Amor y Magia Negra

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Capítulo cincuenta y cuatro: El juicio

El gato que los había observado desde una distancia se acercó corriendo a las niñas mientras podían ver sus hermosos ojos verdes que creaban una gran armonía con su pelaje grisáceo y negro. Antes de que el gato chocara contra ellas, éste se desvaneció ligeramente en el aire antes de comenzar a tomar una forma humana, provocando que las chicas retrocedieron con miedo mientras guardaban sus lágrimas por lo que acababa de suceder. Unos segundos más tarde, la profesora McGonagall se alzaba ante las chicas con su sombrero un poco de lado. Calynn y Lily la miraron estupefactas, ¿cómo era posible que la profesora pudiera convertirse en un gato? La impresión duró poco ya que la profesora se dio cuenta de lo que de la situación de ambas pequeñas, con tan sólo observarlas era posible darse cuenta de que habían sido partícipes de un asesinato.

La profesora primeramente las recorrió de pies a cabeza, observando los rastros de sangre que habían llegado hasta la parte más baja de la túnica de ambas chicas para después observar las palmas de sus manos totalmente rojizas, el rastro de aquel rojo carmín de ambos padres de la pequeña Black estaba impregnado hasta el fondo del alma de ambas. Después de observar esa escena, Minerva intentó desviar la mirada cuando se dio cuenta del cuerpo inerte de Meryl detrás de ambas niñas. La rubia se encontraba con los ojos sin vida totalmente abiertos y con una expresión de horror marcada en su totalidad, la piel cada vez más pálida sólo la hacía parecer cada vez más demacrada mientras que la rigidez y temperatura de su cuerpo eran señales de la inexistente vida de la pequeña, conservando la forma de la verdadera Meryl Johnson como les había explicado a Calynn y Lily hace sólo un par de días.

Por último, la profesora se dio cuenta de la situación, las personas que pasaban alrededor de las pequeñas con naturalidad tornaban sus gestos inexpresivos a unos de asombro, algunos incluso buscando ayuda o huyendo lo más rápido de aquel lugar. Minerva se percató de eso y exasperó mientras volteaba a varios lados con desesperación, escrutando con la mirada cada uno de los extremos de las calles hasta que volteó la mirada hacia las niñas.

—¿No han visto al profesor Dumbledore? —cuestionó la mujer con gran preocupación en el rostro a ninguna de las niñas en específico para que después recibiera una negación de cabeza por parte de ambas. La profesora se desesperó todavía más cuando unos pasos detrás de ellas llamaron su atención, revelando al anciano director que se acercaba con cautela, posiblemente había hecho su aparición detrás del edificio para evitar ser visto por cualquier Muggle. El hombre se paró en seco al ver el cadáver de la rubia para después observar a las demás niñas que tampoco estaban del todo bien.

—Profesora McGonagall, necesitamos llevarnos a la Srta. Johnson de aquí lo más pronto posible, ¿podría irse al colegio a través del traslador que acordamos hace unas horas? De esta forma me adentraré con ambas niñas hacia el interior del Ministerio de Magia, terminando con todo este problema —comentó el director, recibiendo un asentimiento de cabeza por parte de la profesora—. Esperemos que después de lo que posiblemente ya fueron notificados por el grupo de aurores, recapaciten hacia qué persona deberían de tener algo en contra —terminó Dumbledore mientras se dirigía a las niñas, dejando que la profesora emprendiera el viaje con la pequeña inerte y las cosas de Calynn, dejando a ambas amigas y al profesor totalmente solos en aquella calle.

Después de un segundo, el director indicó que lo siguieran con cuidado por la calle, ayudándoles a cruzar al otro lado, acercándose cada vez más a una cabina telefónica que se podía ver a lo lejos. Caminaron algunos pasos más mientras nadie se atrevía a decir nada hasta que llegaron a aquel lugar. Dumbledore abrió la puerta dándole el paso a ambas chicas mientras les indicaba que ocuparan el menor espacio posible ya que tenían que caber los tres en ese mismo lugar. Dumbledore entró después mientras cerraba la puerta y comenzaba a marcar un número en el teléfono de la cabina, acercándose el auricular, esperando una voz.

—Bienvenidos al Ministerio Británico de Magia, mencione su nombre y el motivo de su visita —resonó una voz femenina por toda la cabina.

—Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore, vengo escoltando a la Srta. Lilliane Evans y a la Srta. Calynn...—hizo una pequeña pausa—. Calynn Black.

—Gracias —respondió la voz de mujer—. Visitantes, tomen la identificación y colóquensela en la ropa en un lugar visible, por favor.

En seguida, un pequeño tintineo se escuchó dentro de la cabina y ambas chicas pudieron ver que tres cuadrados descendían por donde normalmente salen las monedas. Dumbledore tomó la suya y después, las niñas, extrañadas, tomaron cada quien uno y pudieron ver que eran las identificaciones que les había dicho la mujer, cada una con su nombre y justo debajo de este se podía leer "juicio penal." Ambas chicas se miraron extrañadas, pero antes de que alguna de las dos pudiera mencionar algo, la mujer volvió a hablar.



Sabrina C.

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En el texto hay: magia, jkrowling

Editado: 18.01.2019

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