Amor y Magia Negra

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Capítulo veinte: Un nuevo hogar

Esa noche Druella les había dado una condición para poder ir a Hogwarts, una que mantendría a Lily preocupada durante todo el curso pero que ella había aceptado por el deseo de la nueva escuela, Lily no podría volver a vivir en casa de Calynn lo que significaba que tenía que buscar un nuevo hogar.

—No te preocupes por mí ahora —le sugirió Lily a su amiga después de que ésta le expresara su preocupación.
Calynn no respondió porque no podía evitar preocuparse por su amiga.

—Además mañana es el primer día de clases y debemos dormir —añadió Lily después de un momento.

—Tienes razón, hay que dormir —aseguró la pelinegra para después caer dormida al igual que la pelirroja.

—¡Si quieren llegar al colegio tienen que levantarse ahora! — gritó la voz de Druella antes de oírse un portazo. Las niñas se levantaron de un sobresalto y se dirigieron hacia los platos que había dejado la madre de Calynn para desayunar, después se cambiaron con una ropa que les habían dejado y comenzaron a charlar.

—Estoy nerviosa —expresó la pelinegra mirando a Lily.

—Yo también, no te preocupes sólo es esta vez —la consoló la pelirroja.

Druella regresó a la habitación como si las hubiera oído hablar y en sus manos traía tres varitas.

—Es hora de irnos —les indicó la mujer empujándolas mientras salían de la habitación donde habían vivido un mes, fuera de la habitación estaba Cygnus esperando.
La mujer tomó de la mano a las niñas con mucha fuerza y se volvió hacia ellas mostrando las varitas, Calynn quiso retroceder debido a su miedo pero le fue inútil.

—Les advierto —comenzó Druella—, una sola cosa extraña que hagan cuando salgamos de la casa y nunca podrán ver ese castillo, ¿comprendieron? —terminó la mortífaga.
Las pequeñas asintieron levemente mientras Druella guardaba las varitas bajo su ropa. Cygnus abrió la puerta y le cedió el paso a su esposa y a las niñas. Ambas pequeñas avanzaron detrás de su madre hasta que la luz solar iluminó sus rostros dándoles calor y la brisa agitaba su cabello, las niñas sonrieron mientras disfrutaban de la naturaleza que hace mucho no habían contemplado. Calynn volteó hacia la izquierda y pudo observar el jardín donde siempre se reunían y el majestuoso árbol alto que daba una gran sombra donde acostumbraban sentarse; giró la cabeza un poco a la derecha y contempló la casa donde había vivido cuatro meses y lo que vio a continuación la sorprendió. La señora Evans estaba afuera de su morada regando unas cuantas flores que estaban en su jardín, la pelinegra volteó a ver a Lily que también estaba observando lo mismo que ella con expresión triste. La mujer levantó la vista y saludó a los padres de Calynn que le devolvieron el saludo con hipocresía mientras las niñas se miraban.

—Suban al auto —les susurró Druella a los oídos de las pequeñas señalando el automóvil que tenían en frente.
Se dirigieron a él y se subieron a la parte trasera y miraron a Cygnus sacar sus cosas para Hogwarts, incluso sus lechuzas que aún seguían vivas.

—Al fin vamos a ir a Hogwarts, me alegra saber que al menos durante tres meses no debo volver aquí —comentó la pelinegra.

—Es un alivio salir de ese lugar —contestó la pelirroja con una leve sonrisa en los labios.
Cygnus había terminado de guardar todo en el auto y se subió al lugar del conductor seguido de Druella que azotó la puerta al entrar.

—Odio los transportes muggles —expresó Druella después de los intentos fallidos intentos de Cygnus de arrancar el coche.
Después de mucho tiempo e innumerables quejas de la madre de Calynn el automóvil arrancó y emprendieron la marcha.

—Calynn, espero quedes en Slytherin —dijo la mujer a su hija—, es una casa digna para una Black.

Calynn no contestó ya que ella prefería cualquier casa excepto Slytherin.

—Les advierto a ambas —comenzó Druella—, si alguien les pregunta algo acerca de nosotros digan que trabajamos para el ministerio y nada más. Si alguna revela algo acerca de nuestra identidad tendrán peor suerte que tus padres muggles - terminó la mujer refiriéndose a los padres de Lily, ambas asistieron para evitar problemas.
Después de un largo rato que fue eterno para las niñas los señores Black estacionaron el auto frente a un edificio rojo y descendieron del auto. Los padres les dieron sus cosas que habían guardado en baúles, su lechuza y su sobre de Hogwarts. Se dirigieron a la estación llamada King's Cross y caminaron hasta llegar a los andenes.



Sabrina C.

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En el texto hay: magia, jkrowling

Editado: 18.01.2019

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