Amor y Magia Negra

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Capítulo cuarenta y nueve: Maldiciones Imperdonables

Desde la charla que tuvieron las tres amigas acerca de los planes de Dumbledore no habían vuelto a ver a Meryl durante la noche entera. Mientras que los alumnos comenzaban a regresar de la cena, Calynn se encontraba dentro de su cama con el dosel alrededor de ella, todos pensarían que estaría dormida o que no se encontraría en el dormitorio, pero la verdad era que había combatido el sueño para escuchar los comentarios de los Gryffindor que ahora sabían sobre su pronta expulsión

—Ya era hora de que se fuera —comentó la característica voz de Alice Howell—. Su presencia no era nada más que asquerosa.

—Y aun así fue novia de Longbottom —se escuchó la voz de Lily bastante malhumorada.

Alice sólo emitió un sonido de burla y sus pasos indicaron que se había dirigido a su cama bastante indignada. La pequeña Black que oía todo desde donde estaba decidió acostarse para no dar explicaciones a Lily de quien se escuchaban sus pasos bastante próximos afuera del dosel. Se recostó sobre la almohada y trató de conciliar el sueño hasta que lo logró mientras sabía que se adentraba a un sueño.

Calynn se encontraba caminando lentamente y, al parecer, temerosa, hacia lo que simulaba ser la Mansión Malfoy mientras seguía a dos personas cabizbaja. Entraron en la casa y el interior estaba demasiado borroso para que pudiera ser visible pero, simultáneamente, sonidos de hechizos y gritos comenzaron a escucharse alrededor de la pequeña mientras sentía que corría a lo desconocido mientras que a sus espaldas un grito que se le hacía familiar fue emitido lo que le ocasionó que volteara instintivamente pero antes de lograr ver al menos una sombra en medio de aquella oscuridad fue llevada de vuelta a la realidad con los almohadazos de Lily recibidos en su mejilla mientras se despertaba bastante asustada y el silencio volvía al dormitorio. Sabía que esa clase de sueños eran premonitorios y que sea lo que hubiere visto sería lo que pasaría y no podría hacer nada para evitarlo, solo le hubiera gustado ver un poco más del sueño, solo unos segundos. Pero Calynn se había percatado que con el paso de los meses sus visiones eran un poco más borrosas de lo que eran antes y eso era lo que impedía que pudiera observar correctamente a su alrededor, tal vez en algún momento de su vida lograría librarse de esos sueños para siempre.

Se levantó temprano, no había dormido como a ella le hubiere gustado, pero se dio prisa para bajar a desayunar sin esperar a ninguna de sus dos amigas, quería evitar de una u otra manera la presencia de muchos alumnos en el Gran Comedor. Cuando terminó y volvió por los grandes escalones observó que Lily apenas bajaba con somnolencia.

—¿Has visto a Meryl? —cuestionó Lily antes de emitir un bostezo.

—No, casi no hay nadie escaleras abajo —respondió la pelinegra mientras se preguntaba dónde podría encontrarse Meryl.

—¿A dónde vas con tanta prisa? —preguntó la pelirroja, era imposible evitar notar lo apresurada que iba la pequeña Black.

—Con Dumbledore —mencionó seriamente—. No nos queda mucho tiempo —terminó mientras se despedía de su amiga y volvía a retomar su camino hacia el despacho del director.

Como siempre, Calynn se colocó frente a aquella estatua y pronunció la contraseña, subió los escalones con agilidad y abrió la puerta de un estruendo mientras se encontraba al director sentado frente a su escritorio con una taza de chocolate caliente frente de él. Sus ojos se iluminaron al verla llegar, era obvio que la esperaba y que tenía algún plan en mente.

—Buenos días Srta. Black —saludó Dumbledore levantándose de su asiento mientras se acercaba a la pequeña mientras le dedicaba una sonrisa pícara, obteniendo otra como respuesta—. He planeado ya algunas estrategias para nuestro plan, pero debo saber que usted está de acuerdo conmigo y que tengo su aprobación para comenzar —indicó el director con una expresión más seria.

Calynn solo asintió con la cabeza dispuesta a escuchar.

—Antes que nada, necesitamos aún un poco más de práctica en hechizos de defensa —comenzó—, puede que se niegue a utilizarlos una vez en la batalla, pero es importante el conocimiento de los mismos y también aprender la mejor estrategia de resistencia hacia ellos —comentó mientras Calynn estaba infiriendo la respuesta—. Le estoy hablando sobre las Maldiciones Imperdonables, nuestra primera lección, ¿está de acuerdo?

Calynn lo pensó un poco antes de responder, una de esas maldiciones era la que le había provocado su primer odio hacia sus padres y a pesar de tanto tiempo aún no tenía la suficiente fuerza para resistir ante ella; pero la pequeña sabía muy bien que, en medio de la batalla, Druella no dudaría en utilizarla una vez más contra su hija, eso fue lo que la llevó a decidirse finalmente de su respuesta.



Sabrina C.

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En el texto hay: magia, jkrowling

Editado: 18.01.2019

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