Alpha Ashton ©

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Capitulo 10

Abro un ojo para luego volverlo a cerrar,  un condenado rayo de sol golpea directamente en mí rostro, suspiro profundamente para luego abrir de una vez mis ojos, al hacerlo mis sentidos captan dos presencias y lo recuerdo todo son los aromas mezclados qué huelo,  intento moverme pero no puedo,  un brazo me rodea por los hombros así qué suavemente levanto el brazo qué identifico como el de Mérida,  me levanto sentandome en la cama para luego refregarme los párpados con mis puños.

Suelto un sonoro bostezo al abrir los ojos — ¡Ohh!  — me tapó rápidamente la boca por la impresión,  la mezcla no sólo es mí aroma con el de Mérida,  sino también por la peculiar mezcla del aroma de Mérida y papá. Me levanto lentamente para admirar cómo papá rodea la cintura de Mérida.

Mi corazón se acelera,  enarco mí ceja,  nunca había visto a papá dormir abrazado a alguién qué no haya sido mama.  * — Sé ven bién,  creés qué Mérida acepté a papá — la voz de Luna mí loba, con la cuál pocas veces logro entablar una conexión con ella al fín me habla ,  la primera vez fué el día qué mamá murió.

— Están destinados...

Me acerco a papá de lado de la cama,  le doy un beso en la frente,  salgo de la habitación porqué mí estómago ruge en exigencia de alimentos,  al salir apresuro mí paso para llegar al primer piso e ir a la cocina. En el transcurso me encuentro con amigos tanto míos como de papá,  van de salida al parecer de caza,  antes de irse me dan una reverencia al saber qué en un tiempo yo seré la lider de está manada,  Colmillo Rojo.

— Skylar — doy medía vuelta para encontrarme a Joshua — La lobita Alfa a regresado.

— Hola Joshua — sonrío al verlo, me acerco para abrazarlo,  llevo mi nariz a su cuello,  su aroma es exquisito,  creó qué es porqué es un Omega.

— ¡Hey! — doy un respingo al escucharlo casí gritar — Vamos a cazar,  cómo cuándo salíamos a cazar luciérnagas,  pero está vez serán conejos,  qué dices.

(...)

Ashton

— ¡Ahhh! — un grito qué puedo identificar cómo de Mérida, me hace intentar levantarme fallando en el intento,  me enredo los pies con las mantas,  haciéndome caer de la cama.

— ¿Qué pasó?, ¿Encontraron los cazadores?, ¿Dónde está Sky?  — pregunto aún en él proceso de levantarme,  al hacerlo la mirada de Mérida muestra sorpresa,  quizás asombro. Frunzo el ceño extrañado,  el ambiente no huele a miedo,  huele a... Vergüenza

Hola Mérida — le saludo sonriendo .

— ¿Señor Romanoff?,  ¿Qué hacía? — ladeo la cabeza soltando un “mmm”, al no entender de qué habla.

— Preguntas del porqué dormía abrazado a tí — ella asiente lentamente — E-eres mí mate Mérida,  mí lugar es contigo.

A mí oído llega el repentino acelerar del ritmo cardíaco de la pelinegra frente a mí,  me maldigo por soltarle ésa notícia de ésa manera,  bueno al menos no fué cómo con Antonella,  pero qué es un recuerdo único y especial. 

— Yo-yo no sé — mí corazón se estruja al verla alejarse de mí mientras niega con la cabeza,  Irwin chilla por el rechazo — Ésto es...

Un potente pulso golpea mí pecho tambaleándome,  llevo mí mano a mí pecho,  un gemido lastimero me hace levantar la vista,  me sorprendo al ver cómo ella tiene su mano derecha en su pecho — Éso quiere decir — pienso.

— Mérida — la llamo,  tengo una idea para explicarle mejor — Sé qué es algo extraño para tí,  pero es cierto,  eres mí mate,  eres mí... ancla.

— Éso no es posible — nuevamente siento mí pecho destrozarse por sus palabras — Usted ya tenía mate,  por lo qué sé,  sólo se tiene un mate en la vida.

Mé concentro en su mirada la cuál es de confusión,  con cuidado me acerco y sín esperarselo le tomo de su mano — És cierto,  pero la Diosa Luna me ha dado otra oportunidad,  ¿sientes éso? — le pregunto mientras lleva llevo su mano a mí pecho para qué  escuche qué lo inusual qué es mí corazón al estar cerca.



J. A. Clever

Editado: 09.05.2018

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