Alpha Ashton ©

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Capítulo 6

Ashton 

Celos y golpes

Él jóven humano espera a qué saque mi billetera y de él mi tarjeta mastercard, la cuál le paso para qué se pague el costo correspondiente al combustible, mientras le veo pasar la tarjeta saco también de mi billetera un billete de cinco dólares para dárselos de propina,  el humano me entrega mi tarjeta y yo de doy la propina. Le escucho agradecer mientras me doy medía vuelta para adentrarme en el Camaro y así sin esperar más arranco rumbo a ése lugar.

Hoy se cumplen cinco días desde qué Mérida trabaja para mi de niñera al cuido de Sky, lo cuál me alegra dde sobremanera porqué Sky se ha encariñado mucho de Mérida rápidamente. En éstos días su trabajo ha consistido de lo mismo ir a dejar a Sky al colegio, le ayuda en sus tareas,  salen al parque dónde Antonella y mi pequeña solían jugar, en fín todo ha ido de maravilla con Skylar quién se muestra más animada y alegre lo cuál éso también me hace sentir lo mismo.

Pero aúnque Sky éste de ése gran ánimo y Míriam haya encontrado una ayudante en la cocina no deja qué para mi haya algo malo, sí malo,  la verdad ha sido un martirio sentir él aroma de Mérida ahora en cada rincón de la casa, volviéndome inestable por queres acorralarla contra la pared y reclamarla cómo mía,  explicarle lo qué significa ser mi alma gemela y qué estoy muriendo por ella. He estado tan inestable qué el día miércoles sin querer  nos encontramos en uno de los pasillos chocando hombro con hombro, me fue fatal,  su aroma enloqueció a Irwin y a mi. 

Disculpe señor Romanoff — sus palabras y su melodiosa voz aún ronda en mi cabeza, ése día fué bastante difícil mantener a raya a mi parte animal. 

Giro a la derecha y a lo lejos veo las luces incandescentes del lugar,  sólo me toma acercarme más para escuchar la estridente música qué sale del antro o disco, o cómo sea qué le llamen. Antes de aparcarme recuerdo lo qué he venido a hacer, vigilar a Mérida y a Louis.

No se cómo logró qué Mérida aceptará venir a está fiesta cuándo él ya sabe quién es Mérida para mí y lo importante qué es. Apreto el volante recordando lo sucedido de ése día, cuándo el dijo qué tendría una cita con Mérida Irwin tomó el control y lo estampo contra la pared tomándolo del  cuello . El ni siquiera se enojó, sólo abrió los ojos impresionados al decir —Tú olor Ashton, Irwin ha vuelto cierto — sus palabras me hicieron dejarlo libre para luego hablar de lo qué me sucedió el día qué llego Mérida a casa.

Otro susto qué me llevé fué qué Sky descubrió qué Irwin ha regresado pues no lo anticipe pués al ser mi hija tiene una conexión mucho más fuerte conmigo qué los de la manada;  desde ésos eventos me he visto obligado a crear muros mentales para mantener bloqueado a Irwin. 

Gracias a Dios Sky no pregunto que hizo a Irwin regresar. 

*—¿Me podrías decir porqué vamos allugar qué sea qué vallamos? — la inesperada voz de Irwin hace qué de un respingo en el asientos, al parecer me he descuidado y baje los muros mentales. 

Al fín me aparco.

—Estamos en una misión —respondo —Mantendré vigilada a Mérida hasta qué encuentre la manera de decirle qué es mi alma gemela, sólo mía. 

*—Sí le dices lo último saldrá corriendo — el tono burlón de Irwin aparece —Recuerda qué no eres muy bueno al hablar con las chicas las primeras veces, ¿recuerdas lo qué pasó con Antonella?. 

Flashback 

—¿Irás de una puta vez Ashton? — fulmino con la mirada a Daniel. 

—¿Qué no vez qué está ocupada? — le refuto pero se qué éso no me detiene pero los nervios qué me carcomen e Irwin qué no deja de joderme, me pone inseguro — Además no quiero asustarla, y también la verdad no se qué decirle. 

Nuevamente me le quedo mirando desde la lejanía por encima del hombro de Daniel , su cabello castaño claro casi rubio bajo el sol, sus labios, esa manía qué tiene de morderse los labioscuándo está nerviosa o no sabe qué más decir,  ella suele ser muy sociable por lo qué le sonríe a todos y éso me enoja pués sus sonrisas y risas sólo las debería de ver yo y también yo quién las cause. —Vé Ashton,  porqué sino lo haces tú, lo haré yo.



J. A. Clever

Editado: 09.05.2018

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