Almas: Animarum

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CEYLAN

 

 

Cuando la noche anterior encontré su habitación vacía no me pareció extraño, yo en su lugar habría necesitado pensar, pero debí darme cuenta que él no es igual a mí, debí pensar que quizás Gallen los impulsaría a conseguir información. Por la mañana lo busque en todo el palacio sin rastro, no había a quien preguntar y pese a su ausencia, la calma que sentía no me obligaba a informar su falta, por el contrario, me impulsaba a evitar que lo supieran aunque debiera ocultárselo al Rey.

Esa mañana cuando recibo la orden de presentarme en la sala de los lores, la misma donde se llevó a cabo la presentación del día anterior, me encuentro pensando en alguna excusa para justificar su accionar, pero para mí fortuna… o desgracia, no era esa la razón de la llamada.

Al entrar saludo con una reverencia como dicta el protocolo.

_ Llamo usted Majestad.

_ He recibido una petición que atrajo mi curiosidad. –Dice después de un momento de silencio al tiempo que contempla un papel en su mano- El Rey Mikel pide tu presencia y parece ser de carácter urgente.

Enderezando la espalda muestro sorpresa, ¿Qué podría querer el Reino Cristal de mí?

_ ¿Cómo desea proceder? –Es la respuesta esperada-

_ Puesto que sería una grabe ofensa hacerlos esperar, sugiero que partas cuanto antes. –Las palabras parecen dejarle un mal sabor, nunca le agrado permitir que otros tomen decisiones por él-

Sin más por decir me inclino nuevamente, dispuesto a obedecer.

_ Y capitán… -Me llama cuando le doy la espalda- ten mucho cuidado.

Caminando en dirección a los establos pienso en el tono que empleo, sus palabras sonaron a clara advertencia. Al llegar ya está todo dispuesto para mi partida, tal parece que una negativa no sería aceptada. El camino es tranquilo, siendo ciudades vecinas tampoco era un viaje muy largo, solo me todo medio día llegar. Por alguna razón el hecho de que el Príncipe desapareciera no me molesta, y el estar en medio de un bosque lo hace sentir más cerca, como si en aquel momento fuese donde debo estar, instalando una calma en mí que nunca antes sentí. Dejando salir un suspiro que lleva consigo las cargas que no sabía traía conmigo, pongo el primer pie en el Reino Cristal. Es un lugar pulcro y ordenado, aquellos con quienes me cruzo saludan con cortesía siempre sonriendo, nada parece estar mal aquí, por lo que se me hace cada vez más desconcertante mi presencia.

El palacio es un lugar bullicioso y luminoso, con grandes ventanales abiertos de par en par, los jarrones llenos de las más variadas flores llenan todo con su perfume, los tapices familiares que decoran las paredes completan la armonía que vuelve el lugar un sitio cálido para cualquier visita, incluso un militar.

Un ciervo me guía a una de las salas privadas dejándome a la espera de mi anfitrión, permanezco con incomodidad en medio del lugar sin saber qué hacer. Me distraigo observando el decorado muy similar a lo demás, aunque con un toque más personal. Estaba tan absorto el un cuadro de un niño que no repare en que ya no estaba sólo.

_ El Príncipe Lys de pequeño. –La voz del Rey a mi espalda me sobresalta, se había acercado demasiado sin notarlo- Como todos al volvernos adultos perdemos lo adorable. –Agrega con una sonrisa cálida- Pero no estamos aquí para hablar de mi hijo.

_ Majestad. –Saludo con la correspondiente reverencia- Mis disculpas, no lo escuche entrar.

_ Debo tomarlo como un cumplido. –Su sonrisa crece un poco- Que el capitán Ceylán no me escuchara habla bien de mis habilidades de sigilo. –Su rostro se torna serio y el tono formal- Pero bueno, hablemos de temas importantes.

Con un gesto me indica sentarme en un sofá para él ocupar el que está en frente, una pequeña mesita es lo único que nos separa. Su apariencia relajada es desmentida por la expresión de su rostro y el tono que emplea cuando comienza a hablar.

_ Asumo que no se ha descubierto su desaparición. –Sus ojos fijos en los míos- De lo contrario ya habríamos recibido la alarma. –Me mantengo en silencio con una expresión que espero demuestre desconcierto- Lo cierto es que, hable con él después de la reunión de ayer…

_ ¿¡Cómo dice!? –Sin pensarlo me pongo de pie en una clara afrenta para sentarme de inmediato- Disculpe.

_ No te preocupes por eso… sabía que no haría nada sin que tú supieras. –Pero lo cierto es que no lo sabía- Compartimos algo de información, aunque no había nada que el otro nos dijera que no supiéramos ya… -Tras un momento dejando salir un suspiro habla una vez más- La verdad no hablamos mucho, al llegar al bosque simplemente salió del carruaje y se alejó. –Lo contemplo en silencio, eso explicaría lo que sentí antes- Sé que lo encubres, no puedes negarlo, solamente pensé pertinente que lo supieras.



Jesse

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En el texto hay: hxh haren

Editado: 10.04.2019

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