Amor y Magia Negra

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Capítulo cincuenta y dos: Oh, niños

--Nota importante: Antes que nada, no me gusta colocar notas de este tipo antes de comenzar el capítulo, pero es la única opción. Para hacer una parte de este capítulo me basé en una canción, por lo que la narración va acorde a las estrofas de ésta y va casi con el tiempo de la misma, por lo que les dejaré el link del video de la canción para que puedan escucharla al mismo tiempo que leen. Se avisará cuando comience la narración con base a esa canción. Muchas gracias. Link: https://www.youtube.com/watch?v=HtrKPsUlM0E --


—Despierta, recuerda que debemos ir con Dumbledore después del desayuno —comentó la pelirroja a la pequeña Black mientras la movía ligeramente. La chica tan sólo bostezaba.
Después de unos tres minutos, Calynn se levantó con bastante pereza mientras recordaba la noche anterior, tantas revelaciones le llenaban la mente de pensamientos y angustias. Mientras tomaba una ducha rápida, ésta recordó que hoy era su último día completo en el colegio, ya que mañana partiría en aquel tren de regreso a aquel lugar que sólo le hacía recordar el origen de la marca de su antebrazo, aquel sitio donde la verdadera iniciación había comenzado, aquella mansión donde realizó su primera Maldición Imperdonable, aquel lugar que debía llamar hogar, aunque no lo fuera.
Se vistió con rapidez sin eliminar aquellos pensamientos de su mente y bajó las escaleras para alcanzar a sus amigas. Caminaba por los pasillos con la cabeza baja para que de esta manera lograra evitar la mirada de los demás alumnos, tanto Gryffindors como Slytherins la observaban con repugnancia, incluso cuando estaban enterados de su cercana expulsión. Las alcanzó en el Gran Comedor, entrando a paso veloz, mientras se sentaba junto a Lily y comenzaba a servirse alhelí, una de las cosas que más extrañaría del colegio. Meryl comenzó a charlar acerca de algunos libros infantiles, posiblemente para distraer a sus compañeras, pero Calynn no la escuchaba en lo absoluto. Tenía la copa de su bebida entre sus manos mientras la veía con cierta añoranza, un leve sentimiento de nostalgia quería formarse, pero, por alguna razón, la pequeña Black hizo todo lo posible para evitar que ocurriera, estaba cansada de la tristeza, su enojo y coraje la apoderaba de pies a cabeza.
Sin embargo, no pudo evitar culparse de reprimir sus sentimientos, no estaba segura de lo que hacía, no sabía si involucrar a sus amigos era correcto o si revelarse de esa manera ante el Señor Tenebroso era lo más seguro, desconocía si el futuro que estaba creando sería el mejor para todos, no quería ser orgullosa ni egoísta, ¿pero era correcto o incorrecto?
—Calynn, ¿estás bien? —preguntó esta vez Meryl quien la veía angustiada, pues la pequeña se había quedado con la copa en las manos por un largo rato sin exclamar una sola palabra.
—Sí, excelente —contestó para después emitir una sonrisa forzada, no quería más preocupaciones, tendría que guardarse sus propios miedos para ella y nadie más.
Terminaron de desayunar mientras la pequeña Black tan sólo subía los escalones mientras intentaba ahuyentar los pensamientos de su cabeza, el duelo que tendrían en estos momentos con los profesores sería la representación más cercana de lo que vivirían en unas horas y, por lo tanto, tendrían que dar lo mejor de sí.
Abrieron el despacho del director mientras observaban a ambos profesores y a Severus, quien al parecer se había adelantado por tan sólo un poco.
—Me alegra verlas —comentó Dumbledore mientras se levantaba de su asiento. Entretanto, Meryl comenzaba a destapar una poción, aquella que le permitía volver a su verdadera complexión, hasta que Dumbledore la llamó—. Srta. Callen, me parecería un poco más prudente que conservara los efectos de la poción Multijugos para el duelo si no es mucha molestia —comentó el director mientras la rubia volvía a dejar el frasco de la poción justo donde la había encontrado—. Supongo que comprenderá que es para observar su agilidad en los duelos con la forma de la verdadera Meryl Johnson —terminó mientras Meryl sacaba un frasco diferente al anterior de su túnica y lo tomaba entero mientras se estremecía ligeramente.
La profesora McGonagall se levantó igualmente de su asiento, ambos traían la varita sujetada con fuerza, pero, igualmente, los dos profesores portaban un gesto de soslayo bastante evidente.
—Después de una larga discusión, la profesora McGonagall y yo hemos optado por practicar este duelo con ustedes individualmente al principio para que les resulte más difícil de lo que realmente será, pues una vez dentro de la mansión Malfoy deberán trabajar en equipo a su totalidad —ordenó mientras miraba a los chicos y su aprobación con la cabeza—. Nosotros escogeremos a alguno de ustedes sin previo aviso para que no estén preparados, así pueden practicar sus reflejos e intentar mejorarlos si hace falta —continuó el director con un gesto inconforme, era obvio que la idea era algo que le disgustaba por completo, pero comprendía que era una estrategia para protegerlos—. Como les mencionamos anteriormente, nosotros nos limitaremos a desarmarlos, no queremos hacerles ningún daño, ¿de acuerdo? —cuestionó Dumbledore mientras recibía la aprobación de cada uno de los chicos antes de que éste tan sólo soltara un suspiro de tristeza y veía como cada uno comenzaba a sacar su varita con cierto temor.
