Amor y Magia Negra

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Capítulo cuarenta y siete: Legado

La pequeña se colocó la capa rápidamente, estaba bastante asustada de lo que podía suceder por lo que siguió las instrucciones del profesor mientras veían cada vez más hechizos cruzar los terrenos de Hogwarts. Una vez que estuvo lista la pequeña, Dumbledore tomó de su brazo y de la nada separaron sus pies del suelo por un momento y segundos después aparecieron justamente en el despacho del director. La niña se quitó la capa para que el director la pudiese observar.

—Escuche con atención. Los mortífagos no pueden verla en el castillo, están aquí por usted y solo para llevársela de aquí —comenzó Dumbledore seriamente—. Por ahora intentaremos resguardar la mayor cantidad de alumnos en las mazmorras —explicó—. No permita que le pase nada al libro, algo me dice que también están en busca de éste. Ahora a las mazmorras por favor —terminó Dumbledore mientras la chica salía del despacho nuevamente con su capa de invisibilidad sobre de ella. Comenzó a correr, aunque las escaleras eran bastante lentas, la chica tenía mucho miedo pues justo en el piso superior dos mortífagos combatían a duelo de varitas con un solo auror que al parecer no estaba para nada asustado. También le era difícil pasar entre toda la multitud de alumnos que bajaban desesperadamente las escaleras y, aunque los mortífagos alrededor de los pasillos estaban combatiendo, no faltaba alguno que lanzaba maldiciones hacia los alumnos solo por diversión, y aunque la mayoría las evitaba, algunos alumnos distraídos eran los más afectados pues podían desplomarse en el suelo, ser torturados o incluso asesinados. El caos era aún peor cuando éstos caían al suelo inconscientes pues tenían que rodearlos, pero lo más importante era que, aunque algunos alumnos intentaban cargarlos, ellos mismos se exponían a las maldiciones; aunque esto duró un momento, la profesora Galatea llegó rápidamente para ayudar en los pasillos. La pequeña Black intentaba escabullirse entre la multitud, al mismo tiempo buscaba a Lily y a Meryl, realmente estaba preocupada por ambas. Bajaban como podían, pero cada vez entraban más mortífagos al castillo, de alguna extraña manera algunos de éstos podían volar sin necesitar de escoba, por lo que podían romper ventanas y entrar al castillo directamente y, aunque Galatea se movía con bastante rapidez ésta no podía atacar a todos los mortífagos al mismo tiempo, por lo que algunos profesores más se unieron. Calynn decidió quitarse un momento la capa para evitar que varios alumnos tropezaran con ella cuando finalmente llegaron al piso más bajo del castillo mientras caminaban a paso veloz apurados por algunos profesores y perfectos de distintas casas. Comenzaron a guiarlos por las escaleras que bajaban a las mazmorras, Calynn levantaba la vista tratando de ver arriba de las cabezas de los alumnos en busca de sus amigas, pero le fue inútil, era imposible distinguir a alguien entre tantos alumnos.

Un prefecto con túnica verde mencionó una clave justamente enfrente de un cuadro de serpiente y ésta se abrió, el prefecto indicó que esperaran un momento mientras entraba el chico comenzaba a mover un poco los muebles para que hubiera más espacio para los alumnos. Al cabo de un rato éstos entraron empujándose unos a otros y, aunque no cupieron todos, la pequeña Black sí pudo entrar a la sala común de las serpientes. El prefecto se colocó frente a todos los alumnos mientras trataba de llamar su atención fallidamente, por lo que apuntó su varita a su garganta y tras formular un hechizo éste comenzó a hablar rimbombantemente hasta que logró el silencio completo de todos los presentes para comenzar a hablar normal.

—Por su seguridad tendrán que quedarse aquí en las mazmorras, no tienen permiso para salir, si les preocupa alguno de sus amigos o hermanos tienen que saber que también están aquí en las mazmorras repartidos en diferentes salones, por lo que no tienen que preocuparse —comentó el chico que, aunque intentaba no demostrar su temor a éste le era imposible ya que el temblar de su voz lo delataba por completo—. En cuanto la mayoría de los alumnos estén dentro de mazmorras vendrá un profesor acompañado de un par de aurores para custodiar la zona —explicó tratando de tranquilizarse—. Y no se preocupen —añadió bastante alterado antes de abandonar la sala común y salir dejando a los chicos encerrados. 

Inmediatamente comenzaron a escucharse llantos, gritos de terror e incluso comenzaron a buscar amigos entre todos los alumnos, sin embargo, algunos chicos de Slytherin subieron a sus dormitorios para proteger su cama de los chicos de otras casas. La pequeña Black comenzó a moverse tratando de evitar a los demás alumnos intentando encontrar a Lily o a Meryl por algún lado, pero le era imposible pues creía que caminaba en círculos. Se dirigía a una parte más alta para intentar buscarlas desde allí cuando un hechizo llamó su atención.

¡Imperio! —se escuchó fuertemente por la habitación. Calynn sólo sintió como se detenía en seco y era obligada a no caminar más, al parecer una sensación de felicidad y tranquilidad cubrió su cuerpo, bastante placentero, no tenía intenciones de resistirse a la maldición de Bellatrix—. ¡Qué fácil ha sido infiltrarse en el castillo! Siempre fui junto alguno de ustedes queridos compañeros —expresó Bellatrix mientras señalaba a algunos alumnos con el dedo para después emitir una sonrisa de burla mientras caminaba entre todos los alumnos hasta llegar frente a la pequeña Black—. Ahora, ¿Qué haremos contigo? —se dirigió a la pequeña Black quien ni siquiera podía formular una palabra. Algunos alumnos comenzaron a sacar su varita ante las amenazas de Bellatrix mientras que otros comenzaban a retroceder a causa del miedo. De la nada, una chica de pelo cobrizo comenzó a acercarse a su amiga hasta llegar frente a Bellatrix quien la miró con una mirada de burla.



Sabrina C.

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En el texto hay: magia, jkrowling

Editado: 18.01.2019

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