Alma Endemoniada

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1. Secuestro

El día que empezaría mi declive empezó tan mundano como cualquier otro: la alarma sonó y abrí mis ojos a mi cuarto. La alarma era una canción llamada "Should've Said No" (Debiste Decir que No) de Taylor Swift, pero cambiaría para el lunes. Cuando abrí mis ojos me senté en la cama y miré en derredor tratando de entender qué estaba sucediendo. Todo estaba en orden: el librero al lado de mi cama, el closet al otro lado, la televisión en la pared frente a mí, los dos estantes debajo de la tele—donde se estaba cargando mi teléfono, y estaba el reloj junto algunos libros de la escuela—; del otro lado de la habitación estaba el escritorio de vidrio donde hacía mi tarea, justo al lado de la ventana de mi cuarto, que mostraba la calle vacía de la mañana, cubierta por una cortina. Eran las cinco cuarenta y cinco de la mañana del 17 de noviembre.

Me levanté y fui al espacio que hay entre los estantes y mi cama, de ahí tomé mi teléfono y detuve la alarma al tiempo en que caminaba hacia el closet—éste era tan largo como la pared, pero tan sólo un metro de ancho—, esa parte del closet tenía sus propios estantes y unos cajones donde yo guardaba mi ropa interior. En los estantes estaba el resto de mi ropa, el piso de hasta arriba tenían uniformes, el siguiente tenía pantalones y jeans, y el último tenía camisas y suéteres. Saqué un uniforme y un par de bóxeres antes de mirar de nuevo la pantalla del teléfono.

—¡Es viernes! —Dije feliz. El periodo de exámenes estaba por terminar y eso era asombroso. La próxima semana sólo tendría tres y básicamente sería todo. Bueno, eso hasta que los finales viniesen, la semana después. Sonería y salí de mi cuarto para ir directo a bañarme.

Por las seis ya estaba bañado y listo, por lo que bajé y tomé el desayuno con mi hermano. Él tenía once para entonces, por cumplir los doce el siguiente mes. No recuerdo bien qué comimos, recuerdo que casi no lo hicimos, platicamos. Mucho.

—¡Finalmente viernes! —Dije, feliz.

—¿Y eso qué?! —Dijo mi hermano, Dante. Debió haber despertado enojado ese día, pero también era cuando dijo esto que un sentimiento comenzó a crecer en mí, un sentimiento que tan sólo gritaba <<esta es la última vez>>. Miré a tu hermano.

—¡Sí! —Dije—, un día más cerca de vacaciones al final de los exámenes finales --Dije--. Además, mañana es sábado —Mi hermano miró por encima de la comida y detrás de la comida y hacia mis ojos, suspiró y miró a otro lado.

—Bueno, eso es lo único bueno —Dijo—, yo todavía tengo que aguantar a mis maestros por un mes.

—¿Así de malo? —Pregunté.

El resto de la conversación fue sobre su escuela y lo tanto que no me gustaba. Él se rio un par de veces y su ser enojado desapareció. Terminamos de platicar a las seis y media, cuando subimos a lavarnos los dientes y agarrar nuestras mochilas para la escuela; la mía era un maletín-porta-laptop, mientras que la de mi hermano era la típica de siempre.

A las seis treinta y cinco estaba de camino a la escuela.

 

 

 

 

 

Cuando llegué eran las seis cuarenta y siete, todavía tenía algo de tiempo para hablar con mis amigos, así que subí al segundo piso donde todos los de segundo año estaban—okey, no hay que confundirse con eso de segundo año, aquí empezamos la cuenta cada vez que entramos a un nuevo nivel educativo, así que eres de primer año en kínder, en la primaria, en la secundaria, en la preparatoria y así hasta que dejes de estudiar, cuando pasas de año, te conviertes en uno de segundo, de tercero, y así sucesivamente. También, por si esto suena un poco extraño, déjame decirte otro pequeño detalle: estoy en México. Morelia, Michoacán, para ser exactos. Esta es la ciudad donde crecí y donde el infierno se desataría en unas horas).

Una vez en mi salón puse mi mochila en el suelo, al lado de mi banca, y miré el horario; teníamos matemáticas a primera hora y el examen a segunda. Así que salí del salón y caminé hacia mis amigos que estaban en el barandal mirando a la ciudad.

—¡Hey!

Todos voltearon a verme y sonrieron.

—¿Listo para el examen, Deabru? —Preguntó Jorge, él era un chico alto, un poco más que yo, era rubio y tenía la piel pálida, sus ojos eran verdes y usaba lentes. Levanté mis hombros para demostrar que no era así—. ¡Vamos!, es ciencias sociales, ¡no hay forma de que no pases!



Alex Scrivenor

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En el texto hay: muerte, demonios, sangre

Editado: 19.08.2019

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