Alpha Ashton ©

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Capítulo 5 (T—II)

— Yo Ashton James Romanoff,  actúal lider y Alfa de la manada Colmillo Rojo,  cedo mí liderazgo al momento qué sea necesario a mí hija,  Skylar Andrea Romanoff.

Todos voltean sus miradas a mí dirección,  sus ceños fruncidos son la clara confusión de mis actos,  tanto los ancianos cómo Derek y Luke comienzan a murmurar pero con un fuerte grito y un potente golpe a la madera de la mesa les cayo — ¡Cálmense todos!,  yo sigo liderando está manada,  y cómo dije “al momento qué sea necesario”, — recalcó,  todos nuevamente analizan mis palabras hasta qué las entienden y así asienten — Mí hija,  será la alfa de está manada hasta qué yo repita estás palabras a élla,  lo cuál será quizás dentro de muchos,  muchos años.

— Me asustó alfa — la voz de uno de los más ancianos se dirige a mí — Pensé qué nos dejaría o algo parecido.

— Sí, éso es cierto — uno de los amigos de mis padres se levanta también — Aúnque no hay de qué preocuparse,  sí usted se va de viajé con nuestra Luna Mérida,  quedaríamos bastantes seguros porqué queda su hija,  es decir,  la nieta de mí buen amigo James.

— Gracias señor Wilson — le sonrió agradecido por el apoyo a mí Skylar,  luego golpeo la mesa pero está vez es un poco suave sólo para qué me pongan atención — Además con ésto sólo quiero que todos apoyen a mí hija,  ya qué ella iniciará desde mañana sus entrenamientos cómo lider de una manada.

Ya más relajado me siendo en la silla qué yace trás de mí,  al sentarme suelto un suspiro cansado, mí cabeza queda en blanco al ver a cada unos de los ancianos qué actúan cómo consejeros de la manada. Les veo hasta qué desaparecen en el umbral de la puerta,  pero se qué dos de ellos no se irán hasta qué me interroguen — ¿Pero qué mierda? — y ahí está el primero,  con sólo escucharle volteo mí cabeza para así poder verle con el ceño fruncido — ¿Qué acabas de hacer Ashton? ¿Porqué? ¿Porqué ahora?.

— ¡Contesta con un carajo! — ahora la voz de Luke se hace escuchar — Vamos habla.

— Cómo dije,  le cederé él liderazgo a Skylar hasta qué se lo diga a ella misma y toque su frente — al verlos insatisfechos por la explicación,  sigo hablando — Está bién,  está bién — alzo mis manos en señal de rendición.

Al bajarlas me quedo en silencio por un momento,  buscando las palabras tan complejas y difíciles de decir y explicar,  que hasta me da dolor de cabeza,  aún asì inspiro oxígeno listo para hablar — Tengo una corazonada.

Pasan los segundo en dónde las facciones de mí beta y el beta de Skylar me ven confusos y se ven así entre ellos también,  espero a que exploten en ira por lo qué les he dicho por ello es que me pongo en pie para así huír buscando la puerta,  no falta mucho para tener entre mi mano derecha el pomo de la puerta ya listo para ir en busca de mí Mérida y de Asher.  Pero de repente unas carcajadas trás de mí me detienen bruscamente,  en la sala de reuniones retumban las carcajadas de Luke y Derek — ¿Cómo qué una corazonada,  Ashton? ¿Acaso creés en eso?.

Frunzo el ceño,  las palmas de mis manos se convierten en puños,  siento cómo mis facciones se endurecen — Silencio — siseo,  con escuchar mi profunda voz se callan,  me doy media vuelta para verles a los ojos,  el par de hermanos frente a mí bajan la cabeza — Estás son mis órdenes,  sí yo muero será Skylar quién tome el puesto de Alfa,  y con ello tú Derek tomarás el lugar de tu hermano — sin más me doy la media vuelta para irme.

(...)

— ¡Vamos amor,  más fuerte! — le digo mientras veo cómo el sudor baja por su pecho hasta perderse en la tela qué cubre sus senos — Más fuerte.

— Bién,  lo haré — Mérida comienza a dar puñetazos al almohadin qué sostengo frente a ella.  Mérida sigue entrenando conmigo con el almohadin hasta que pasamos a una pelea cuerpo a cuerpo, la veo ponerse en posición de ofensiva — Amor,  no te preocupes,  seré gentil.

— Dilo por tí.

— ¿Espera qué?.

Siento cómo mi rosto en impactado por un poderoso puño qué me hace ver estrellas por un momento,  y así comenzamos a darnos lanzarnos golpes a la vez qué intentamos esquivarlos. Yo por mí parte no uso nada de fuerza contra ella,  además es mí esposa y madre de mis hijos,  no la lastimaría núnca. Pero ella no se contiene,  hasta parecería qué le gusta golpearme — ¿Mérida? — espeto al esquivar un uppercut a mí mandíbula,  la llamo por segunda vez al fijarme en sus ojos,  parece qué están cambiando de color,  un escalofrío atraviesa mí espalda “acaso se está transformando", pero al pensar en ello,  no me percato del movimiento de mí esposa — ¡Mérida!.



J. A. Clever

Editado: 09.05.2018

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