Amor, Poder Y Obsesión: Nivel 1 Vol 1

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CAPÍTULO SEIS

CAPÍTULO SEIS

Kathleen

Estoy guardando los últimos juguetes en los baúles de plástico del salón de juegos, cuando oigo que alguien entra al cuarto con pisadas suaves. Oigo como desliza una silla para sentarse, y al girarme para ver de quien se trata, veo a Theresa.

Sentada con sus piernas cruzadas, observándome con curiosidad. Analizándome en su cabeza meticulosa.

Alcanzo una Barbie sin cabeza y la guardo en el cajón rosa, y al hacer un repaso visual de la habitación, veo que ese ha sido el último juguete que me quedaba por guardar.

—¿Por qué necesitabas saber que fue lo que trajo a esa niña a este sitio? —inquiere ella, con tono crítico—. Aprecio la labor que haces por este lugar, el cariño que tienes con esos niños, pero Kathleen, no es nuestro derecho saberlo todo sobre esos niños.

—Usted lo sabe —Replico a la defensiva, ganándome una sonrisa irónica suya.

—Sí, pero eso nos lleva de nuevo a mi pregunta.

—Creo que se me ha hecho tarde, Theresa —Zanjo el tema, por el bien mutuo de esta relación.

Recojo el abrigo de mi bolso y me lo pongo, ella me sigue de cerca, siempre con una taza de té en las manos.

—Tu curiosidad puede dañarte más de lo que crees, Kathleen.

—Eso me lo han dicho antes —Espeto, sin mirarla a los ojos.

Me acomodo el cabello fuera de la cazadora verde militar, y luego me cuelgo el bolso de mis hombros.

—No sirve de nada ser terca, ¿Sabes? —Asiento irónicamente con mi cabeza restándole importancia a sus palabras—. Si quieres saber él porque está aquí está niña, creo que ambas sabemos la causa, cuando sepas realmente cuál es tu pregunta. Estaré aquí, esperando que me la digas.

Oigo que se le aleja con diminutos y pequeños pasos, todos de corrido, pareciendo que camina más de la cuenta cuando únicamente hace lo mejor que puede para moverse.

Al salir del hogar de niños, mi cerebro entra en shock permanente. Veo a mi alrededor, y noto como el tiempo pasa, a medida que avanzo sin un rumbo fijo en mente. Me gano la mirada de mucha gente que pasa lentamente por al lado mío, apenas les prestó atención.  Mis pensamientos nublan mi visión de la realidad, mi capacidad de pensar con extremada claridad.

Escucho el ruido de las bocinas a pocos metros, diviso el alboroto de coches estacionados sin poder avanzar demasiado. Sin embargo, puedo ver todo a mi alrededor, y no estar viendo absolutamente nada. He cedido el derecho de mover mi cuerpo a alguien más, o así se siente.

Mi corazón palpita, muy rápido, siento cada latido sincronizado ir cada vez más rápido de lo normal. Mi respiración los acompaña, me quedo quieta en una esquina, apoyando las manos sobre mis rodillas, intentando recuperar el aire que se fue yendo de mis pulmones, dejándome a la deriva. Me siento a la deriva en muchos sentidos, lo cual es muy complicado para que pueda explicarlo, porque ni yo llego a saber porque me siento así.

Apoyo mi cuerpo contra la columna de un semáforo, me quedo quieta allí, pensativa.

Busco en mi bolso con mis manos torpes temblando, muevo las pocas cosas que llevo dentro y cuando encuentro el pequeño bolsito, lo agarro y de adentro encuentro lo que necesito para calmarme. Impedir que los recuerdos nublen mi presente. Tener de nuevo control sobre mí misma.

Trago una pastilla de una medicación que se mastica lentamente hasta, que de a poco se va deshaciendo en la boca. Vivo pensando, vivo esperando, y no gano nada. Nunca obtengo nada bueno cuando un pensamiento se estanca en mi cabeza.

La niña nueva en el hogar, toco algo muy hondo de mis recuerdos, cosas que prefería tener encerradas para mí misma.

Vuelvo a pararme y seguir caminando, pero mis ojos ya se cristalizaron, mi visión está nublada por las lágrimas que mantengo retenidas en mis ojos, impidiendo que se deslicen por mis mejillas. No quiero llorar, tampoco que nadie me vea haciéndolo; no necesito que la gente crea que soy más débil de lo que creen.

La voz de Theresa se retuerce como un puñal en mi pecho, lo cual hace que busque la verdadera pregunta que debo cuestionarme.

Dada la poca distancia entre el orfanato y mi casa, veo mi casa en la otra esquina de la cuadra. El alivio recorre mi cuerpo, como un baldazo de agua fría. Una ráfaga de viento de lluvia me desordena todo el cabello. Cuando vuelvo a mirar al frente, las luces de un coche que se acaba de estacionar a mi lado en la acera, me deja ciega con los dos faros amarrillos.

Ignoro que el auto se haya parado allí por mí, y con esa idea en mente acelero mi ritmo, mis pies se mueven rápido, y de fondo, afino el oído esperando no escuchar que nadie me siga. Tengo una terrible obsesión cuando me manejo sola en la ciudad, y es que no puedo dejar de mirar hacia atrás durante todo el recorrido, por el miedo de girar mi cabeza sobre mi hombro y ver a alguien que me esté siguiendo. Cuando giro mi cabeza no veo a nadie, y eso quita un dolor de cabeza para mi persona.

Recibo un mensaje de Britt, y al verlo, recuerdo que le prometí esta tarde ir a ayudarla a comprar un regalo para la boda de su mamá, y yo aquí, huyendo de fantasmas irreales e inexistentes, cuando debería estar tomando un colectivo para ir al shopping. Suspiro, y le tecleo rápidamente, diciendo que estoy yendo hacia allá.



micaelafandi

Editado: 29.12.2018

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