Amago

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Watching the Rain

- ¿Qué te dije?

- Bueno, pues…

- ¡¿Qué te dije?!

- Que no trajera a nadie extraño a la casa.

- ¡¿Entonces por qué te empeñas en desobedecerme?! ¡¿Acaso pensaste en qué hubiera pasado si ella fuera una amenaza?!

- Pero yo la traje porque…

- ¡No quiero excusas! ¡Estás castigada! ¡Ah, y llama a Javiera en este instante: mañana no viene!

- ¡¿Qué?!

- ¡Lo que oíste! ¡A ver si así me empiezas a hacer caso!

- No…, no… ¡no! ¡Eso no! ¡Cualquier cosa menos eso!

- ¡No quiero protestas de tu parte, jovencita!

- ¡Pero, Octavio…!

- ¡Nada de “pero, Octavio”!

Octavio estaba realmente furioso. Lo hecho por Viviana, para él, fue la gota que rebalsó el vaso.

- Y en cuanto a ti –le dijo a Camila–, no eres bienvenida en esta casa. Toma tus cosas y vete.

El frío de aquellos ojos le atravesaba el corazón como una daga.

- Estás siendo muy duro con tu hermana –le enrostró la chica–. Ella no hizo nada tan malo como para que la trates de esa manera.

- Los asuntos entre ella y yo no son de tu incumbencia. Ahora, haznos el favor de irte de aquí y no volver nunca más.

- Perdóname, pero…

- No trates de meter las narices en esto. Vete y actúa como si no existiéramos. De lo contrario, no acabarás bien, ¿entendido?

- ¿Cómo crees que voy a ignorar esto? Ni siquiera le das a tu hermana la posibilidad de defenderse.

- ¡Yo soy el que sabe qué es lo mejor en una situación así! ¡Una entrometida como tú jamás podrá entender nada de esto! ¡Vete, estúpida ignorante! ¡Vete ya!

Algo herida por las duras palabras del dueño de casa, Camila se levantó, tomó su mochila y se dirigió hacia la puerta, no sin antes agradecerle a Viviana por su hospitalidad.

- Gracias por todo, Vivi.

La aludida no respondió. Sollozaba en ese momento.

En cuanto la universitaria traspasó el umbral, Octavio cerró la puerta con fuerza.

- Rápido, llama a tu novia para cancelar todo –le dijo el mago a su hermana en cuanto se quedaron solos. Ella no reaccionó.

- ¡Hazlo!

- ¡No, no puedo!

Muy molesto, el joven atrajo el celular de su hermana hacia él con sus poderes y llamó a Javiera, para horror de Viviana.

- ¿Aló, amor?

- No, soy Octavio.

- ¡Ah, Octavio, ¿por qué me llamas?! ¿Le pasó algo a Vivi?

- Está castigada, así que no puedes venir mañana.

- ¡¿Cómo?! ¿Qué hizo?

- Desobedecerme como siempre. Sabes que eres la única ajena a nosotros que tiene permitido el acceso a este departamento, ¿cierto? Pues a tu novia se le ocurrió traer a alguien más sin mi consentimiento.

- ¿Qué?

- Lo que oíste.

- ¿Hombre o… mujer?

- Mujer.

- ¿Acaso… ella…? –preguntó nerviosa.

- No, no, nada de eso. Esta tonta será desobediente, pero es leal. Tranquila, no te engañó.

Javiera suspiró aliviada al otro lado de la línea.

- El punto es que cualquier plan que tengan para mañana, cancélenlo. Viviana necesita aprender por las malas que hay cosas que no puede hacer.

- … Entiendo –dijo la adolescente apesadumbrada–. Pero por favor, no seas muy duro con ella.

- Eso dependerá de cómo se comporte.

Octavio terminó la llamada poco después.

- Tuviste suerte de que esa tipa fuera una persona común y corriente, ¿pero y si hubiese sido alguno de nosotros? Te habrían llevado lejos de aquí, o peor aún, estarías muerta. El hecho de que tengas poderes mágicos no te hace invencible, y menos con tu actual nivel de magia, Vivi.



GA Abramov

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Editado: 26.04.2018

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