Amago

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La chica que buscaba más

Santiago de Chile. El cielo nublado y el aire ligeramente frío eran claros indicadores de la época invernal; principios de agosto, específicamente.

Para prácticamente todos los estudiantes, ya fueran de colegio o de universidad, era momento del fin de las vacaciones y el regreso a las actividades educativas.

- Parece que tendremos un semestre muy movido, Cami. Mira nada más todo lo que tenemos que leer.

- Bueno, no queda otra, Isi. Si no nos va bien en los exámenes, nunca podremos graduarnos.

- Pero yo quiero hacer algo más que limitarme a estudiar. Estamos en la universidad; me encantaría ir a un montón de fiestas y conocer chicos también. ¿Es mucho pedir acaso?

Las dos muchachas eran estudiantes universitarias de primer año que caminaban por el campus en ese momento. Sus nombres: Camila e Isidora. En el poco tiempo que llevaban de conocerse, se habían vuelto grandes amigas, así que no era raro verlas juntas en prácticamente todos lados y conversando de un sinnúmero de cosas. Inclusive físicamente se parecían mucho, con cabello largo y castaño y facciones finas. Solamente el tono de piel algo más oscuro de Isidora marcaba un contraste real con Camila.

- Se ve que de verdad estás interesada en encontrar novio pronto, Isi –dijo Camila mientras soltaba una risita.

- No te burles de mí –respondió Isidora haciendo una mueca de disgusto–. Todas mis amigas de la escuela ya tienen sus parejas y me lo andan restregando en la cara por las redes sociales. Yo soy la única soltera… ¡Dios, si existes, ayúdame a encontrar un novio pronto! –exclamó haciendo escándalo.

- Tampoco exageres. Todavía eres joven; no es para desesperarse. Además, no creo que tus amigas te estén restregando sus relaciones en la cara como dices tú. Solo se muestran felices por Internet.

Isidora lanzó un bufido.

- Para ti es fácil decirlo porque el tema te da igual. Además, no me hables como si tuvieras ochenta años; eres menor que yo.

A diferencia de su amiga, Camila no veía el tener novio como la fuerza motora de su vida. Por supuesto, no le cerraba la puerta al amor, pero estaba más preocupada de otros asuntos en ese momento, como obtener su título universitario y desarrollarse como profesional. Decidida a dejar de lado los asuntos sentimentales aunque fuera por un rato, le dijo a Isidora:

- ¿Y si mejor vamos a comer? Tengo hambre y ya es hora de almorzar.

- Como quieras.

Las dos se dirigieron a la cafetería. Sus estómagos comenzaban a gruñir.

Tras elegir sus almuerzos, ambas se ubicaron en una de las mesas exteriores; preferían conversar mientras veían el ir y venir de los alumnos y el verde del pasto de las instalaciones.

- Ah –suspiró Isidora–. Apenas pude aprobar todos los ramos en el primer semestre. Ojalá todo sea más fácil ahora que empieza el segundo.

- Lo dudo, amiga. Si se da la lógica, las cosas ahora se pondrán más difíciles.

- Oye, deberías darme apoyo moral. ¡Señor, agrega mi desempeño académico a mi lista de peticiones, por favor! –gritó alzando los brazos al cielo.

Camila solo sonrió.

- ¿No piensas que es mejor que estudies un poco más en lugar de exigir intervención divina?

- Sí, lo dice la señorita Buenas Notas… Quisiera tener tu habilidad.

- No es habilidad, es esfuerzo.

Las dos chicas continuaron con su conversación, hablando a un volumen relativamente alto. En una mesa cercana, un chico leía un grueso libro en el que estaba muy inmerso, aunque eso cambió gracias al par de habladoras.

- Oigan, algunos queremos silencio –reclamó con voz seria.

Ambas se enfocaron en él; no era exactamente alguien muy guapo, pero más allá de su desordenado cabello castaño y su cara un tanto alargada, emitía cierta aura que lo hacía un poco atractivo. Eso sí, su mirada era fría y algo intimidante, similar a la de una serpiente.

- Perdón, no quisimos molestar –dijo Camila.

Él no dijo nada más, volviendo a concentrarse en su libro.

- Qué tipo más antipático –reclamó Isidora sin preocuparse si el aludido la oía o no.

- Pero igual estábamos hablando muy fuerte. Mejor bajemos un poco el volumen.

- Sí, ponte de parte de él.

- Isi, a veces te pones muy exagerada.

- Y tú actúas demasiado como niña buena, Cami.



GA Abramov

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Editado: 26.04.2018

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