Alpha Ashton ©

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Capítulo 10 (T—II)

Desde la posición tan incómoda en la qué me encuentro y con mis sentidos los cuáles no me responden, observo el cielo adornada de algunas estrellas y bañada con una franja de color anaranjado. Creó saber a qué se debe ése color, la mansión está en llamas, y claro cómo obviar ése difuminado y casí inexistente aroma a humo qué llega a mis fosas nasales.

Se preguntarán qué hago aquí, sabiendo qué parte de mí manada está herida, en peligro mientras a los demás los envié a resguardarse en otra manada. Bueno les responderé con otra pregunta, ¿vieron la película Logan, en dónde su clon lo alza por los aires haciéndolo caer en un tronco y qué por consiguente una rama puntiaguda le atraviesa el abdomen?. Bueno, exactamente estoy en la misma posición qué Logan.

Flashback

Me detengo abruptamente para qué Alex baje de mí lomo, ya estando mí cuñado en el suelo vuelvo a mí forma humana — Ése viejo está por llegar — el hermano de Mérida tiene su rostro en total confusión — Nos adelantamos Álex, ahora estámos soy yo quién emboscará a Dimitri; tendré qué pelear en mi forma humana.

— Pero y los demás — su facciones cambian a preocupación — Estoy herido, y..

— No te preocupes Álex — le ánimo — Tú esposa e hijo están a salvo los envié al sur, pero por ahora necesito qué te dirijas al noroeste, Derek viene en camino, vete con él.

Sin perder más tiempo corro en dirección contrataría a la qué viene él beta de mí hija, es decir, voy directamente al cazador qué quiere usar el poder de Mérida para luego matarla. Con sólo pensar en ello, apresuro más mí correr, a unos metros de un viejo tronco llega a mis fosas nasales el aroma del cazador. Apreto mis manos en puños para esperarle y así detenerle, matarlo a golpes sí me da la oportunidad.

Al detenerme por completo, espero unos segundos hasta qué de repente no hay nada, frunzo el ceño en confusión, el olor del cazador desapareció cómo por arte de magia. Confundido y extrañado por la inesperada situación giro mí cuerpo de un lado a otro buscando algún indicio del paradero del viejo cazador; la situación hace qué deba concentrar mí audición para escuchar hasta la más mínima respiración. Cierro los ojos por un instante * —Está detrás — la voz de Irwin, es decir, de mi lobo me alerta pero al intentar voltear mí cuerpo, siento cómo soy impactado con algo bastante duro, haciendo mí cuerpo salir volando.

— Sabía qué sí yo vendría en dirección a la mansión — la voz del cazador se escuchar de manera burlesca y altanera — Él alpha vendría trás de mí, pero núnca pensé qué estaría sólo.

Escucho sus pasos aún estando en él suelo,  intento moverme pero un crujido me detiene,  el terrible dolor qué siento en mí costado derecho es terrible — Me ha roto dos costillas — me digo a mí mismo. Apreto los dientes fuertemente,  en unos segundo estaré cómo nuevo,  pero primero debo acomodarme esos huesos. Desde el suelo veo fijamente el rostro del cazador,  veo cómo se mueven sus labios al hablar pero no le pongo atención,  debo esperar lo qué me imagino lo qué hará.

Pasan unos cinco segundos para ver cómo estába en lo correcto,  sonrió satisfecho al verlo alzar su pierna izquierda para darme una patada — Es momento — me digo. Rápidamente me levanto del suelo,  siento mis músculo tensarse un poco,  pero logró mí cometido.

— Humano insignificante — sonrió con satisfacción al tomarlo del cuello alzando su cuerpo por unos díez centímetros del suelo — Maldito insecto,  no dejaré qué te acerques a mí esposa.

Lanzo su cuerpo por los aires hasta chocar contra un árbol,  al verlo mareado casí inconciente por el golpe rápidamente llevo mis manos a mis costados — ¡Ahh! — suelto un grito de dolor al acomodar las costillas al hacer presión en mí abdomen y jalar el hueso a la vez qué lo levanto. Al terminar,  mí pecho sube y baja por mí forma errática de respirar,  pero no deben culparme el acomodar huesos es doloroso y cansado.

— Maldito perro — al escuchar ése insulto subo la mirada frente a mí,  al hacerlo abro los ojos cómo platos de la impresión,  el cazadore no tiene ningun rasguño de la rama qué le rozo el brazo — Yo no soy ningún insecto.

De un momento a otro el cazadore me lanza un fuerte puñetazo,  pero antes qué me lo propine lo bloqueo, para yo acestarle un puñetazo en el estómago qué lo hace doblarse. Sin perder la oportunidad le tomo de la cabeza para así darle un rodillazo causándole qué su tabique se desvíe y con ello le salga mucha sangre;  nuevamente lo tomo del cuello para alzarlo en el aire y así con fuerza dejarlo caer al suelo estrepitosamente — Para ser un humano eres resistente — mascullo.



J. A. Clever

Editado: 09.05.2018

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