Amarte tanto

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Capítulo 2 - Un extraño ha llegado

— ¿Quién eres y qué haces aquí? —el extraño deja de ver al cielo y me presta atención y aunque está oscuro lo veo sonreír. 

— Hola, tú debes ser Matthew —evito hacer una mueca, mi madre es la única que me dice así, especialmente cuando está molesta. 

— ¿Cómo sabes mi nombre? 

     Se reincorpora de su sitio y me observa desde arriba. El tipo es enorme, tiene la complexión de un atleta. Lentamente me reincorporó de detrás de la tumbona y veo cuan alto es realmente, es mucho más alto que yo, no es que sea un gigante tampoco, pero definitivamente rebasa mi metro ochenta. Además, sus brazos son por mucho el doble que los míos, y aunque lleva una camiseta de algodón blanca y pantalones cortos, se nota que su cuerpo es puro músculo. Él mueve la cabeza a un lado, como si estuviera evaluándome y luego sonríe. 

— Eve me habló mucho sobre ustedes dos —doy un paso hacía él, aunque las camas nos separan, el hombre es intimidante. 

— ¿Eve? ¿Conoces a Eve? 

— ¿Qué haces aquí tan noche? —¿quién se cree este tipo? 

— Estoy en mi casa —en realidad es casa de mis abuelos, pero no le iba a aclarar eso a un perfecto extraño —. Y yo hago las preguntas aquí —cruza sus brazos frente a su pecho y casi puedo jurar que siento la burla en su mirada. 

— Ya veo —no se mueve, sencillamente me observa durante un largo rato, me pone nervioso y de malas. No me gusta que las personas me evalúen. 

— ¿Qué haces aquí? —me envalentono a preguntar y él continúa sin moverse. 

— Estaba escuchando el mar y observaba las estrellas mientras repasaba las cosas buenas, y malas, que he hecho en mi vida —ahora yo me quedó inmóvil con la mirada fija sobre él. Sé que no es mentira lo que me está diciendo, no lo conozco, pero sé que no miente, lo que ha dicho es real. 

— Ah, bueno —es todo cuanto atino a decir. Descruza los brazos y suspira. 

— Linda casa, es realmente hermosa. 

— Gracias, supongo. 

     Ahora me siento medio tonto y no tengo ni idea del porqué. Este hombre me hace sentir como un niño nervioso. Yo no soy del tipo que se queda callado, generalmente siempre tengo algo que decir, pero ahora he enmudecido. Maldita sea, ¿qué rayos me pasa? Pateo la arena y la muevo entre los dedos de mis pies, él continúa observándome sin abrir la boca. No me gusta lo que siento al estar bajo su escrutinio. 

— Sí, es hermosa. 

     Digo sin saber que más decir, repentinamente mi cerebro se ha quedado sin nada inteligente que refutarle a este extraño. Llevo las manos a los bolsillos de mis pantalones tan solo para darme cuenta de que estoy en bóxers, y no llevó bolsillos. Siento como la cara se me pone roja como remolacha, y no puedo evitar encogerme en mi sitio. Prácticamente estoy medio desnudo frente a un completo desconocido que bien podría ser un asesino en serie. 

— Eve nunca menciono que fueras tan callado —Eve, cierto, Eve, él ya la había mencionado, quizás sea su acompañante del que hablaban está noche en la cena. 

— ¿Cómo la conoces? 

— ¿Julian? —ambos nos volvemos hacía la voz de Eve, mi corazón se acelera en mi pecho al verla acercarse, lleva pantalones cortos de pijama y una blusa de algodón oscura —. ¿Sucede algo? —su largo pelo se mueve cuando el viento sopla, se detiene a unos metros del desconocido y me nota —. ¡Hola Matt! —No puedo evitar ponerme nervioso. Me gusta, Eve siempre me ha gustado. Ha sido el amor platónico de mi niñez y mi adolescencia. 

— No sabía que ya estabas aquí —se acerca a mí y me estrecha entre sus brazos, ahora ella es más pequeña que yo, es bajita, no rebasa el metro sesenta y cinco, y es hermosa. 

— Acabamos de llegar —me da una de esas sonrisas que me hacen gelatina las piernas y da un paso hacia atrás, el desconocido, ahora Julian, se coloca a su lado y pasa su brazo sobre sus hombros. Eso me pone un poco celoso —. ¿Qué haces aquí tan noche? 

— Es su casa. 

     El tal Julian repite mis palabras y yo no puedo evitar entornar los ojos hacía el idiota, un idiota que ahora está sonriendo y puedo ver con más claridad su rostro. Es guapo, qué digo guapo, el tipo parece modelo de rostro, si es que existen. Tiene el tipo de sonrisa que bien podría hacer suspirar hasta la más gruñona, el tipo de sonrisa que llega a sus ojos y te penetra el alma, y en este momento, esos grandes ojos cuyo color no puedo ver con claridad, están inundados de burla al repetir mis palabras. 



Alex Roga

Editado: 20.04.2019

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