Almas: Animarum

Tamaño de fuente: - +

Rastros de luz

Los sueños comenzaron cuando alcance los diez inviernos, en un principio solo caminaba por lugares desconocidos, lo que era casi todo ya que mi mundo se limitaba al palacio. Con el paso del tiempo un haz de luz fue apareciendo, primero era algo insignificante casi invisible, luego se volvió tan intensa que todo lo iluminaba, tenía una forma nebulosa atravesando mi cuerpo impulsándome a caminar en la dirección que señalaba, pero sin importar cuanto avanzara nunca llegaba a destino, uno que me era tan incierto como desconocido. El cambio no fue drástico al principio por lo que me tarde en notarlo, poco a poco fui saliendo de la ciudad, los edificios y calles dieron lugar al bosque con sus grandes árboles e infinidad de animales, camine tanto por el que pensé si aún en un sueño podría perderme, pero no fue lo que paso, llegue a un área con personas viviendo en tiendas viejas y desgastadas, la luz se separó en tres caminos diferentes, todos ellos me llevaron a un punto dentro del asentamiento donde por fin terminaron, por extraño que parezca el llegar al destino no me hiso sentir más tranquilo, justo en el borde una gran esfera de luz blanca y cálida se movía de un lado a otro en un pequeño claro, el segundo camino me llevo a una de las tiendas que podría ser una especie de comedor, lleno de mesas, cillas y varias cosas por el estilo, esta vez la esfera brillante estaba frente a la cocina inclinada sobre unas ollas al fuego, el tercer camino termino en una especie de sala de reuniones, con la esfera de luz frente a una gran mesa cubierta de papeles y otras cosas… pero la caminata estaba lejos de terminar, salí del asentamiento para adentrarme aún más en el bosque hasta llegar a lo más profundo y alejado, no había visto ningún animal lo que me daba un mal presentimiento, una vieja cabaña me esperaba al terminar este con una esfera de luz, aunque igual de blanca o cálida que las demás se veía cansada, desgastada. Un nuevo haz me guía aún más allá, el lugar era tenebroso, con árboles que hacía mucho estaban secos o podridos, lo único que quedaba de los animales aquí eran sus huesos, la tierra de un color ennegrecido y enfermizo. El camino me llevo a un área muy pequeña que pese a toda la muerte que lo rodeaba se mantenía verde, en un extremo justo al borde una gran mancha negra rodeada por la misma esfera de luz que había visto antes, está en particular además me provocó tristeza junto a un gran deseo de brindarle consuelo. Tres nuevos caminos se abrieron paso, uno me llevo a la Montaña Helada, un lugar hermoso, pude ver la nieve por primera vez, la esfera estaba de pie en medio de la nada, parecía como si estuviera esperando algo, pero cuando nada paso seguí uno de los caminos, este término en otra ciudad, una derruida y llena de suciedad, el suelo estaba cubierto de tantas cosas que me resultaba difícil verlo, un edificio pintado de colores llamativos estaba al final de este, pude escuchar algo de música lo que me resulto extraño ya que hasta ese momento todo había estado en silencio, la esfera de luz estaba sobre un escenario excesivamente decorado, moviéndose de un lado a otro mientras se retuerce casi como si bailara, en ese momento desee con todas mis fuerzas ser capaz de llevarme a casa aquella luz. El ultimo camino me llevo de regreso al palacio, a una parte que no había visto antes, las casas eras todas de iguales tonos grises envejecidos, se veía aburrido y olvidado, el camino termino en la biblioteca con una esfera de luz aunque brillante y cálida como las demás mucho más pequeña, me provoco ternura por alguna razón. Cuando finalmente conseguí llegar a ver la última acababa de cumplir mis quise inviernos, mi padre el Rey decidió que era hora de conocer a los demás gobernantes, algo que yo no estaba ansioso por hacer, lo único de esa reunión que me hacía ilusión, era la posibilidad de volver a escuchar a Lys tocar su violín. Ese día mi adorado capi y yo terminamos el entrenamiento pronto, también estaría durante las presentaciones, era el gran capitán de la guardia real después de todo. Tras un baño, en mi habitación me esperaba un traje muy extraño de colores brillantes, no tenía idea de cómo ponerme aquella cosa y la mirada de la cierva que esperaba no ayudaba con mis nervios, por fin le pedí que fuera por el capitán Ceylán, cuando este entro en la habitación su rostro tomo ese color rojo que tan bien le quedaba, yo sonreí sabiendo que esto pasaría al verme sentado en el borde de la cama cubierto solo con una de las mantas.

_Necesito tu ayuda capi. –Informo-

_ ¿Con que? Ni si quiera estas vestido aun. –Aclara lo obvio-

_Con eso necesito que me ayudes, no sé cómo ponerme esa cosa –señalo la ropa junto a mí-

_Podrías habérselo pedido a la mujer, para eso estaba aquí. –Habla con nerviosismo-

_Por ningún motivo dejaría que una mujer me toque, sería solo raro. –Me estremezco visiblemente-

Por un momento creí que no lo haría, tal vez lo estaba presionando demasiado, pero se acercó a la ropa y con mucha paciencia me mostro como debía vestirla, no me ayudo a ponérmela, solo me explico cómo debía hacerlo y se marchó, por primera vez sentí que lo había molestado. Estando listo, la sierva que esperaba fuera de la habitación tranquilamente, me guio a un salón de aspecto formal donde varias personas esperaban, mi padre y Ceylán entre ellos, estaba muy nervioso por esto, el capi y yo habíamos hablado, entendía que debía permanecer lo más tranquilo posible y no hablar, Ilae no hablaba, respire profundo para controlar mi efusividad como el solía decirme, hice una reverencia.



Jesse

#6603 en Fantasía
#2828 en Personajes sobrenaturales
#8651 en Otros
#1290 en Aventura

En el texto hay: hxh haren

Editado: 10.04.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar