Amor En Venecia

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CAPÍTULO UNO

Lia Ferrari

 

¿Si fuera tú viviría con tu familia así me detesten?

Sí.

¿Yo nunca hubiera abandonado a tu familia para trabajar cuidando a un grupo de perros?

La gran mayoría del tiempo escuchaba ese tipo de preguntas, mis otras compañeras de trabajo cada vez que me veían me decían lo feliz que serían si tuvieran a mi familia. Pero sé bien, que lo dicen porque no saben como es mi familia, en programas de televisión o en portadas de revistas muestran una familia feliz, como si vivir con ellos fuera el mismísimo paraíso. Eso es lo que nadie sabe, vivir con mi familia es como vivir en el infierno, discusiones por un lado y por el otro, insultos por allí y por allá. Así es mi familia, aunque nadie sabe como son realmente.

Hoy.

Son exactamente las cinco y cuarenta.

Estaba sentada en el prado, bajo un árbol mientras observaba a los cinco perros correr y saltar lanzando ellos mismo una rama al aire. De vez en cuando miraba mi móvil esperando que Maya responda a mi mensaje.

Mi trabajo consistía en sacar a los perros, darles un paseo y que hagan sus necesidades.

Bajo la mirada a mi móvil, en la pantalla puedo notar que es Maya, enviando un montón de emojis.

Veo como Lucas se agacha y hace sus necesidades, tomo uno bolsa limpia con papel adentro, cuando termina me agacho y le recojo. En ese instante pierdo de vista a los perros, los escucho ladrar pero no le doy mucha importancia.

–¡Oye chica, tus perros se han ido! –levanto la cabeza en dirección de un hombre con dos perros.

Lo observo asombrada y giro el cuello, veo los perros correr entre los carros.

Joder.

Corro como loca hacia el árbol, tomo las bolsas con las necesidades de los perros y con el celular en la otra mano y salgo corriendo atrás de los perros.

Malditos perros del demonio.

Cruzo la calle sin detenerme a mirar si puedo cruzar o no, simplemente me cruzo, varios autos frenan y hacen sonar el claxon.

Sigo corriendo como loca esquivando a la gente para no golpearlos con las bolsas.

Jodidos perros, nunca se me habían escapado.

Casi llegando a la esquina de esa calle veo a los perros correr felices, por la via no va pasando ningún auto lo que me hace saber que el semáforo esta en rojo, tomo impulso y corro más rápido. Cuando voy cruzando la calle el semáforo cambia a verde, escucho un auto venir en mi dirección a toda velocidad, me giro y miro hacia el frente, el auto frena de golpe, golpeando un poco mis piernas, rápidamente pongo las manos en el capó para no caer hacia atrás.

Mi pecho sube con rapidez, estoy estática. Dejo las bolsas y mi móvil sobre el capó del auto negro. La puerta del piloto y el copiloto se abren, primero veo a un hombre con el ceño fruncido cierra la puerta fuertemente logrando que saltara en el puesto, tiene las manos hechas puños, después veo a una mujer salir por la puerta del copiloto y acercarse a mi.

–¿Te encuentras bien? –pregunta con la voz baja.

Asiento.

–Casi la atropello, es que no se da cuenta que el semáforo estaba en verde –gruñe el hombre.

Escucho unos ladridos, miro hacia el otro lado de la calle, veo a los perros acostados en el suelo.

Lo único que hago es salir corriendo escuchando como el hombre demonio grita y la mujer rie suavemente.

Esos perros me la van a pagar.

Cuando llego al lugar donde están los perros me dejo caer al piso, con enojo tomo la correa de cada uno y les hago un nudo. Farfullo enojada. Me pongo de pie, y jalo a los perros ya que no quieren andar.

–¿Día agitado chica de los perros? –grita Dante con notoria burla.

–¡Demasiado! –le grito.

El local de comida de Dante se encuentra en la otra acera, hace dos meses conocí a Dante cuando iba corriendo y me tropecé con el justo en frente de el local.

–No hay nada mejor que uno de mis platos que no mejoren un mal día –habla mientras cruzo la calle esta vez mirando en ambas direcciones.

Cuando estoy frente a él lo abrazo en modo de saludo.

–Creo que tomaré tu consejo, pero vendré ahora, voy y dejo a los diablitos en sus hogares y vuelvo –rIo mientras Dante aprieta los labios para no reírse.

–Aquí te estaré esperando –responde.

–Entonces voy y dejo a los diablitos y ya regreso –hablo mientras me pongo en camino.

Wow.

Primer día de trabajo agitado después de un año.

*

Me dejo caer sobre mi cama, un suspiro de cansancio escapa de mis labios. Ya había dejado en la casa a los diablitos. Apenas llegue, fui a la cocina y tomé un vaso de agua fría.

Ya me había bañado y vestido, odio sentir mi cuerpo sudado.

Me senté en el orillo de la cama, estiré mis piernas, me impulsé y me puse de pie. Camino hasta la puerta, tomo las llaves que están sobre la barra de la cocina junto a mi bolso.

Abro de la puerta del apartamento, y salgo, cierro la puerta con demasiado cansancio.

–Que día –murmuro.

Bajo las escaleras teniéndome del barandal.

Salgo del edifico, guardo las llaves en mi bolso, miro la hora en el reloj de mi muñeca.

Siete de la noche.



katteh

Editado: 01.12.2019

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