Amor o Atración -Saga Amor o Atracción Libro 1

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CAPÍTULO 2

El año casi terminaba y finalmente llegó diciembre, el mes favorito de Jesse. 

Ella estaba muy emocionada; ella esperaba ansiosamente, tal como sucedía cada año, los regalos que recibiría de sus padres.

— Nena, ven aquí.

— ¿Me compraste un regalo? ¿Qué es?

— Debes averiguarlo tú misma.

— Bien —expresó la niña.

Jesse recibió el regalo de su padre  y tiró del papel que lo cubría... y un grito se escapó de su boca.

— ¿Te gusta?

— Sí, gracias papá ¡Me encantan estos zapatos!

— Ahora abre el mío —le instó Jennifer al ver su entusiasmo.

— ¡Mamá es lo que estoy pensando! 

Ella abrió completamente el regalo y otro grito se escapó de sus labios

— ¡Me fascina! Los quiero mucho a los dos.

Ella los abrazó mientras ellos la llenaban de besitos.

— Me da pena no tener un regalo para ustedes.

— Pero estamos celebrando tu cumpleaños, no el de nosotros —dijo Jennifer.

— Aun así,  yo quisiera poder darles algún regalo a ustedes.

— Pequeña tú eres nuestro regalo —habló su mamá.

— ¿Qué tal si ahora comemos aquél delicioso pavo relleno que Jennifer preparó?

— Mamá, papá tiene hambre.

— Ya lo veo hija, vayamos a comer entonces.

Los tres se sentaron alrededor de una mesa... y Jennifer repartió el pavo.

— Me gustaría que Izhar estuviera aquí —expresó.

Y lo decía de verdad pues después de pasar varios meses conviviendo con él, ella se había acostumbrado a su presencia y había olvidado la predisposición que sentía al principio en su contra. 

Pero eso no quería decir que ella no le hacía pequeñas bromas.

— Él está con su familia nena —expresó su papá.

— Han pasado tres meses desde que llegó. Veo que te agrada mucho —comentó Jennifer.

— Sí, igual a ustedes les agrada ¿Verdad?

— Sí, es un buen muchacho —afirmó Willy.

— Pensé que solo yo los extrañaba, pero ya veo que ustedes también me extrañan.

La niña al reconocer esa voz elevó su mirada y sonrió.

— ¡Izhar, estás aquí! —expresó Jesse quien se levantó rápidamente y lo abrazó.

— Hija, deja a Izhar; él debe estar cansado —habló Jennifer.

— Siéntate hijo —intervino Willy.

— ¿Te apetece un poco de pavo? —preguntó Jennifer.

— Confieso que comí mucho, pero aun así no me importaría probar un poco de ese pavo que se ve muy delicioso.

— Sí, es cierto; el pavo está muy delicioso —afirmó Jesse mientras volvía a sentarse.

Tras haber comido y luego de un tiempo de conversación,  todos se retiraron de la mesa y fueron a sus respectivas habitaciones. 

La niña Jesse quien seguía entusiasmada, no dejaba de mirar los regalos que sus padres le habían obsequiado.

— ¿Aún despierta? —escuchó.

Ella dirigió la vista hacia la puerta y pudo ver al joven.

— Sí, entra.

— ¿Regalos de tus padres?

— Sí, siéntate Izhar.

— Lindos zapatos.

— Lo sé, me gustan y de igual forma me gusta la muñeca; ambos regalos se los había pedido a mis padres, un día cuando me llevaron al centro.

— ¿Te gustan mucho las muñecas?

— Claro, soy una niña y las niñas juegan con muñecas ¿Te parece bien?

— Claro, eres una niña que merece divertirse.

— El próximo año será mi último año antes de crecer, así que debo aprovechar y jugar con muñecas, antes de dejarlas a un lado.

— ¿Quieres crecer?

— Quiero tener tu edad.

— ¿Por qué?

— Mañana —comentó Jesse, desviando así la línea de conversación hacia otra dirección— me pondré estos zapatos para nuestro paseo y luego seguiremos con mis prácticas.

— ¿Paseo? ¿Prácticas? —preguntó el joven fingiendo no saber de lo que hablaba la niña.

— Lo prometiste —dijo y sus ojos y nariz se tornaron de un tono rojizo alrededor. 

— Bien, pero de ninguna manera permitiré que dañes esos zapatos, debes utilizar otros —dijo y ella sonrió.

— Gracias, sabía que no me defraudarías.

— ¿Y dices que cumplirás diez años? Tu poder de persuasión es igual al de una mujer mayor —dijo y Jesse le golpeó en la cabeza.

— ¡Ay! —dijo el joven quejándose— Incluso golpeas más fuerte que mi abuelita.

— ¿A quién llamaste anciana? —gritó y el joven detuvo sus manos justo a tiempo.

— Calma —dijo pegándola a su pecho donde pudo sentir lo acelerado de su corazón—… pequeña fierecilla ¿Acaso tendré que domarte? —preguntó y ella empezó a reírse.

— Eres muy gracioso. Me hiciste acordar de un cuento.

— ¿Sobre la fierecilla domada?

— Sí, es muy bueno —dijo y señaló sus nuevos zapatos —. Mañana los estrenaré, pero me los quitaré cuando me toque nadar.

— Pequeña, aprendes rápido. Estoy sorprendido con tus avances en natación ¿Cuándo ya sepas nadar perfectamente te enseño defensa personal? —expresó el joven y los ojos de Jesse brillaron.

— ¿Harías eso por mí?

— No, solo bromeaba.

— Por favor —dijo uniendo sus manos en señal de súplica.

— No, es mi última palabra —dijo y la niña aceptó su negativa por el momento.

— Está bien Izhar.

— ¿Te rindes tan fácil? —dijo y cuando menos lo esperó, Jesse estaba sobre él haciéndole cosquillas o eso intentó. 

El joven Izhar pudo atrapar sus manos y ella no pudo hacer nada.

— Por favor, por favor —dijo y lo miró dedicándole una tierna sonrisa.

— Está bien, tú ganas, pero ya deja de sonreír.

— ¿Mi sonrisa es tu debilidad?



Hellen

Editado: 19.06.2019

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