinado hacia atrás a la moda italiana, lo mismo que su voz grave al hablar inglés, y lo hacía muy bien aunque se sentía, sin embargo, ese tono cantarino que ella misma se había cuidado de no adquirir en Italia tras sus casi dos años allá.

-Doctor Carsú -dijo finalmente, su voz sonó más a sorpresa que a cualquier otra cosa-. ¿Ya pudo ver a mi padre? -agregó, echándole un vistazo a Cory, que parecía observar al alma del hombre.

Carsú sonrió apenas un poco, como si algo lo divirtiera pero le costara admitirlo.
-Apenas bajé del carruaje y le dí una vuela al jardín frontal del establo- le aclaró. -Todo esto es demasiado y eso es decir mucho para un italiano acostumbrado al barroco- le dijo refiriéndose a la mansión y a sus lujos.

-Oh... Entiendo -ella asintió con la cabeza, juntando sus manos por unos segundos, pensando en algo más para decir- Sientase como en su casa, no dude en pedir lo que desee a Angelik, lo menos que quiero es que se sienta incómodo aquí...

-No necesito nada más ya que estoy hablando con usted- comentó el hombre y la soltó respetuosamente. -Aunque tampoco quisiera molestarla, debe estar cansada por el viaje y ansiosa de reunirse con su padre.

-No es una molestia -dijo educadamente, sintiendo como Cory se removía a su alrededor, inquieto-. Pero no voy a mentir respecto a estar cansada por el viaje... Aún así, ya sabe que podemos coincidir en otro momento. Cuente conmigo para lo que necesite

El hombre sonrió cortés y realizó una breve reverencia antes de señalarle el pasillo. Claro, que tonta era, debía llevarlo al menos al pasillo principal. De reojo observó el vuelo de la mariposa incluso cuando se hizo plateada cayendo con su figura lobuna. Entonces Corrine se percató de que el alma de Luca Carsú no se veía por ninguna parte, más tarde le preguntaría al detallista Cory.
Entonces se le ocurrió, Carsú podría explicarle por qué Cory estaba tan conmocionado por la serpiente de Johanns Leanders, él era especialista en Ontología y Metafísica, específicamente en esos seres hechos netamente de conciencia ligados a las personas.

Así que decidió aprovechar el momento para hablarle y sacarle algo de información mientras caminaban.

-Doctor Carsú -comenzó a decir, para llamar su atención una vez más-. En cuanto a las almas, ¿cómo es el vínculo con las demás? ¿Acaso sería algo anormal que alguna está obsesionada de la otra?

Y casi pudo sentir la mirada fastidiada de Cory sobre ella.

El doctor parpadeó un par de veces sorprendido por esa pregunta y entonces del cuello de su chaqueta de tweed apareció el rostro peludo de un ratón color trigo, el alma curiosa del doctor.
-Bueno, eso tiene una explicación sencilla. Las almas son vestigios de personas que renacen como guías de conciencia. ¿Me entiende?- empezó a explicar con algo de tacto. -Eran personas, por lo tanto tienen sentimientos igualmente. Aunque como toda persona, también poseen defectos, gustos particulares, obsesiones, manías. Poseen personalidad.

-Interesante... -murmuró ella asintiendo con la cabeza, considerando y guardando cada palabra en su mente-. Si poseen su propio pensar a pesar de estar ligados a cada uno de nosotros... ¿Entonces estamos hablando de que un alma puede matar a otra también? Simple curiosidad -dijo, observando de reojo al hombre para no perderse ningún detalle de sus expresiones-.



Aimee J

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En el texto hay: amor

Editado: 07.03.2018

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