Alpha Ashton ©

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Capítulo 5

Derek

Saco de mi bolsillo izquierdo el papel de qué me dió mi hermano Luke con la dirección de Alpha Ashton, al ver esa dirección pienso en lo qué dijo Luke —Él se auto-desterró hace seís años y quizás ya no viva en ése pueblo, pero ve debemos encontrarlo — sus palabras hacen eco en mi cabeza. 

Pensando en la poca posibilidad en la poder encontrarlo comienzo a ver en la pantalla de la bomba cuánto hace falta para dejar de hecharle combustible a mi auto, cuándo el aparato hace un pitido es qué quito la pistola del orificio del auto para dejarlo en su lugar —Debo apresurarme — me aliento.

​​Sín más rodeo el mi preciado Camaro negro para luego adentrarme , pero antes de ello siento cómo los pelillos de mi nuca y brazos se erizan,  mi lobo ruge en mi pecho en advertencia.

—Carajo,  ésos malnacidos son rápidos — mascullo .

Apresurado me adentro en el vehículo acomodandome en el para luego encenderlo y escuchar así su potente rugir del motor ; pongo primera y así arranco.

Debo encontrar al Alpha.

(...)

Mérida 

Hoy es oficialmente mi primer día de trabajo y cómo era de esperarse no he dormido prácticamente nada, quizás una hora,  por estar pensando en lo qué la señora Míriam me pedirá o sí Sky siga del mismo humor conmigo al igual qué lo hizo el día de ayer,  y claro también he pensado en la posibilidad de encontrarme con el padre de Skylar. 

De lo qué si estoy segura es qué hoy llevaré a Sky a la escuela y por ello también la razón por la cuál no dormí nada y por la cuál ya me encuentro despojandome de mis ropas tres horas antes de la hora acordada con la señora Michi. Mientras me desnudo y tomo la toalla para enrollarla alrededor de mi cuerpo, recuerdo qué estoy agradecida con la señora Míriam por dejarme usar mi propia ropa y no un uniforme de servicio cómo el qué llevaba en día en que encontré a Sky en el parque.  

Son alrededor de quince minutos los qué tardo en salir de la ducha a la habitación y así secar mi cuerpo desnudo; comienzo a vestirme con lo habitual unos jeans azules, una blusa de las que me recomienda Shara color blanca y los tenis; y lo qué respecta al rostro un poco de maquillaje para no verme tan pálida, claro cómo olvidar los tenis blancos y el cabello suelto pero qué pienso luego hacerme una cola alta. 

Al estar preparada me dirijo a la puerta para salir pero un recuerdo qué viene a mi cabeza me tiene —El perfume — susurro. Regreso a mi mesita de noche dónde dejé aquél perfume qué la señora Míriam me pidió utilizar ; al tener en pequeño frasco en mis manos no tardo en rociar un poco en mi cuello y pecho, luego aspiro ondo por la nariz para percibir el aroma pero...  —Pero qué...— abro los ojos que no sabía qué había cerrado por —Ésto no tiene olor — hablo un poco fuerte.

No pierdo más tiempo y salgo de la habitación a toda prisa pasando por la de Shara dónde abro la puerta para decirle qué ya me iré y qué se levante ; frunzo él ceño al ver qué la cama está vacía pero no le doy mucha importancia puesto qué debe estar en el baño. Al llegar a la pequeña sala de estar para tomar mi cartera me llevo una gran sorpresa .

—¿Pero qué... — no puedo evitar qué las dos palabras salgan de mis labios lo que causa qué Shara termine el salvaje beso qué compartía con su alma gemela , Blake por por su parte baja su mirada a su regazo apenado cuándo Shara baja de él. 

—¿No deberían esperar a qué me vaya para intercambiar saliva? — les hablo mientras doy una mirada al reloj de pared —Bién me voy. 

Tanto Shara cómo Blake me desean suerte lo cuál agradezco; al estar fuera escucho cómo mi pelirroja amiga explota en risa y luego escucho la risa de Blake quien parece estar apenado todavía.  Y así,  me encamino a la mansión Romanoff , a paso lento paso por las calles las cuáles de la ciudad apreciando lo calmadas y sin mucha gente en ellas , poco a poco las luminarias se apagan con cada rayo de sol qué aparece en el horizonte haciéndome parar para sentir lo tibio de ésos primeros rayos. 

Ésto me hace recordar cuándo estába en el instituto , siempre el día antes del primer día de clases dejaba la ropa qué usaría lista , en la noche no podía dormir pensado sí algunos amigos del año anterior estarían en mi salón y cuándo lograba dormir me despertaba aún temprano con ansías qué luego se convertían en nervios. —Creó qué ésos hábitos no cambian — me digo a mi misma.  Pués me pasa también ahora con los primeros día de trabajo qué he tenido.



J. A. Clever

Editado: 09.05.2018

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