Alpha Ashton ©

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Capítulo 24 (Kyle)

Él cosquilleo en mi brazo izquierdo es tan molesto qué me obligo a abrir los ojos e intentar moverlo para así desaparecer en endormesimiento de mí brazo pero no puedo,  observo mejor y no me sorprende encontrarme con mí amada esposa Elizabeth recostando su cabeza en mí.

Suelto un suspiro,  * — Creó qué hemos preocupado mucho a Elizabeth — la voz cansada de mí lobo se escuchá luego de dos días sin poder hacer conexión con él — Creó qué Lía está enojada.

Volteo a ver el hermoso rostro de Elizabeth para así hipnotizado por su belleza llevar mis manos por su rosto y cabello con mí brazo libre.  — No me arrepiento de ayudar a Mérida — me recuerdo. Y es la verdad,  al ver a Mérida me hizo recordar qué hace ya muchos años yo también era humano,  decidí darle la lágrima de la Diosa Luna porqué para mí todos deben tener la oportunidad de vivir y aún más sí a estás alturas no hayan sido amados y amar a su mate cómo es el caso de Ashton y Mérida.

Intento moverme un poco mí brazo pero lo único qué hago es hacerme sentir un profundo dolor en mí costado izquierdo,  un gemido lastimero sale de mis labios. — Hay otra piedra — susurro,  no me siento tan preocupado porque todos mis amigos están en busca de la otra mitad del Corazón de la Luna,  en ésa mitad también sé encuentra otra de las lágrimas de la Diosa Luna,  tomándola el veneno qué circula en mí cuerpo desaparecerá y volveré a reinar normalmente a los lobos del mundo nuevamente con mí amada Elizabeth.

Poco a poco percibo con mí desarrollada audición cómo él ritmo cardíaco de Elí va en aumento,  nuevamente otro suspiro sale de mis labios pero está vez de preocupación y culpa,  desde qué sabemos de mí estado de salud Elí ha comenzado a tener pesadillas en las qué muero dejándola sufriendo con nuestros trillizos y a mi pequeño Hunter.

Siento un nudo en la garganta al verla y escucharla sollozar por la misma pesadilla qué tiene muchas noches,  llevo mis dedos a limpiar las lágrimas qué comienzan a bajar en sus mejillas aun estando ella dormida.

— Elí,  Elizabeth — la llamo para qué despierte y me vea estando junto a ella a salvo y sano,  bueno más o menos — Amor despierta.

La muevo un poco para así despertarla pero un fugaz recuerdo me llega a la cabeza,  de hace unos años dónde la desperté y Lía pensó que era un malhechor qué atacaría a Elí y ella tomó el control para golpear al hombre y morderme.

Sí morderme.... una nalga.

Lía está loca,  siempre quiere tomar el control para literalmente casí, casi violarme y morderme.

Sólo recordar lo doloroso qué fue aquella mordidas,  lentamente acerco mí rostro para asi besar sus cálidos y apetecible labios en un beso en dónde al inicio no e responde pero luego lo hace,  el beso se vuelve más intenso al momento en qué su lengua inicia una batalla con la mía,  ella rodea mí torso apretandome mas a su cuerpo el cuál me pertenece,  pero me aparto rápidamente de su agarre — Tú-tu agarré — le anuncio qué estába apretandome un poco fuerte.

— Lo siento — corto su palabras con un toque de labios — ¿Cómo té sientes?

— Un poco adolorido y candado, utilicé más energía de lo pensado para tenerla con vida a Mérida — le respondo.

— Me asustaste Kyle — sus ojos brillas por lágrimas qué se avecinan en sus hermosos ojos — Pensé qué ye había perdido.

— Éso nunca pasará y lo sabés Elí,  te lo prometí a tí y a los chicos.

Ella afianza más sus brazos alrededor de mí,  lo hago lo mísmo para así intentar dormir.

(...)

Me sostengo por el barandal para no caerme,  sé qué Elí y Aska me dijeron qué les avisará sí quería algo pero aún no estoy tan mal para no ir  por un vaso con leche.  La oscuridad de la noche no me deja ver bién dónde termina un escalón y donde comienza otro por lo qué me esfuerzo por cambiar mis ojos,  lo hago así puedo ver mejor,  a paso lento y cuidadoso llego a la primera planta,  busco la cocina sintiendo una gran satisfacción de qué aún puedo buscar leche por mí mísmo. 

Abro la puerta de la cocina llevándome una inesperada sorpresa — Hey Kyle,  pero qué haces levantado a estás horas,  y Elí dónde está,  ¿ella sabe qué saliste de la habitación? —  Ashton con preocupación se acerca hasta mí ayudándome a sentarme frente a la mesada — ¿Cómo te sientes?.

— Un poco mejor — digo dándole un seña con mí mano para qué se siente frente a mi — ¿Cómo está Mérida?.

— Bién, grácias por ayudarla éso és...  no sé cómo agradecerte — una sonrisa se se asoma en su  rostro — Gracias.



J. A. Clever

Editado: 09.05.2018

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