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Capítulo 4: ¿Interesado, Aaron?

Amber Larousse prefería estar en cualquier lugar que no fuera la mansión Miller, donde vivía. Era un constante desespero tener que soportar a cada instante las humillaciones de su tía. Eran tan crueles algunas veces que prefería miles de veces quedarse en la universidad hasta altas horas de la noche. Eso hacía todos los días, esperaba algunas veces a que fuera doce de la madrugada para recién retomar el camino a casa, a un lugar donde nadie la esperaba ni importaba. Prefería evitar ello a toda costa. Además tenía una beca que mantener, estudiaba ferviente en la biblioteca durante horas para sacar las calificaciones más altas de todas, aveces era incluso parte de su...

Sentada en un rincón del pasadizo, levantó la cabeza del libro que traía encima para ver unas piernas en frente suyo. Suspiró fuerte sin llegar a mirarlo, suponiendo que sería algún guardia que la echaría de la escuela otra vez.

-Solo voy a quedarme un rato más y...

Algo presionó en la boca del estómago al ver al amigo de Megan, sonriéndole con burla y sorpresa también. Se sintió fuera de sí y bastante descolocada cuando se inclinó sobre ella, apoyando las manos a cada lado para deslizar la cabeza en la curvatura de su cuello.

-¿No es muy tarde para ti? -preguntó Aaron con una sonrisa ladina, muy entretenido jugando el cabello largo y castaño de Amber entre los dedos-. ¿Qué hace una nena como tú, fuera de su casa a estas horas de la noche? Me preocupas, princesa -Se burló él y se sentó a su lado-. Te haré un favor haciéndote compañía.

Empujó su mano con rabia, alejándose de él porque realmente odiaba que se creyera con el derecho de poder tocarla.

-Ya me iba, en realidad. 

Se puso de pie rápidamente y le sonrió de la misma manera antes de salir del corredor a paso apresurado. Lo escuchó detrás suyo, dando pasos fuertes y lentos a donde fuera. Sujetó los libros contra su pecho y salió despavorida del lugar, tan rápido y abrupto que muy tarde sintió las gruesas gotas de lluvia golpear todo su cuerpo. Estaba lloviendo tanto que solo necesitó algunos segundos ahí para encontrarse completamente empapada. Inspiró fuerte, su cuerpo temblando de frío e intentando controlar el desespero que sintió dentro de sí porque todo siempre le salía mal. Abrazó sus libros, mirando a su al rededor para volver a ingresar al local cuando lo vió apoyado contra el marco de la entrada, cruzado de brazos. La miraba con tanta seriedad que por un momento incluso pareció ser una persona completamente distinta. Amber dió pasos inseguros hacia él y se colocó a su lado, tiritando mientras pensaba en alguna manera de llegar viva a su casa.

-¿Irás caminando en esta lluvia, Aaron?

Una risa fuerte y brusca se oyó a su lado.

-¿Caminar? - Le sonrió burlón y se colocó el abrigo impermeable hasta la cabeza-. Voy en mi auto. Suerte, princesa. Ojalá no mueras hoy -Fue todo lo que dijo antes de salir campante por el estacionamiento.

-¡Aaron!

¿No podía siquiera ofrecerse darle algún aventón? El agua estaba tan helada que empezaba a colarse por debajo de su piel incluso, se sentía congelar allí mientras se lamentaba por haber sido tan descuidada como para no haber llevado un mísero abrigo en puertas de invierno.

-¡Aaron Foster!

Ni sabía por qué seguía gritándole, él había decidido ignorarla. Lo podía ver incluso entrando al auto cuando la saludó con descaro, a lo lejos, encender el motor y salir disparado de allí. Quizá lo mejor sería esperar a que se detuviera un poco más esa lluvia, o al menos un poco. Pero había un pequeño problema con eso. Su tía le había advertido que si llegaba más allá de las doce y media de la madrugada, iba a dejarla afuera, porque todos estarían durmiendo y no pensaba levantarse por Amber de ninguna manera. Miró su reloj y se sintió desesperar al ver lo tarde que era. ¿Cómo se le había pasado el tiempo tan rápido? Tenía que salir de allí, aunque fuera empapada, y era peligroso, su plan era correr y pedir un taxi que seguramente le saldría caro. Era la única opción, era eso o dormir afuera.

Dió una fuerte bocanada de aire y se abrazó con fuerza para correr por todo el estacionamiento en busca de la salida principal. Con la cabeza gacha y abranzado los libros de manera poco útil, corrió aún más hasta salir, corrió algunas cuadras y, de pronto, su pie resbaló contra un charco que la hizo caer de espaldas. Su trasero golpeó el asfalto con fuerza, en el suelo, empapada de pies a cabeza. Con las manos temblando de frío, se apresuró a recoger los libros para ponerse de pie. Le costó muchísimo, pero poco más pudo hacer y, doliéndole todo, pudo ver a su lado un lujoso auto estacionado, la ventana baja dejaba ver a alguien más allí, observándola ceñudo.

Sus ojos se cruzaron apenas un instante antes de que Amber decidiera seguir caminando a paso veloz. El auto la seguía, cubriendo cada metro hasta que el conductor le dijo:- ¿Entras? Voy a llevarte. Vamor, Amber, no me mires así, no soy tan malo.

Poco lo importó darle la contraria en ese momento y ponerse a discutir un rato más como siempre lo hacían. Tenía tanto frío que ingresó al auto sin importarle arruinar el bonito asiento. Se cubrió entera y su corazón soltó un latido desbocado al sentirlo tibio allí dentro.

-¿Podrías dejar de...? -Empezó a decir Aaron entre dientes. Entonces detuvo ela uto abruptamente y se estiró para tomar algo de los asientos traseros. De pronto le había extendido ese enorme abrigo que minutos atrás traía puesto-. Mierda.



TRomaldo

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En el texto hay: celos, celos y drama, corazon roto

Editado: 05.12.2019

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