Alpha Ashton ©

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Capítulo 14

— Por favor dense prisa —  alento a David, Vanessa  y Ashley de; les insto para que caminen más rápido, falta poco para llegar al pequeño poblado y manada de Ashton.

Volteo a verlos de reojo,  ése trío es sinónimo de locuras,  pero son fuertes,  fieles y buenos en batalla,  lo malo es que no tienen experiencia,  solo tienen ese poder oculto qué les dió el Arcángel Miguel,  es lo que los une y los hace más poderosos de lo qué creen,  sí están juntos.

— ¿Porqué teníamos qué venir a pié y por el bosque, Alex? — la voz de Ashley es la qué se escucha trás de mí, cansada y molesta, es la menor — Sí sabes qué existen los vehículos, cierto.

—  Primero al parecer alguién no recuerda quièn se acabó mí dinero en golosinas — fue Ashley quién gastó todo — Y además porqué deben de ejercitarse más, sí Ashton y el Latinoamérico no hubiesen estado cansados, fácilmente los hubiesen matado.

El silencio reina mientras seguimos nuestro camino,  ya falta poco,  al pasar por un claro puedo ver qué la Luna está noche está hermosa,  cómo la primera vez qué la ví a Amy,  recuerdo qué perseguimos a un grupo de lobos de una manada con la frontera con México,  al alcanzarlos mis dos compañeros maratón a los qué estaban con ella,  pero yo al tenerla en frente listo con una espada bañada en cenizas de muérdago y impregnada a la vez del hongo del centeno,  algo me detuvo.

Quizás fué su rosto,  quizás el miedo que me mostró,  pero no era éso,  era la aceptación de morir,  Amy aceptaba la muerte sí yo,  sólo yo la asesinaba,  lo comprendí yo era y soy su mate.  Ustedes serían capaces de matar a quién es la persona con la qué estás destinado a amar para siempre,  yo no. A cómo pude me la llevé a escondidas hasta un hotel,  curé sus heridas y la cuidé toda ésa noche.

— ¿Porqué no me mataste? Eres un cazador, sí se dan cuenta qué me ayudaste te matarán — preguntó después de dos horas,  sonreí por qué hasta se preocupaba por mí.

— Descubramoslo juntos,  te parece.

Carla,  ése es el nombre de la loba de mí Amy,  fué ella la qué me impidió matar a Amy,  y la qué me ayudó acercarme cada vez más a la hermosa castaña qué casí mató y resultó qué yo soy su mate, creó qué nunca pensó qué un humano qué se dedica a matar a su espécie resultará ser su mate.

Todo estuvo bién está ése día,  sé dieron cuenta,  tuve qué dejar a mí hermana pero núnca me olvidé de ella y mucho menos estuve lejos,  pués desde la sombras la protegía,  espero me perdone,  es todo lo qué me queda de papá y mamá.

— Vámos chicos muevan esos pies...

Un explosión nos hace detenernos,  David se acerca protectoramente a las chicas a la vez qué saca sus dagas,  les doy una mirada preocupada,  sí la Nigromante está atacando los chicos no podrán contra ella.

— No se alejen mucho de mí,  yo los protegeré — otra explosión pero más guste junto a una gran llamarada de fuego ilimumina el bosque,  sin perde el tiempo salgo corriendo ésa dirección con él único pensamiento de proteger a los chicos y a mí hermana.

Salto por los troncos que se encuentran en él suelo,  saco mis pistolas de cada lado de mis pantalanes,  un extraño palpitar junto a un miedo extraño me embarga de repente.  Al final veo parte de las casas y la mansión Romanoff, abro los ojos desmesuradamente,  el fuego consume todo,  hay muchos cuepos por todos lados.

No...  — susurro,  una mujer de aspecto grotesco atraviesa el cuerpo de mi hermana con una espada,  mí corazón se estruja mientras veo cómo Ashton de un golpe lanza a la nigromante,  para luego abrazar el cuerpo de mí hermana junto con el de su hija.

— Alex,  Alex — la voz de Vanessa la escucho cómo si estuviese lejos, siento cómo me toman del rostro,  una Vanessa preocupada me habla pero no la escucho,  sólo el nombre de mi hermanita ronda por mí cabeza,  a la vez que imágenes de una pequeña de ojos azules sonriente y con el rostro de Nutella juega en la sala me sumerge en los recuerdos.

Frunzo el ceño al ver a Vanessa levantar su mano para darme una fuerte,  muy fuerte bofetada — La bruja está allá — sólo con verla atraer a ella a su Nigromante el odió y el reconcor me abarca,  apretó las manos en puños para levantarme y correr hacia ella,  pero en el último momento cómo si se trátase de una ilusión desaparece. Doy medía vuelta en dirección a Ashton.

Hermanita perdóname,  Me-Mérida.



J. A. Clever

Editado: 09.05.2018

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