Amor y Magia Negra

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Capítulo quince: El Callejón Diagon parte II

Cuando los tres amigos salieron del banco de mármol, sacaron su lista del sobre dorado de Hogwarts y la leyeron, alzaron la vista y observaron las fachadas de los edificios viejos.

—Creo que deberíamos buscar una tienda donde vendan túnicas —comentó Lily.

Los amigos comenzaron a caminar por el extenso callejón observando cada escaparate esperando encontrar las túnicas.

—Este callejón es enorme —dijo Calynn admirando cada sitio del callejón.

Seguían caminando y el calor los abatía hasta que las dos niñas se quitaron el suéter que traían puesto desde que salieron.

—¿No tienes calor Sev? —preguntó amablemente Lily.

—No, estoy bien, gracias —dijo Severus tratando de escabullirse de la conversación.

—¿Por qué no te quitas el suéter Severus? Se ve que estás acalorado —dijo Calynn.

—Estoy bien —empezó Severus—, miren, allá está la tienda —dijo mientras señalaba un local color morado que tenía un escaparate lleno de túnicas, bufandas y sombreros de todos los colores.

Los chicos se dirigieron hacia la tienda corriendo. En la tienda, con letras doradas tenía el nombre Madame Malkin, túnicas para todas las ocasiones. Entraron por una de las puertas de la tienda y se dirigieron a una señora mayor regordeta que estaba midiendo a una niña de más o menos su edad que los saludó con la mano.

—No te muevas pequeña por favor —dijo la anciana dulcemente.

—Buenos días —comenzó Lily cortésmente.

La anciana se sobresaltó, volteó a ver a quién le hablaba y le esbozó una sonrisa a la pelirroja.

—Buenos días pequeños —dijo la mujer—, ¿en qué les puedo ayudar?

—Hemos venido a comprar nuestro uniforme —explicó Lily.

—Hogwarts ¿cierto? —dijo la anciana mirando los sobres que traían los niños.

Los amigos asintieron y la mujer dejó de hacer su trabajo para acomodarlos en fila. Calynn estaba junto a la niña que estaba midiendo la anciana.

—Hola —le dijo Calynn a la niña.

La niña volteó y Calynn pudo ver sus ojos grises y su cabello dorado que reposaba en los hombros de la pequeña.

—Hola —contestó la niña cortésmente—. Alecto Carrow —dijo presentándose la rubia.

—Calynn Black —contestó la pelinegra.

La rubia se quedó perpleja al oír el apellido Black, tenía una cara de asombro, pero no dijo nada.

—¿Estás bien? —contestó Calynn al ver el rostro de la niña.

La rubia asintió.

—¡Ya está! —dijo la anciana. Salió un momento de la habitación y después de un instante regresó con unas túnicas muy bonitas y se las entregó a la rubia después de recibir unas cuantas monedas de oro.

La pequeña rubia le dio las gracias a la anciana y se dirigió a la pelinegra.

—Espero verte de nuevo, hasta luego —se despidió la rubia.

La niña siguió a la rubia con la mirada hasta que desapareció.

"Extraño" pensó Calynn hasta que una voz la sacó de sus pensamientos.

—Veamos qué tenemos aquí —dijo la voz de la anciana.

La mujer empezó a medirla mientras una mujer más joven se dirigía hacia ellos para ayudar a la anciana.

—¿Puedes quitarte el suéter o arremangarte las mangas para que te pueda medir por favor? —dijo dulcemente la joven.

Severus que estaba al lado de Calynn negó a la vez que se apretaba fuertemente la manga del suéter negro al brazo izquierdo.

La joven le arremangó la manga derecha y empezó a medirlo.

—Ya está pequeña. —dijo la anciana mientras dejaba la habitación y salía por una puerta que dirigía a un cuarto lleno de ropa. Después de un momento la mujer regresó con unas túnicas totalmente nuevas dobladas dentro de una bolsa.

—Aquí tienes lindura —dijo la anciana entregándole la bolsa.

—También necesito un sombrero negro, unos guantes protectores y una capa de invierno —dijo la pelinegra.

—¡Oh claro! Se me olvidaba —exclamó la anciana mientras regresaba a paso veloz a la puerta y la abría bruscamente y sacaba de ella lo necesario. Cerró la puerta rápidamente y le entregó todo a Calynn mientras ella le pagaba con unas monedas de oro brillante. La pelinegra se fue a investigar la tienda, encontró prendas hermosas de todos colores, y se probaba uno que otro sombrero que le resultaba interesante.

—¿Ahora sí me permites? —dijo una voz joven.

Calynn dirigió la vista hacia donde estaban sus amigos y vio a Severus que se rehusaba a mostrar su brazo izquierdo. A su lado estaba Lily a quien la estaba midiendo la adorable anciana.



Sabrina C.

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En el texto hay: magia, jkrowling

Editado: 18.01.2019

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