Amar a dios en tierra ajena© (snypp#1)

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Capítulo 12

Turquesa

Cuando abrí la puerta de mi casa, Nate ya me estaba esperando en la puerta con un café con leche en la mano y en la otra un paquete de galletas de chispa de chocolates.

Sonreí, se miraba muy guapo.
—Hola hermosa—  dijo Nate— te abrazaría pero estoy muy ocupado— contestó divertido.
—Entonces yo lo hago— respondí divertida y lo abrace con fuerza.
—No sabes cuánto me gusta que me abraces.
Me reí.
—Ajá— comenté pegándole en el pecho suavemente— embustero.
Alzo la ceja.
—¿No me crees?
Negué con la cabeza.
—Entonces tendré que convencerte.
—¿Y cómo harás eso?
—Abrazándote cada minuto, horas, para que veas que sin tus abrazos yo me muero— respondió con chulería.
Me reí.
—Mejor dame mi café y mis galletas y vámonos que se nos va hacer tarde.
—¿Así nomas? ¿Si un gracias?— puso cara de ofendido.
Me pare de puntitas y le di un suave beso en la mejilla.
—¿Mejor?
—Mucho mejor— expresó agarrándome de la mano, nos dirigimos a su auto.

Ya adentró del carro nos pusimos a conversar sobre Sasy y Brownie.
Sasy ya se quedaba en casa, se sentía nerviosa cuando salíamos , como ya estaba muy próximo el día de su parto se cansaba más fácilmente y por eso había contratado a alguien para que la cuidara cuando yo no estuviera en casa.

Me acordé del nombre de Brownie.
—¿Por qué le pusiste Brownie a un perro de cacería?
El sonrió como si recordar algo divertido y alegre.
—Cuando fui a Alemania un socio mío tenia está raza de perros, como agradecimiento de la sociedad que habíamos hecho me regalo un cachorro. Cuando regresé a Estados Unidos, tuve que irme de imprevisto a Italia por asuntos de trabajo y no podía llevarme al cachorro así que se lo encargue a un colega, su esposa y su hijo estaban muy felices de ayudarme. Cuando regresé para recogerlo Marcus el hijo de mi colega ya le había puesto Brownie y así se le quedó, no traté de cambiarle el nombre.
Hasta lindo me salió el condenado.
—Es un bonito nombre.
El sonrió.
—Un poco inusual pero lo es. ¿A dónde ibas a ir el otro día?
—A visitar a mi novio secreto.
Su expresión cambio y se volvió más oscura.
—No juegues con eso— respondió serio.
Me burle de él.
—¿Desde cuándo te volviste un hombre de las cavernas?
—Desde que te conocí. ¿Y?
—¿Y qué?
—¿Tienes un novio secreto al que tengo que ir a amenazar?— preguntó alzando la ceja.
—Ja, ja, ja, porque ¿celoso?— respondí  coquetamente y le guiñe un ojo.
—Mucho— contestó.
Alce la ceja, para burlarme.
Alzó la mano.
—Es enserio.
Sonreí como el gato de Alicia en el país de las maravillas.
—¿Entonces?— preguntó sin dejar el tema.
Esté hombre sí que era persistente.
Me quedé callada unos minutos para torturarlo.
—Iba a ir a la librería.
Suspiró.
—Al menos ahora sé que me pondré celoso de un personaje ficticio. ¿Qué libro ibas a comprar?.
—Estaba pensando en el Mercader de Venecia de Shakespeare, lo leí cuando iba a la escuela pero me gustaría tenerlo.
—¿Cuál es tu frase favorita del libro?— me preguntó interesado.
Me lo pensé un momento.

Era complicado, la obra hablaba sobre el racismo que tenían contra los Judíos, y la deuda de Antonio.
Pensándolo bien le contesté.

"El perdón cae como lluvia suave desde el cielo a la tierra. Es dos veces bendito, bendice al que lo da y al que lo recibe".
(Escena I)

Se me quedó mirando impresionado.
—Ya sé lo que piensas, a veces el perdón es lo último que se te pasa por la cabeza cuando alguien te daña o daña a las personas que amas, ¿pero que ganas con guárdales rencor? el rencor y la venganza no hacen más que alimentar tu herida y estas no sanan con el tiempo si no que se pudren, solo el amor y el perdón pueden sanar un corazón roto y un alma herida.
Me sorprendí a mí misma, pero era la verdad cuando dejé de pensar en el pasado y en todo lo malo que había vivido, volví a confiar poco a poco en las personas, no todas las personas ricas son unos monstruos, Nate no lo era.
Él se me quedó mirando de manera pensativa.
—Tienes razón, pero si tienes que pagar tu libra de carne me estás diciendo ¿qué no lo harías?
—Depende, las deudas o las promesas que hagas tienes que cumplirlas, sino mejor no la hubieras hecho, si sabias que no te comprometías de verdad. Pero también tienes que saber si esa deuda no te afectara con el tiempo, en esta vida también puedes retractarte pero tienes que hablar claramente con la persona a la que le vendiste o te vendió su libra de carne.
Suspirando, puso su mano en mi hombro para abrazarme fuertemente.
Y besándome mi cabello dijo.
—Tienes razón. Vamos a pasar después del trabajo a comprar ese libro y muchos más.
—No te preocupes puedo venir después a comprarlo, no quiero que nos desviemos, tal vez y tienes una cita con Lecka—  le contesté golpeándolo suavemente en el estomago.
Aunque por dentro estaba que hervía, esa güera oxigenada.
El se rió con chulería.
—Pues si a lo mejor voy, me invito a cenar a su casa— declaró con voz sedosa.
Me hice la tonta aunque por dentro tenía ganas de zarandearlo.
—¿Así? Me parece genial, pero déjame la colección de Pedro Infante para no aburrirme e invitare a Carter, hace unos días que no nos vemos— comenté de manera despreocupada.
Él levantó la ceja sorprendido.
Sonreí con inocencia.
—Me quedó, tu y yo solos, sin Carter, viendo Dos Tipos de Cuidado con Pedro Infante y Jorge Negrete, comiendo helado, palomitas y galletas con chispas de chocolate. Esta noche, después de comprar tu libro y ni me repliqué señorita que yo también deseo comprarme unos libros.
—Ajá si claro— dije con sarcasmo.
—¿Aceptas?
—Está bien, como amigos— le recalque la palabra amigos.
—Umm— el contesto— solo por ahora.
Cuando llegamos a la veterinaria se nos quedaron mirando todos, aún no se acostumbraban a vernos juntos.

Después de la primera vez que me llevo Nate lo había hecho todos los días, de seguro mis compañeros piensan que estamos saliendo aunque ya les he dicho miles de veces que solo somos amigos.



AdyerenLael97

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En el texto hay: amor, venganza, amor celos traicion

Editado: 12.05.2019

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