Alpha Ashton ©

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Capítulo 2 (T—II)

— Éste es él momento — susurro.

Lentamente e intentando no hacer ruído alguno, bajo mis brazos en las cuáles sostengo el cuerpo de mí pequeño Asher, me detengo al ver y sentir moverse en mis brazos, pero suelto un suspiro cuándo su respiración se vuelve lenta.

Así con mucho cuidado le dejo en la cuna, cubro su cuerpo con la mantita qué tanto le gusta, quizás porque está impregnada con el aroma de Mérida y él mío. Contemplo a mí cachorro, al verlo dormir me viene el recuerdo del día en qué Mérida me dijo qué estába embarazada, ése fué un gran día, desde ése tal y cómo lo hice con Sky, le hablé posicionando mí cabeza en el abdomen de Mérida para qué él pueda escucharme, y así lo hice todos los días hasta el momento del parto.

Para mí él embarazo de mí amada esposa, debo decir qué hubieron días malos y buenos, buenos porque sabía qué mí Mérida llevaba consigo a nuestro hijo, bueno porqué nos unió cómo pareja y cómo família, ya qué Sky estába igual o más qué yo de emocionada por su hermanito. Y malos o mejor dicho malos no, fueron un poco difíciles cómo las veces en qué yo no sabía qué hacer por sus cambios de humor, había momentos en dónde me quería a su lado, abrazándola y acurrucarla en mis brazos y en otros parecía qué me odiaba.

Sonrió al recordar esos momentos, pero de algo estoy seguro — No cambiaría ni un sólo momento con ella —  pienso, ahora qué lo pienso a la vez qué veo el pecho de Asher subir y bajar. Algunos sucesos fueron muy graciosos, tal y cómo fueron antojos, su apetito aumento considerablemente al punto de hacerme ir en auto al supermercado de la otra ciudad por alguno de ésos antojos de ella.

Y claro, cómo olvidar las veces qué me preguntaba sí yo la miraba gorda. Un recuerdo en especial me viene a la cabeza.

Flashback

Frente a mí una imágen graciosa y a la vez hermosa, mí Mérida con seis meses de embarazada arrasando con la comida. La contemplo comer con su abultado abdomen, su barriga de un momento a otro a aumentado bastante.

Sonrió enternecido por cómo tiene manchado su hermoso rostro de chocolate, por lo qué me acerco hasta arrodillarme junto a ella, su mirada al fín pasa de la comida a la mía, Mérida primeramente me ve sonriente para luego sonrojarse.

— Tenía hambre — habla por lo bajo —  No te quería molestar Ashton.

Yo me le acerco hasta tenerla en mis brazos, ella me corresponde el abrazo por lo qué me siento en el piso para que ella se siente en mi regazo —  Son las tres de la mañana Mérida —  al escucharme caja su mirada — No me importa qué me pidas qué te traiga a la cocina pot un poco de comida, aunque sea de madrugada amor, sabés qué haré todo lo que me pidas.

Con mis palabras nuevamente nuevamente sube su mirada hasta conectarla con la mía, —  ¿Pe-pero no creés qué estoy engordando mucho? —  llevo mí pulgar hasta la comisura de sus labios quitando los restos de e chocolate.

— Para nada, es normal al estar embarazada —  le doy un fugaz beso, lo vuelvo a repetir porque sus libios saben a chocolate - Sabes muy rico, podría comerte a bes...

Al no poder contenerme la bese cómo nunca lo he hecho, trasmitiendole así seguridad, el beso cada vez se vuelve más hambriento y necesitado, pero hay un problema la linda barriguita de Mérida no nos deja acercarnos más.

— Tienes una linda barriguita, mí gordita.

Fín del Flashback

Fue mala idea decirle éso, recuerdo cómo cortó el beso, sus ojos crispados en enojo por hacerla llamado así, tanto así qué me dejó durmiendo en el sofa. Pero cómo dije, no cambiaría nada de esa hermosa experiencia con ella porqué es la mujer qué amo, y a la qué protegeré con mí vida, tambié claro a Sky y a Asher.

Ya seguro qué no despertará dentro de poco me dirijo a la puerta, antes de pasar por el lumbral volteo a ver la cuna una vez más —  Eres nuestro milagro Asher — digo en voz baja, recordando la angustia y el miedo del día en qué nació mí cachorro.

Aún recuerdo ése día, y cómo reaccionó Mérida ésa noche, núnca me esperé esa cegante luz de su cuerpo.

Ya dejando de pensar en eso, me dirijo a la habitación qué comparto con mí cazadora, al estar dentro el sonido de la lluvia artificial de la ducha me indica qué Mérida se está bañando.

— Hoy no te me escapas —  susurro, para luego comenzar a desvestirme lentamente, los zapatos, la camiseta, el pantalón y por último el boxers, quedando así totalmente desnudo con una sola idea en mente.

Haré a amada una vez más mía, sólo mía.

Tomo entre mis manos una de las toallas de mis cajones, pero sólo me la coloco en los hombros. Con pasos suves, lento y ágiles me adentro al cuarto de baño, con sólo hacerlo él exquisito olor de Mérida me golpea, mi amigo despierta con sólo ver la figura qué borrosa frente a mí se mueve contoneando las caderas, insitandome e invitándome tomarla y hacerla mía.



J. A. Clever

Editado: 09.05.2018

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