Amor ortodoxo

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 7: El amor ha tocado mi puerta

Mis encuentros con Isaac han estado de maravilla. Durante este periodo de tiempo, hemos tenido las típicas citas a lugares como cines, parques, restaurantes y sitios de comida rápida. Sin embargo, y aunque para cualquiera esto parecería aburrido, me he sentido feliz. A la verdad, pese a que me parece extraño en mí, el haber visitado sitios majestuosos como las cascadas Range y las montañas Siskiyou con Isaac, se me hizo igual que ir a cualquier otra área por el simple hecho de que él estaba conmigo.

Y como si lo anterior fuera poco, me agrada que estos momentos hayan servido para conocer más acerca de Isaac. Así, a diferencia de hace días, ahora sé que él es hijo único, tiene veintiocho años, su color favorito es el rojo, es arquitecto y entre otras cosas, posee su propia empresa dedicada a la industria de la construcción. Todo esto, sumado a que es encantador y que a pesar de que tenemos algunos gustos diferentes podemos encontrar el equilibrio, me tiene cautivada. Es más, si bien, Isaac no me ha vuelto a besar y tampoco me ha pedido ir a su departamento para tener relaciones sexuales, no me siento molesta; me he divertido tanto a su lado que la posibilidad de tener coito ya no me es tan indispensable.

El único inconveniente que ha surgido en un mes y medio, desde que acepté darle una oportunidad a Isaac para conocerlo, fue un incidente con mi familia el cual no fue precisamente porque mi hermana nos haya visto besándonos, ya que no nos vio porque estaba ocupada con su yogurt.

 

―¡Susan! Llegó esto para ti.

Me percato de que Andrea entra corriendo a la sala con algo en sus manos.

―¡Que hermoso! ¡Qué detalle más romántico! ¿Quién te lo habrá enviado?

Ignoro la pregunta de mi madre y me dedico a contemplar las hermosas rosas color salmón y los chocolates que se ven exquisitos.

Si bien es cierto que tengo muchos admiradores, no sé de quién se pueda tratar este bello obsequio. Por lo cual, tomo la tarjeta y leo para mí misma:

«Gracias por darte una oportunidad de conocerme. Espero que algún día me brindes el honor de ser mi pareja. Créeme, primero amé la pasión con la que escribes tus libros y deseo con todo mi corazón, que ese amor se traslade a ti, a la Susan verdadera, a la mujer detrás del libro».

 

Era demasiado bueno para ser cierto. Tenía que haber sabido que mi tranquilidad era la calma antes de la tormenta.

Aún me duele la cabeza debido a las múltiples preguntas de toda mi familia acerca de quién era «Tu mayor fan; al que tienes a un paso de la locura del amor». No puedo olvidar el interrogatorio infernal que pasé con el lado cursi de mi pretendiente y menos, el momento en que mi brillante hermana sacó como conclusión que mi enamorado era Isaac. Y sí, dio en el blanco pues Stewart firmó la tarjeta de esa forma, pero por ello se hizo un escándalo colosal donde al final no me quedó otra opción que certificar la hipótesis de Andrea y explicar que me estaba tomándome un lapso de tiempo para conocerlo.

Aquella mañana, la emoción de mi familia y mayormente la de mi madre, fue exagerada. Pero eso es lo que analizo ahora, ya que en ese instante estaba demasiado nerviosa y sorprendida por haber soltado con tal facilidad la verdad, que no tenía nada más que procesar. Con todo, concluyo en que si lo hice, fue porque si tarde o temprano Isaac y yo llegamos al noviazgo, no tendría razón de ser el seguir ocultando su cercanía conmigo.

―Las debidas correcciones del manuscrito final están listas. Sólo falta que pase una última revisión, pero no creo que eso sea problema. El segundo volumen, en definitiva, es mejor que el primer libro.

Las palabras de Arthur me alejan de mis pensamientos y me crean la mejor de mis sonrisas ante esta gran noticia. Por un segundo, había olvidado que estoy encerrada en mi habitación, hablando vía Skype con mi mejor amigo, un amigo que me ha hecho saber que mi periodo de dos meses y medio en Ashland no han sido en vano.  

―Este libro será otro gran éxito y lo principal, es que puedes regresar a Nueva York en este mismo instante.

―¿Qué? ―Digo alarmada dejando mi gozo a un lado―. Arthur, yo no me puedo ir ahora. ¿No lo recuerdas? Acordamos que estarías aquí por tres meses. Necesito más tiempo.

―¿Por qué? Tú odias vivir con tus padres. Pensé que te estaba haciendo un favor. ¿Qué sucede? ¿De repente no te quieres distanciar de los puritanos señores Mowrer? ―Ríe por lo bajo y un poco más serio, añade―: Además, debemos preparar la conferencia de prensa en donde anuncies el lanzamiento del segundo volumen de la saga y calendarizar tus presentaciones de firmas de libros e interacción con tus seguidores.



Julissa Snchez Arias

Editado: 18.09.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar