Alpha Ashton ©

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Capítulo Extra Final

Tardamos sólo unos cuarenta minutos en llegar a casa,  tiempo en el cuál Ashton no dijo nada al respecto de su abuela,  su modo de actuar en ése tiempo me hizo pensar qué le tenía miedo pero...  justo ahora frente a mí una mujer mayor y con el cabello de un extraño color al igual qué su vestimenta me mira directamente a los ojos,  analizandome sin decir nada.  Yo sólo me mantengo quieta en mi lugar a la vez que en mis brazos sostengo a Asher quien con sólo salir del auto no quizo separarse de mí.

— Mu-mucho gusto.

— Sé quién eres — la abuela de Ashton me interrumpe, por lo qué guardo silencio — Mérida Parks,  hija de cazadores y cazadora por ende;  tú hermano fue uno de los cazadores más letales, es decir,  un enemigo para nuestra especie.

— Señora — la interrumpo esta vez — Mi hermano ya no es un cazador y yo nunca lo fui.

La mujer frente a mí entrecierra los ojos mirándome directamente a los ojos,  su mirada en muy penetrante al punto de parecer querer ver a través de la personas.  Luego pasa su vista a Asher,  su mirada no se suaviza al verlo.

— Sabes Mérida,  yo tengo una conexión con toda la manada Colmillo Rojo y se qué dices la verdad — luego la veo dar un suspiro largo — Pero cómo la conexión se vuelve inestable al estar dormida,  las imágenes de lo ocurrido no son muy buenas y por éso quiero qué me muestres lo qué en realidad pasó,  dame tu mano.

Hago el amague de darle la mano pero cómo de protegerme se trátase la pequeña mano mí hijo se posa sobre la mía,  yo frunzo el ceño en extrañes — ¿Asher?  — pregunto ya preocupada por lo tenso qué está.

— ¡Wow,  impresionante! — el asombro en la voz de la abuela de Ashton me hace levantar la mirada,  al hacerlo me sorprendo al verla con una sonrisa en los labios — Té protege,  no quiere qué me acerqué a tí Mérida,  es...  impresionante qué lo manifieste a su edad,  Ashton no lo hizo hasta los cinco años.

— ¿Co-como lo sabe? — pregunto incredula,  porque al bajar mí mirada al rostro de Asher sólo lo veo un poco callado y calmado.

— Quizás no lo puedas escuchar pero en éste momento está gruñendo en advertencia — paso mis manos por sus axilas para levantarlo y darle la medía vuelta a su cuerpo para verlo directamente,  le veo por unos segundos atenta también a cualquier sonido,  pero sólo veo lo lindo y tierno que és con sus regordetas mejillas y sus ojos tan azules cómo el cielo en un día soleado y despejado — Será un gran Alpha.

Al escucharla vuelvo mí mirada a la vez qué dejo que Asher descanse su cuerpo en mi pecho y hombro — Dígame porqué quería qué le de mí mano.

— Para ver — enarco mí ceja expectante — Quiero ver exactamente lo qué pasó con la nigromante y los cazadores oscuros;  puedo verlo si me lo permites — dudosa no por ella sino por la reacción de Asher al fin de doy mí mano libre.

Al hacerlo abro los ojos cómo platos al ver cómo sus ojos cambian de color,  siento cómo ejerce bastante fuerza en mí mano,  asi pasan como unos cuarenta segundos hasta qué me suelta dejándome libre.  Pasa un minuto dónde espero que diga algo ya qué está cómo en sock — Sabía qué no me enseñaban todo,  sabía qué me ocultaban la verdad — frunzo el ceño por sus palabras.

— ¿Disculpé?.

— Lo qué acabo de hacer es ver tus recuerdos Mérida,  lo hice porqué los demás sólo me han mostrado imágenes confusas y borrosas,  quizás por miedo — no se porque pero cada vez me siento más confundida — Creó que mi nieto Ashton les pidió qué alterarán sus recuerdos para confundirme y que yo no tome represalias contra los cazadores.

— Ohh — susurro por lo bajo,  creó qué he hecho algo muy malo,  aunque nadie me pidió alterar mis recuerdos — Pero no es necesario señora Milena,  todos en la manada lucharon para defender éste territorio.

— Lo sé,  lo sé — nuevamente otra sonrisa aparece en su rostro — No pensé que mí nieto tuviera otra oportunidad de ser feliz encontrandote y por lo qué ví, eres muy valiente.  Protegiste a la manada con con determinación,  así también me gusto la manera en que dijistes “Soy la Luna de esta manada,  perra”.

Siento mí cara arder al escucharla romper en carcajadas,  aún recuerdo ése momento dónde me enoje mucho.  Pero luego me permito sonreír por el cambio en el ambiente desde qué entre a está oficina — Gracias Mérida,  por proteger a mí familia y el Legado Romanov.

— No yo, no hice...

— No seas modesta, quién esté dispuesto o dispuesta a qué una esperada le atraviese el estómago por mí familia merece mis respetos — al verla y escucharla en este  momento no encuentro razón alguna por la preocupación de Ashton por qué yo hablase con su abuela — Bién Mérida,  quiero qué pasemos al otro motivo por el cuál quise hablar contigo,  ¿según he visto,  tu aún no haz tomado tu forma lobuna,  cierto?.



J. A. Clever

Editado: 09.05.2018

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