Alma Endemoniada

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13. Atormentado

Owen salió del laboratorio sin responderle a Cole, todo lo que hizo fue reaccionar con una cara que gritaba un anhelo para que no fuese el caso. Cuando desapareció quise preguntar sobre Esmeralda, el nombre por su puesto que me era familiar, pero, por alguna razón, no podía concebir la idea, no después de todo lo sucedido.

Supongo que debería mencionarlo, para entonces ya eran las 12:45, dos horas habían pasado desde que llamé a la policía y eso significaba que las personas estarían preguntándose dónde estaríamos Jorge y yo; a parte, estaba la cosa sobre mis padres, mi mamá de por sí ya se sentía apartada de mi vida, ella sabía que ocultaba algo, esto no lo facilitaría en lo mínimo, ni para ella ni para mí. Guardar un secreto, en verdad rompe demasiadas cosas. ¿Sobre los padres de Jorge?, ellos son una combinación entre sobre-protectivos y despreocupados, así que probablemente habrían llamado, yo habría respondido, y al regresar, ellos le dirían que se alejara de mí tanto como fuese posible, pero no iría más allá. Teníamos que irnos, YA.

—Jorge —Dije mirando a mi amigo. A las 12:46pm, Cedeño abrió sus ojos al laboratorio. Ese fue el primer momento que entendí lo que Vinea quiso decir sobre no poder hacer algo acerca del maleficio antes de desaparecer—. ¡Hey!

—Khan… —Dijo levantando su mano derecha, la observé por un rato, la cicatriz con forma de serpiente crecía ahí desde el centro hasta el espacio entre su dedo índice y el pulgar. Agarré su mano con mi izquierda, en ella había una cicatriz muy similar, pero ésta empezaba desde aquel espacio entre los dedos y terminaba en el centro con la cabeza de la serpiente. Al menos, esa era la forma que le vimos hace tantos años—. Lo prometiste… —Continuó Jorge, su voz era débil y estaba quebrándose.

—¿Jorge? —Pregunté con algunas lágrimas saliendo, había tantas cosas que eso podría significar. Pero esto no iba a terminar así, ¿verdad? ¿Verdad? — Wey, por favor… —Insistí.

—¿Te acuerdas? —Tosió, sangre saliendo de su boca. Cole puso una mano en mi hombro mientras Malinda llamó a alguien en su teléfono al otro lado del salón—. Te atormentaré si se te ocurre…

—No, no lo harás —Respondí, llorando—. ¡No tienes derecho!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

13 de Septiembre, 2010

Cuarto Año (Primaria)

Para un niño de nueve años, el cuarto año es uno de los mejores posibles. No eres muy joven, pero tampoco muy viejo. ¡Es la mitad de la primaria! Nada malo sucede en ese tiempo, ¿verdad? Quiero decir, lo único malo que pudiese pasar es que cambies de escuela, y ni siquiera eso es lo suficientemente malo para arruinarte el año.

Yo no fui la excepción. Si van a entender lo que Jorge hizo por mí, y porque su destino fue sellado conmigo, entonces, supongo que necesitan saber que, el trece de septiembre yo iba allegando a una nueva escuela. No era el primer día de clases, ése había sido hace bastante, pero si fue el primer día que vi el salón a mi alrededor, porque, verán, yo era el chico nuevo.

Me acuerdo de que otras dos personas también habían llegado conmigo, pero no nos hablábamos, al menos no entonces. Y ese grupo en el que estaba, fue en el que conocí a Jorge por primera vez. Aunque, lo que sucedió después haría que mirara con dolor y tristeza la cicatriz en mi mano.

Como decía, ese día fue diferente de muchísimas maneras. Yo empezaba a entender cómo funcionaba esta nueva escuela, la gente actuaba de forma tan extraña ahí—tal vez porque la escuela que dejé trataba con personas de nombre bastante familiar en estos tiempo: abusadores. Ya sabes, la clase que te persiguen por los pasillos hasta atraparte en un callejón y te golpean, que sin importar dónde te escondías, ellos te encuentran y a dónde fuese que estuviera, gritaría del dolor de sus golpes…. El director jamás se dio cuenta de algo así sucediendo, al menos hasta el año anterior al que me fui donde expulsó al que más me maltrataba, pero la cosa no terminó ahí. Después de un tiempo, en tercero de primaria, mis llamados “amigos” me dieron la espalda al ser los siguientes en lanzar los golpes, aunque esta vez no eran físicos, si no psicológicos—, ellos eran buenas personas. Realmente buenas. Sin embargo, la razón por la que ese día fue diferente para mí era simple:



Alex Scrivenor

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En el texto hay: muerte, demonios, sangre

Editado: 19.08.2019

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