Alpha Ashton ©

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Capítulo 1

—Despierta — a mis oídos llega el molesto susurro agudo de élla —¡Con un carajo! Mérida despierta. 

De un salto me levanto de la cama por el grito de Shara, pero él sueño y la pereza son más fuertes en éste momento qué sólo le doy una mirada al rostro de mi pelirroja amiga y me dejo caer nuevamente a la cama; cómo era de esperarse escucho sus dedos tronar. Y cómo un flashback viene a mí mente lo qué eso significa. 

—Espera Shara ya me levan... — no puedo seguir articulando palabras algúna por las cosquillas qué me hace Shara, ella también ríe cómo efecto a mis carcajadas. Pero al fin, deja de hacerlo para luego dejarse caer junto a mi — Er-eres cruel.

—No me culpes — dice mientras se levanta para arreglar un poco su cabello —Vámos levántate, tenemos qué hablar.

Asiento en su dirección aún dando bocanadas al respirar por la boca para recuperar el aliento; cuándo la pelirroja sale de la habitación es entonces qué me levanto para así iniciar a desvestirme al hacerlo busco también la toalla qué usaré. A paso lento me dirijo al cuarto de baño pero me detengo para tomar la foto de mi hermano qué se encuentra en una medita junto a la puerta de color blanco del baño, al tenerla en mis manos y mirar en cómo estaba sonriendo en aquella ocasión me vienen recuerdos de todo lo qué pasamos hasta aquella noche.

Sin más me adentro al cuarto de baño al hacerlo un escalofrío recorre mi cuerpo por la diferencia de temperatura, unos segundos más y la lluvia artificial relaja mis músculos a la vez qué el shampoo hace su trabajo de limpieza —Alex — repentinamente me viene nuevamente el recuerdo de mi hermano. Ya han pasado cuatro años desde aquella noche, cuatro años desde la última vez que ví a mí hermano Alex, cuatro años desde que supe la verdad de mi familia.

Un “Bestiario”, éso fue lo primero qué encontré en la maleta de Alex , un un libro viejo de tapa negra y en ella un escrito completo de animales y bestias qué sólo existen en leyendas o éso pensaba. Núnca pensé qué un mundo lleno de criaturas qué sólo debiesen de existir en los libros sean reales, y lo más impresionante o sorprendente de ésto es qué mí familia estuvo inmersa en éste mundo de hadas, demonios, vampiros, y hombres lobo; —Ésto es una locura — pienso al cerrar la llave. 

Salgo del cuarto de baño para secarme y comenzar a vestirme,  ya lista salgo de la habitación dirigirme a la cocina, a unos cuántos pasos percibo el delicioso aroma acidulce del café qué prepara Shara; doy unos pasos más para adentrarme en la cocina en dónde la puedo ver bailar meneando las caderas —Está loca — pienso, y no soy cruel pués la pelirroja está bailando sin música alguna. Shara es la chica con la que me contacte luego de haber revisado el bestiario y encontrar su número seguido de “sí no vuelvo, ella te ayudará”, cuándo llamé a Shara no hizo preguntas; sólo me dijo — Ésto Alex y yo lo preveíamos, ahora vivirás conmigo.

Shara me acogió en su apartamento sin duda alguna, sin hacer preguntas, sólo me mostró dónde sería mí cuarto y del cuál no salí por los siguientes tres días llorando por Alex. Al parecer me he quedado sumida en mis recuerdos ya qué en el primer movimiento qué hago causo qué una silla rechine contra el piso haciendo a Shara pegar un pequeño salto del susto. —Por dios, Mérida — río por cómo se toma del pechopecho dramáticamente.

—Pero qué clase de loba eres Shara — si, la pelirroja frente a mi es un sobrenatural, más específicamente de los hombres lobo.

—Si , he perdido práctica — acepta Shara para luego darse media vuelta para tomar una taza de la estantería frente a ella —No me he transformado desde qué Alex me encontró y ayudó en México. Y éso ya ocho años.

Fué Shara qué me contó una parte de lo qué hacía mi hermano durante aquéllos días en los qué no llegaba  a casa; en dónde él ayudaba a muchos qué eran perseguidos para matarlos y fué en una de ésas noches en las qué conoció a Shara y la cuál aceptó su ayuda. —¿Hey Mérida, me escuchas? — la voz de la pelirroja me saca de mis pensamientos —Toma, está delicioso y se qué te gustará porqué yo lo hice. 

—Ahora dime , de qué querías hablar — mascullo para en seguida llevar la taza a mis labios y tomar así un poco del caliente contenido y por dios, “está bueno” pienso.

—Tenemos un gran problema Mérida — su seriedad al decirlo me sorprende ya qué me indica qué no sera una de sus bromas, espero —No echarán del apartamento.



J. A. Clever

Editado: 09.05.2018

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