Alyssa Potter y La Cámara Secreta

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CAPITULO ONCE

Al despertar me quedé quieta en las sábanas, sintiendo in repentino frío que no tenía nada que ver con el clima de la mañana. Era un día resplandeciente y fresco. El brazo ya no me dolía pero estaba rígido y me parecía que habían pasado días del accidente en lugar de ayer. Me senté lentamente y miré hacia la cama de Colin con un dolor horrible en el fondo de mie estómago. La cama estaba oculta tras las largas cortinas que había corrido el día anterior, no soporté ver el inmóvil rostro de Colin. Al ver que me había despertado, la señora Pomfrey se acercó afanosamente con la bandeja del desayuno, y se puso a flexionarme y estirarme el brazo y los dedos.

—Todo va bien —me dijo, mientras apuraba torpemente con mi mano izquierda las gachas de avena—. Cuando termines de comer, puedes irte.

Por su mirada sombría decidí mejor no preguntar. Me vestí lo más deprisa que pude y salí precipitadamente hacia la torre de Gryffindor, deseosa de hablar con Will, Ron y Hermione sobre Colín y Dobby, pero no los encontré allí.

Cuando pasé por delante de la biblioteca, Percy Weasley precisamente salía de ella, y parecía estar de mucho mejor humor que la última vez que lo habían encontrado.

— ¡Ah, hola, Allie! —dijo—. Excelente jugada la de ayer, realmente excelente. Gryffindor acaba de ponerse a la cabeza de la copa de las casas: ¡ganaste cincuenta puntos!

Sonreí sin humor.

— Eso es genial, oye… ¿No has visto a Ron, Will y Hermione? —pregunté.

—No, no los he visto —contestó Percy, dejando de sonreír—. Espero que Ron y Will no estén otra vez en el aseo de las chicas...

Forcé otra una sonrisa, seguí a Percy con la vista hasta que desapareció, y me fui derecha al aseo de Myrtle la Llorona. No encontraba ningún motivo para que Ron, Will y Hermione estuvieran allí, pero después de asegurarme de que no merodeaban por el lugar Filch ni ningún prefecto, abrí la puerta y oí sus voces provenientes de un retrete cerrado.

—Soy yo —dije, entrando en los lavabos y cerrando la puerta. Oí un golpe metálico, luego otro como de salpicadura y un grito ahogado, y vi a Hermione mirando por el agujero de la cerradura.

— ¡Allie! —dijo ella—. Vaya susto que nos has dado. Entra. ¿Cómo está tu brazo?

—Está mucho mejor —respondí, metiéndome en el retrete. Habían puesto un caldero sobre la taza del inodoro, y un crepitar que provenía de dentro le indicó que habían prendido un fuego bajo el caldero. Prender fuegos transportables y sumergibles era la especialidad de Hermione.

—Pensamos ir a verte, pero decidimos comenzar a preparar la poción multijugos —me explicó Will, después de que cerrara de nuevo la puerta del retrete.

—Hemos pensado que éste es el lugar más seguro para guardarla.

Empecé a contarles lo de Colin, pero Hermione me interrumpió.

—Ya lo sabemos, oímos a la profesora McGonagall hablar con el profesor Flitwick esta mañana. Por eso pensamos que era mejor darnos prisa.

—Cuanto antes le saquemos a Malfoy una declaración, mejor —gruñó Ron—. ¿No piensas igual? Se ve que después del partido de quidditch estaba tan sulfurado que la tomó con Colin.

—Hay alguien más —dije, contemplando a Hermione, que partía manojos de centinodia y los echaba a la poción—. Dobby vino en mitad de la noche a hacerme una visita.

Ron, Will y Hermione levantaron la mirada, sorprendidos. Les conté todo lo que Dobby le había dicho... y lo que no le había querido decir. L0s tres me escucharon con la boca abierta.

— ¿La Cámara de los Secretos ya fue abierta antes? —preguntó Will incrédulo.

—Es evidente —dijo Ron con voz de triunfo—. Lucius Malfoy abriría la cámara en sus tiempos de estudiante y ahora le ha explicado a su querido Draco cómo hacerlo. Está claro. Sin embargo, me gustaría que Dobby te hubiera dicho qué monstruo hay en ella. Me gustaría saber cómo es posible que nadie se lo haya encontrado merodeando por el colegio.

—Quizá pueda volverse invisible—propuso Will.

—O quizá pueda disfrazarse, hacerse pasar por una armadura o algo así. He leído algo sobre fantasmas camaleónicos... —dijo Hermione, empujando unas sanguijuelas hacia el fondo del caldero

—Tu y mi hermano leen demasiado, Hermione —le dijo Ron, echando crisopos encima de las sanguijuelas. Arrugó la bolsa vacía de los crisopos y me miró—. Así que fue Dobby el que no nos dejó coger el tren y el que te rompió el brazo... — Movió la cabeza—. ¿Sabes qué, Allie? Si no deja de intentar salvarte la vida, te va a matar.

  

La noticia de que habían atacado a Colin Creevey y de que éste yacía como muerto en la enfermería se extendió por todo el colegio durante la mañana del lunes. El ambiente se llenó de rumores y sospechas. Los de primer curso se desplazaban por el castillo en grupos muy compactos, como si temieran que los atacaran si iban solos.



Joy

Editado: 28.10.2019

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