Amor ortodoxo

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 6: Propuesta

Sin pensar en nada más y dejándome llevar por la pasión desbordante del momento, dejo de besarlo para aceptar su invitación de ir a su departamento. Así, con rapidez sujeto su mano y salgo del salón privado que mi acompañante previamente pidió en el restaurante. A continuación, subo a su automóvil y en menos de media hora, llegamos a nuestro destino.

Estando en el enorme edifico de casi veinte pisos, él tan urgido como yo, se apresura para que tomemos el elevador. Y en cuanto nos hallamos frente a la puerta de su hogar, tras una sesión de frenéticos besos, él abre la puerta y sin demorar otro segundo, una vez adentro, me presiona contra la pared, acaricia mis piernas y saquea mi boca.

―Espera, tranquilo ―pronuncio con la voz entrecortada y colocando mis labios en su cuello con deseo, agrego―: Vayamos a tu habitación.

―¿Por qué no lo hacemos aquí?

―Porque me provoca hacerlo en tu cama, no contra una pared.

Ignorándome por completo, él sube más mi vestido con sus manos y acaricia mis largas piernas. Asimismo, baja sus besos a mis senos, haciéndome gemir. No obstante, aunque me excita de sobremanera, lo empujo.

―Hablo en serio. ―Señalo un tanto enfadada―. Quiero sexo, pero en la cama.

―Eres muy terca. No lo sabía, pero me gusta.

Finalmente me suelta y me lleva a su habitación donde rápidamente, cumple mis deseos y me empuja hacia la cama.

Mientras lo espero en el lecho, él se baja los pantalones para luego posicionarse sobre mí. Nuevamente, nuestros labios y lenguas se fusionan. Y en tanto él se dedica a lo suyo, yo por mi parte, para acelerar las cosas, dirijo mi mano a su entrepierna. Él reacciona contento y lleva sus manos a la cremallera de mi vestido para despojarme de mi prenda y así me quede únicamente en ropa interior.

―Eres preciosa. Desde la primera vez que te vi, te deseé.

Sus palabras y la forma en la que sus ojos recorren mi cuerpo, me excita aún más. Por lo cual, empiezo a desabotonar su camisa y mientras lo hago, dejo dulces besos en su pecho. Asimismo, libero su miembro al ayudarlo a quitarse su prenda íntima y él, me imita y me quita mi sexy lencería.

Al quedar ambos desnudos, mi amante aprovecha y me provoca una ola de placer al introducir sus dedos en mi vagina. Ante tal acción, gimo una y otra vez; acerco mi boca a su cuello y lo muerdo. Observo sus bellos ojos azules que me recuerdan el cielo, pero lo más importante, me recuerdan a…

No puedo controlarme y grito; arqueo mi espalda hacia atrás debido al maravilloso orgasmo que él me ha dado.

Observo que una sonrisa de satisfacción se instaura en los labios de él cuando intercambiamos miradas y posterior, calma mis calientes ánimos con un beso apasionado.

―No he terminado. Aún estoy ansioso por seguir probándote.

Se acerca al buró, toma un condón, se lo coloca y susurra en mi oído.

―Soy tu fan. Jamás he estado con una mujer como tú. Haré que esta noche sea eterna para ambos.

La frase de «Soy tu fan» me saca de mis cavilaciones. Desesperada, envuelvo mis dedos en su cabello y lo atraigo hacia mí para probar su boca con una necesidad nunca antes sentida. Abro las piernas para recibirlo.

―Te deseo, quiero ser tuya y de ningún otro.

Sin esperar otra palabra de mi parte, en un instante, él se introduce en mi cuerpo y gimo llena de placer.

El hombre que tengo sobre mí y dentro de mí, no me deja descansar y continúa penetrándome con más fuerza, volviéndome loca.

En este momento, simplemente, no puedo parar de acariciarlo y gemir. Y así, luego de varios minutos, siento que no puedo más. Mi respiración está acelerada y termino profiriendo su nombre:

―¡Isaac!

―¡Susan!

Grita mi nombre al llegar al orgasmo. Sale de mi interior y se coloca a un lado mío en la cama.

Cierro mis ojos y ambos tomamos una pausa llena de silencio para tranquilizar nuestras respiraciones. Sin embargo, el mutismo reina durante poco tiempo ya que él lo rompe de manera abrupta.

―Eres tan maravillosa que obviaré el pequeño incidente de hace un minuto.

―¿Qué incidente? ―inquiero asombrada, aún agitada.

―El hecho de que gritaste el nombre de otro hombre cuando llegaste al orgasmo y no el mío. ¿Sabes? Eso es muy ofensivo, pero bien… Me hubiera encantado que gritaras: Jeremy.

―¿Qué? ―expreso levantándome y mirándolo a los ojos.

―¿No te diste cuenta? Gritaste el nombre Isaac ¿Quién es él? ¿Tu novio? ¿Algún otro amante? Estoy seguro que durante todo el sexo estuviste pensando en él y las palabras que dijiste antes que te penetrara, iban dirigidas a él. Pero como te dije, obviaré ese problemita porque eres una mujer fenomenal.



Julissa Snchez Arias

Editado: 07.09.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar