Amago

Tamaño de fuente: - +

El punto de no retorno

A pesar de las protestas de Isidora, Camila decidió invitar a Octavio a comer con ellas; había muchas cosas que contar, aunque, como él no quería que Isidora se enterara de lo sucedido, se limitaron por el momento a información básica.

- ¿De dónde vienes, Octavio?

- De Ancud.

- ¿En Chiloé? Sí que vienes de lejos.

Isidora no entendía lo que pasaba. ¿Cómo de un momento a otro ambos pasaron a conversar de forma normal después de todo lo acontecido no hacía mucho? De tanto en tanto veía los rostros de ambos: el de Camila, sereno y mostrando comprensión; y el de Octavio, serio, algo incómodo, pero ya sin esa agresividad de días previos. Inclusive los ojos de serpiente parecían haber suavizado su mirada.

- ¿Por qué quisiste entrar a medicina?

- … Tengo mis razones.

Camila intuyó que aquello tenía que ver con los detalles que aún no podía revelar, por lo que decidió dejar la pregunta sin respuesta.

El almuerzo siguió con la misma tónica, haciendo que Isidora se sintiera dejada de lado.

- Que alguien me explique esto. ¿Cómo una chica tan agradable como Camila se involucra con un tipo tan pesado como ese? ¿Y en tan poco tiempo?

Al terminar la jornada, Camila y Octavio se fueron juntos al departamento de él. Por lo demás, el muchacho decidió posponer su salida de la universidad por consejo de ella, quien quería saber todos los detalles antes de cualquier paso a tomar.

- ¿Estás segura de esto?

- Totalmente. Ya le avisé a mi familia que llegaré tarde, así que por ese lado no hay problema; de verdad quiero saber más de ti.

Octavio guardó silencio.

- También quiero volver a ver a tu hermana. Estoy segura de que se sorprenderá de verme.

- … Es lo más probable. Ella suele encariñarse mucho con las personas que le agradan.

- ¿Y ella… es como tú?

- … Sí, es como yo.

Ambos llegaron al departamento.

- Ya sabes que no tenemos mucho. Tú ve dónde sentarte.

La muchacha se sentó en el sofá. Él, por su parte, lo hizo en la cama.

- ¿Por dónde quieres empezar?

- Quiero saber más sobre los magos… Todavía no puedo convencerme del todo de que existan. Es decir, te vi en acción y todo, pero… es un hecho difícil de digerir.

- Antes de hablar quiero que me prometas una cosa: lo que salga de esta conversación no puedes comentarlo con nadie más. Ni tu familia ni tu amiga deben saber sobre nosotros ni sobre lo que nos envuelve, ¿entendido?

- Entendido.

- Bien. Entonces…, partamos por lo principal. Los magos somos como lo cuentan los trabajos de ficción: personas que poseemos poderes especiales, capaces de hacer cosas que las personas comunes y corrientes no pueden. No somos muchos y vivimos escondidos de la demás gente para que no sepan de nuestra existencia.

- ¿Por qué motivo?

- Digamos que en el pasado hubo problemas entre unos y otros. Ahora es mejor para los humanos comunes pensar que ya no existimos.

- ¿Los magos se limitan a Chile o hay en otras partes?

- Hay en otros países. Tenemos un Consejo que se encarga de regular nuestras actividades, pero en estos momentos considero que su actuar es bastante cuestionable.

- ¿Por qué?

- La historia es algo larga, pero tiene que ver con la razón de por qué mi hermana y yo estamos aquí.

Camila se dispuso a escuchar a Octavio.

- La familia Rain es una de las más poderosas entre los magos, no solo a nivel sudamericano. Debido a su influencia, mi padre tiene un cargo importante dentro del Consejo, y con los rencores que existen desde hace siglos todavía dando vueltas, él convenció a la gran mayoría de los miembros de que debíamos reescribir la historia a nuestra manera, y eso implica eliminar a la gente común.

Camila tragó saliva, mientras que Octavio tomó aire y lanzó un profundo resoplido.

- Todo eso ocurrió antes de mi nacimiento.

Se produjo un breve silencio.

- Yo, siendo el hijo mayor de la familia, me convertí en la gran esperanza para los magos radicales del Consejo, una especie de masilla para moldear a su imagen y que eventualmente se volvería una amenaza para la gente común y corriente una vez que me entrenaran… Desde que tengo memoria me enseñaron un sinnúmero de hechizos que debía realizar sin fallar; si los hacía mal, los castigos eran severos.



GA Abramov

#6629 en Fantasía
#1466 en Magia
#13433 en Novela romántica

Editado: 26.04.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar