Alpha Ashton ©

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Capítulo 16

Pierdo el control de mis piernas, han visto cómo la gelatina tiembla sin parar por el más mínimo movimiento. Pues mí situación es casí, casí idéntica. Nuestros azules se encuentran, mí vista se torna borrosa al mirar a mí hermano, Alex, — Qué qué estoy loca — digo para mis adentros, pues creó qué lo qué tengo frente a mí es una ilusión elaborada por mí inestable cabeza.

—  Mérida —  me acerco lentamente a él frunciendo el ceño.

Le veo inquisitivamente de arriba a bajo, sí debe ser mí imaginación. Volteo a mí derecha observando cómo Ashton sale de la cocina dejándome sola con mi ilusión, — Mérida, soy yo Alex, tu hermano.

Abro los ojos desmesuradamente, al escuchar con más claridad su voz me doy cuenta que es su voz sólo qué un poco más ronca, me acerco un poco más hasta qué a mis fosas nasales llega el aroma del hombre frente a mí, trayendome recuerdos de Alex protegiendo, diciéndome qué me esconda. Abro los ojos para verlo directamente, levanto mí brazo derecho abriendo la palma de mí mano, el sonríe amablemente esperando mi toque, y en ése momento lo abofeteo.

—  ¡Ahh! mí manita —  chillo de dolor al sentir como me palpita de lo caliente qué está.

—  Yo esperaba un abrazo, no una bofechada niña chillona
—  al escuchar lo último me doy media vuelta para mirarle sorprendida, és él.

— És-Estás vivo — salto a sus brazos los cuáles me reciben apretandome fuertemente a él.

— Mérida discúlpame  — su voz qué quebranta lo qué me hace sentir un nudo en la garganta —  Te-Te lo contaré todo, espero qué me escuches y me entiendas.

Mé separo de el asintiendo — Claro qué té escucharé, nesecito saber porqué me dejaste —  le golpeó el hombro fuertemente —  Pensé qué no los lobos te habían matado, ¡por dios, ni siquiera sabía sí lo estábas o no! —  termino sintiendo mis mejillas húmedas por las lágrimas qué ni siquiera sabía qué derramaba.

Siento cómo Alex, mí hermano mayor, me toma del mentón subiendo cómo sube mí cabeza hasta qué muestras miradas se conectan —  Mérida — me llama —  Nuestra familia no es lo qué creés.

— A qué te refieres — pregunto extrañada — Tú al igual qué yo, venimos de un linaje de Cazadores Oscuros — frunzo el ceño.

—  ¿Cómo los chicos qué me sanaron las heridas o cómo los qué nos rodearon en el edifício? —  pregunto con intriga.

Alex me toma de mis manos —  En nuestras venas Mérida, corre la sangre de Cazadores Oscuros, matamos a vampiros, demonios, brujas y... hombres lobo, no porqué sea necesario, sino por poder, dinero y porqué con sus huesos creamos más armas.

Doy un paso hacía atrás, mis manos tiemblan al pensar en ello, — Dijo hombres lobo — pienso, niego efusivamente, yo nunca sería capaz de matar a Shara, o Blake, Lou y Harry, mucho menos a...

—  Ashton y Sky — susurro.

— Cálmate Mérida, yo no soy uno de ellos no mataré a tus amigos y mucho menos a tu pareja y a tú hija, es más mí esposa es una mujer lobo — subo la mirada, encontrando una sonrisa auténtica y la vez nostálgica, quizá recordando.

— ¿Té casastes?.

—  Sí, sé llama Amy, y fué para protegerla a ella y a tí, qué tuve qué irme — su rostro cambia a tristeza — Pero ahora sabrás todo lo qué quieras.

Asiento lentamente mientras mí hermano me guía hasta sentarmos — Bién, quiero saber qué paso ésa noche.

(...)

Ashton

* — Así qué toda una familia de cazadores —  la voz impresionada de Irwin no es más qué mis ojos abiertos cómo platos.

Y no, no soy un metiche.

Pero no es qué estén hablando muy bajo qué digamos, además no tengo la culpa qué mis desarrollos oídos, se dirijan específicamente a la cocina. Así creó qué tampoco ayuda qué esté a menos de díez metros de hermanos Parks.

Escucho atento a lo qué dice Álex, cómo el escondió a Mérida de ése mundo de los cazadores desde pequeña, pero qué el siempre le enseñó cómo defenderse. Me sorprendo al escuchar qué Álex siempre escondió el paradero de Mérida, pués los más viejos de los Cazadores la querían reclutar para matar lobos.

Pasan unos diez minutos en dónde Álex le explica todo, cómo conoció a Shara, y luego cómo encontró a su mate, Amy, la cuál está viviendo en la única manada de México por ahora qué el está acá.

—  Al irme con Amy, así alejé a los cazadores de tí Mérida — el corazón de mí mate late rápidamente mientras escucha atentamente — Al perderme él rastro en San José, Costa Rica, volvieron acá para buscarte. Por éso volví hermanita, por tí para qué vengaz conmigo.



J. A. Clever

Editado: 09.05.2018

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