Amor y Magia Negra

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Capítulo cincuenta y cinco: Papá

El despacho del director estaba desierto, a pesar de que a través de las ventanas era posible observar algunos alumnos que se apresuraban a regresar al castillo, el silencio reinaba en aquella habitación. Las chicas todavía no podían ocultar aquella felicidad de estar finalmente libres de todo peligro después de todo ese tiempo de batallas. Observaron el despacho con cariño, era obvio que ambas chicas habían pensado que tal vez nunca más serían capaces de estar presentes en aquella habitación. Todo estaba intacto, todo se mantenía igual que como lo habían abandonado esa misma mañana a excepción de una caja de marfil rectangular de tamaño bastante grande tanto de largo como de ancho. Calynn se acercó con curiosidad para después observar que ese tipo de caja contenía su propia tapa del mismo material. La pelinegra empujó con bastante fuerza aquella tapa mientras escuchaba la aproximación de unos pasos justo detrás de ella para después observar el cadáver de Meryl ante sus ojos una vez más. Le habían arreglado la túnica para que se viera menos doblada, habían lavado y quitado las manchas de sangre que habían quedado estampadas en su ropa, le habían escondido sus ojos detrás de sus párpados, la mueca de horror había bajado su intensidad y sus manos se encontraban juntas, pegadas a su pecho y con una rosa entre sus dedos. 
Calynn sintió la compañía de Lily junto a ella poco después mientras ambas lloraban en silencio, entendiéndose completamente la una a la otra, con el corazón estrujado. Dumbledore se acercó a ambas con cautela y en silencio para después dejarles un pedazo de un pergamino y un tintero con pluma sobre la tapa de marfil. 

—Pensé que tal vez ustedes serían bastante indicadas para escribir el epitafio que se labrará en su tumba, piensen en algo que les recuerde a ella y que le expresen el amor que le tienen al mismo tiempo —comentó el anciano mientras Lily y Calynn se miraban. La pelirroja tomó la iniciativa mientras escribía una lluvia de ideas mientras que la pelinegra cerró sus ojos, de los cuales aún brotaban lágrimas, y comenzó a pensar en algo que le recordara a ella. Lo primero que se le vino a la mente fueron sus bromas y su buen sentido del humor que solía tener, todas aquellas carcajadas en el Gran Comedor que solían sacarle más de una sonrisa, ese fue el tesoro de Calynn durante muchos meses. La palabra "tesoro" le resonó en los oídos, sonaba bien, parecía única, se escuchaba sin igual, pero había algo más en aquella palabra que le hizo analizar más a fondo aquel sentimiento especial que le generaba la palabra. Fue capaz, por un momento, de recordar parte de su pasado. Había bajado las antiguas escaleras de su casa de la calle Hilandera con un gran sigilo mientras se acercaba al cubo de basura que se encontraba en la cocina. Metió la mano sin pensarlo mientras sacaba tres libros de lomo bastante grueso y subía los escalones de regreso a su habitación. Intentó recordar el nombre de aquellos libros pero le fue imposible, por lo que se dejó llevar en sus recuerdos. Había tomado uno de esos ejemplares mientras lo colocaba en sus piernas para leerlo con tranquilidad mientras era capaz de sentir la textura de las páginas en la punta de sus dedos como si estuviera allí una vez más. La letra extremadamente pequeña se podía observar en cada una de esas hojas separadas por capítulos, al parecer todos o la mayoría llevaban el nombre de una persona como Juan, Lucas, Marco pero por alguna razón se había detenido en el apartado que llevaba por nombre "Mateo." En aquella página, una ligera frase en negritas llamó su atención y se dispuso a leerla con curiosidad: "Donde esté tu tesoro, allí está tu corazón" 

—Ya la tengo —mencionó la pelinegra a Lily sin cuidado alguno. La pelirroja sólo le entregó la pluma con extrañeza. La pelinegra escribió lentamente la frase con una muy buena caligrafía para que después Lily la leyera y esbozara una sonrisa, al menos le había gustado—. Mi madre solía tirar a la basura algunos libros que consideraba que no eran importantes, por lo que yo me escabullía para sacarlos de ahí y tener algo con lo que entretenerme cuando ustedes estaban en la escuela. Por alguna razón se me vino el recuerdo de esta frase en particular, no recuerdo el título del libro pero creo que me pareció muy profunda aquella frase —mencionó Calynn mientras Lily asentía con la cabeza, las lágrimas seguían saliendo de las cuencas de sus ojos sin poder evitarlo—. Era nuestro tesoro Lily, era la única que lograba hacernos olvidar de nuestra realidad durante todos estos meses, era ese tesoro escondido en el cuerpo de otra persona pero igual de valioso. Nuestro corazón está en la esencia de su persona cuando era capaz de hacernos felices de un momento a otro —susurró—. ¡Además proviene de un libro! —exclamó mucho más fuerte de lo que había dicho con anterioridad—. Tú adoras los libros y ella también lo hacía. 

Lily la miró únicamente asintiendo con la cabeza sin decir nada antes de dejarse caer sobre el hombro de su compañera y soltarse a llorar como no había tenido oportunidad de hacerlo durante todo el día. Una vez que ambas chicas se habían tranquilizado, le entregaron a Dumbledore el pergamino y a McGonagall la pluma y el tintero para después escuchar un grito ahogado por parte del director. 



Sabrina C.

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En el texto hay: magia, jkrowling

Editado: 18.01.2019

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