Alma Negra

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Tercera Parte: Secretos y Alianza

C A P Í T U L O 9

Cuando el reloj de la sala de Dorothy marcó las tres cuarenta y cinco de la mañana, nos reunimos todos para ir a Forestville. Nos encontrábamos en el patio de la casa junto a la fuente, al lado Val y Theo dejaron tres bolsones mientras su madre se estaba encargando de abrir el Portal que nos llevaría: se alzaron detalles relucientes de luz mágica en el aire mientras se realizaba la apertura acompañado con chispas azules saliéndole de sus dedos.

Más al frente, se encontraba Adam e intenté no mirarlo, pero antes de poder desviar la mirada él ya había levantado la cabeza en mi dirección y se encontraba mirándome. Me saludó con un breve gesto de la mano desde la distancia. Su pelo se movía fuerte por el viento del Portal.

—De acuerdo, ahora sí ya es hora de irnos—Anunció La vieja Dorothy. Me acerqué al resto a velocidad relámpago y me detuve al lado de Val—. Como soy quien abre el Portal, iré ultima ¿Ya tienen todas sus cosas, Theo?

—Sí, mamá—se quejó entornando los ojos—. Me lo hiciste revisar al menos cinco veces en la mañana. Sin contar anoche.

—Creí que tu nombre era Josh—le dije y me miró. Tenía puesta una camisa floreada con pantalones oscuros—. Por lo del restaurante cuando me invitaste a salir…

Theo me miró con desagrado mientras sostenía un bolsón en su mano derecha.

—Sin duda alguna estaba borracho—declaró, y se movió hacia el Portal.

Arqueé las cejas en un notable asombro sintiéndome ofendida sin lugar a dudas. En ese instante Val se me acercó riendo entre dientes.

—No te lo tomes a mal—me dijo y me evaluó con la mirada—. Pero parece que no le agradas.

—Vaya, creo que ya lo he notado—le respondí indignada—. Y no es que me importe no agradarle a alguien, pero no recuerdo haberle hecho algo tan malo para que no caerle bien.

—Seguro que no—me respondió ella—. Pero ya perteneces al mundo de los hijos de la noche, se supone que la aversión es algo natural.

—Me parece que simplemente es su forma de ser, digo, yo te caigo bien y…

— ¿Qué te hizo creer que me caes bien?

De nuevo me sentí asombrada, pero esta vez intenté de que nadie lo notara. Finalmente me di cuenta de que había fallado puesto que para Val fue imposible no reírse de mí.

—Bueno, pues, gracias por dejármelo en claro—le dije a la vez que me encogía de hombros—. Pero solamente lo mencionaba porque en la noche que llegamos, Adam y yo fuimos al restaurante y tu hermano se presentó ante mí diciendo que se llamaba Josh.

—Le había dicho a mi hermano que un par de vampiros se presentaron en la puerta de nuestra casa—me respondió— Los siguió hasta el restaurante y quiso probar contigo si ya era capaz de hacer algunos trucos.  

—Pero estabas demasiado distraída como para dejarme trabajar—espetó Theo nuevamente.

—Me alegro de que no pudieses hacerlo.

Val sonrió burlona y empezó a caminar en dirección a la abertura del Portal, cruzándolo. Un remolino lo atrapó y desapareció. Lo mismo sucedió con el resto de nosotros.

 

El viaje solo duró unos minutos y la sensación de estar en una montaña rusa se hizo presente a cada segundo. Sin embargo, esta vez el Portal no se abrió de cabeza, sino que cuando llegamos, pudimos aterrizar parados como si pasáramos por una puerta común y corriente. Me tambaleé un poco, pero solamente por la sensación de mareo, y muy pocos segundos después identifiqué Forestville desde el callejón donde nos encontrábamos.

No había cambiado en nada desde que nos fuimos: los mismos puestos de café, los bares y restaurantes, la parada de autobús y el paseo marítimo en dirección al océano, podía escuchar a las gaviotas. Las calles estrechas donde pasaban los vehículos y personas caminando en todas direcciones. El clima al parecer era fresco y lluvioso. El cielo dejaba caer sus gotas en una mezcla de agua y viento.

 Vi a Val ponerse un abrigo mientras el pelo se movía escandaloso por el viento, Dorothy se apresuró en sacar de su bolsón un paraguas donde protegió a sus hijos en seguida.

— ¿Qué están esperando para colocarse sus collares? —nos regañó Dorothy apareciendo al final del callejón—. Ustedes me lo pidieron ¡Y ahora ni siquiera lo usan! ¡Vamos, que tenemos que movernos!

Tenía el mío en el bolsillo de mis pantalones, lo saqué para colocarme y al instante hizo efecto en mí. Adam hizo lo mismo, y el gesto molesto de Dorothy pasó a ser una entusiasta sonrisa.

—Muy bien, vámonos—dijo—. Solo que no sé dónde. Nina ¿Conoces algún hotelito donde podamos quedarnos mientras tanto? Tenemos que esperar la noche para la reunión.

—Claro, conozco uno—respondí en seguida—. Síganme.

Salimos del callejón y antes de girar en una esquina, giré a ver el camino que me llevaba a la casa de mis padrinos, preguntándome qué estarían haciendo en esos momentos.



Sol Armoa

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En el texto hay: vampiros, vampiros y brujos, cazadores de vampiros

Editado: 30.10.2018

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