Amor Maldito

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PRIMERA PARTE

Samuel Castaño era una promesa en el entorno de la justicia. Su padre había sido un juez ilustre, querido y admirado por su buen hacer, y se esperaba que el joven Samuel siguiera los pasos de éste. Por eso, el conde Lucio Galáns no había tenido ningún reparo en permitir que Samuel cortejara a su hija, Carmen, y, tras un periodo prudente de noviazgo y compromiso, se celebrara una boda.

Como era costumbre en pleno siglo XIX, la pareja recién casada iniciaría un viaje para saludar y conocer a los parientes que no habían podido asistir a la boda. Pero no irían solos. La hermana de Samuel, Eira les acompañaba. La joven se estaba recuperando de una enfermedad y Carmen había insistido en que le vendría bien hacer el viaje para cambiar de aires. Samuel no estaba convencido pero aceptó para no disgustar a su esposa.

Don Lucio había insistido en que visitaran a un primo del que hacía tiempo no tenía noticias. Desconocía si seguía vivo o no pero sabía que tenía un heredero. Antes de que los recién casados partieran de viaje explicó el motivo por qué se habían roto las relaciones con su primo.

─Hubo un tiempo en que mi primo, Enrique, y yo nos llevábamos muy bien pero, tras la muerte de su esposa se aisló. Al principio manteníamos correspondencia pero dejé de hacerlo cuando mis cartas no eran correspondidas. Me gustaría tener noticias de él y su descendencia. Llegué a conocer a su primogénito. Era mayor que vosotros, así que es de esperar que esté casado y tenga algún hijo. Creo recordar que se llama Bruno. Le envié una invitación a la boda pero ya habéis visto que no se presento. También le envié una carta anunciando vuestra visita. Espero que le haya llegado.

Samuel aseguró a su suegro que visitarían a todos los parientes y traerían noticias de ellos.

El viaje se inició de madrugada y la primera visita que realizaron fue a unos primos que vivían unas millas más al sur y no habían asistido a la boda porque la prima Elisa estaba a punto de dar a luz. Permanecieron con ellos el tiempo suficiente para conocer a la nueva criatura.

Después continuaron el viaje hacia el este. Tras visitar a unos amigos y otros parientes en cuatro pueblos diferentes se encaminaron, finalmente, hacia el castillo de la familia Galáns.

Tardaron varios días en llegar al castillo que estaba cerca de una aldea llamada O Piornedo, en las montañas de los Ancares, en Lugo.

El camino era difícil, tortuoso y resbaladizo por los barrizales que se formaban con la humedad y las hojas de los robles que abundaban en el lugar.

Llegaron una tarde en la que la niebla subía por la ladera de la montaña y amenazaba con cubrir el castillo y la cima de ésta. Hacía frío y la humedad mojaba las ropas.

El castillo tenía la estructura típica de una fortaleza de la Edad Media. De construcción regia, la muralla exterior tenía un grosor de unos tres metros, ampliándose éste en la entrada, que llegaba a los seis metros. Sobre la puerta de acceso, en un arco de medio punto, se podía apreciar el escudo de armas.

A la entrada del castillo se encontraba la capilla que estaba dedicada a la Virgen María, aunque hacía tiempo que no se celebraban oficios en ella y las figuras santas, junto con la cruz que se erigía detrás del altar, estaban cubiertos por telas.

El castillo tenía una planta cuadrada de cuatro torres en los vértices y una torre homenaje de tres plantas. Aquí era donde se encontraban la mayor parte de las habitaciones que se utilizaban como vivienda.

Samuel pidió al cochero que esperara a ser atendido por algún criado. Llamó a la puerta haciendo sonar una campana.

Eira se encogió bajo su capa. Tenía frío y había empezado a tiritar. Carmen la abrazó para darle calor.

Samuel insistió en llamar. Parecer que nadie respondía. Empezó a impacientarse. Los caballos del carruaje también se mostraban nerviosos y el cochero tenía dificultad para calmarlos.

Transcurridos unos minutos, que se les hicieron eternos, oyeron que alguien abría la puerta.

Un hombre de media estatura, cabellos canos y ojos oscuros los miró con curiosidad. Vestía el traje típico de un mayordomo.

─¿Quiénes son y qué desean? ─preguntó mostrando un semblante serio, aunque su mirada se paseaba con curiosidad por todos los recién llegados.

─Soy el señor Samuel Castaño, primo político del conde Bruno Galáns. Mi esposa, doña Carmen es prima segunda del conde. Hemos contraído matrimonio recientemente y nos gustaría visitar a nuestro pariente. ¿No han recibido la carta que anuncia nuestra llegada? La envió el conde Lucio Galáns, mi suegro.

─No, lo siento. El correo no llega con regularidad a este sitio.



A.M. Lomba

Editado: 12.02.2019

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