La pequeña Black se concentró en su totalidad mientras respiraba para tranquilizarse, debía evitar de cualquier forma que los nervios se apoderaran de su varita.
Abrió los ojos instintivamente cuando escuchó el primer hechizo por parte de Dumbledore, quien se había aprovechado de la distracción de la chica pero sin lograrlo del todo, pues ésta logró protegerse debidamente y de esta manera desvanecer el hechizo con facilidad. Se puso en alerta y esta vez ella atacó:
—¡Desmaius! —exclamó al director mientras el anciano se protegía con la misma rapidez y esta vez la profesora McGonagall era quien le lanzaba un hechizo a la pequeña, quien logró evitarlo con sólo agacharse un poco para después intentar desarmar a la profesora, inútilmente. Siguieron un momento así, Meryl, Lily y Severus tan sólo observaban con curiosidad, intentando ocultar su nerviosismo.
Después de un momento, la pequeña Black logró desarmar a la profesora mientras ésta evitaba los hechizos de Calynn hasta que Dumbledore logró desarmarla y dejarla totalmente indefensa ante ambos.
—Bastante bien —mencionó el director mientras ambos guardaban la varita y ayudaban a la pequeña Black a levantarse, se había caído al suelo en el momento en el que Dumbledore la desarmó para intentar tomar su varita, la cual éste le entregó mientras agregaba unas palabras—, pero puede mejorar la atención.
Ambos profesores continuaron con ese duelo con los demás chicos y algunas veces más con Calynn mientras éstos mejoraban en sus estrategias de defensa, como había mencionado Meryl el día anterior, este tipo de duelos realmente se sentían como los auténticos que ocurrirían al día siguiente.
De todos, la que se defendía con mayor facilidad era Meryl, quien a pesar de que se quejaba de su corta estatura, era capaz de seguir el ritmo del duelo e incluso de desarmar a ambos profesores sin producir una sola gota de sudor, al ser una aurora, Dumbledore no esperaba menos. Severus también era demasiado bueno, ya que utilizaba hechizos bastante innovadores y además realizaba movimientos veloces y aleatorios, eran los únicos dos que lograban realizar un par de hechizos sin pronunciar una palabra, era notable la preparación avanzada de ambos. La que más practicó de todos fue Lily, quien aún no dominaba a la perfección la continuidad del duelo, le era de gran dificultad no quedarse atrás con los hechizos, y sobre todo, lograr protegerse de cada uno.
Era evidente la preocupación de los profesores al respecto, tenía la ventaja de que sus compañeros tenían una mejor preparación, aunque comprendían que ésta debía tener extrema precaución, pero era demasiado tarde para cambiar los planes.
Posteriormente comenzaron los entrenamientos en grupo, aunque todos estaban ligeramente preocupados, ya estaban mucho más centrados que cuando comenzaron el duelo individual.
Aunque al principio, los chicos eran vencidos en su totalidad con gran facilidad, éstos comenzaron a idear estrategias y a aprovechar las cualidades y defectos de cada uno, sólo así podían darse cuenta de la importancia de cada uno. Les era de gran ayuda los movimientos ágiles de cada uno de ellos, ya que podían evitar hechizos rápidamente sin necesidad de protegerse con algún escudo creado por sus varitas. Ambos profesores estaban realmente impresionados de lo que podían llegar a hacer si se comportaban de la misma manera dentro de la Mansión Malfoy, aunque no podían evitar preocuparse por cualquier error que cometieran en algún momento, cada acción afectaría el destino de cada uno.
Practicaron un poco más hasta que llegó la hora del almuerzo y todos los chicos estaban exhaustos, por lo que tanto profesores como alumnos decidieron tomar un ligero descanso.
—Quiero felicitarlos —comenzó el director—, han hecho un gran trabajo y su esfuerzo es indudable —mencionó—. Sin embargo, dentro de la Mansión Malfoy no se pueden confiar, deben saber que ellos no se detendrán sólo porque son niños —dijo para después agregar unas cuantas palabras más—. Ellos los matarán si les dan la oportunidad, no les den la oportunidad —terminó con voz quebrada, le preocupaba el destino de ese grupo de chicos que sólo intentaban hacer el bien a cambio de arriesgar su vida.
—Profesor... —murmuró Calynn mientras ordenaba sus ideas sobre lo que iba a mencionar—. ¿Qué hace usted cuando tiene miedo? —cuestionó finalmente mientras lo observaba directamente a los ojos, sus ojos cansados.
—Suelo pensar en las personas que más estimo, Srta. Black —inició—. Me gusta imaginar que están ahí conmigo, me da cierta confianza, pero no demasiada para desconcentrarme —dijo sin mirar a ninguno de los chicos, tan solo observaba la varita entre sus dedos—. Usted tendrá a las personas que más valora con usted, acompañándola, debe sentirse más segura, sólo tiene que creerlo —explicó Dumbledore esbozando una leve sonrisa—. Sé que mencionarlo es fácil, Srta. Black, tan fácil como cuando escuchaba las maneras de resistencia a las Maldiciones Imperdonables o los efectos de los hechizos que incluso ha logrado conseguir, ese aquello que se veía imposible y que se escuchaba tan simple —finalizó mientras Calynn asentía con la cabeza y analizaba sus palabras que eran totalmente ciertas. Recordó aquellos días en el Callejón Diagon, casi un año atrás, donde la cercanía con las varitas le causaban un terror inefable y que ahora se habían convertido en compañeras de batalla para la pequeña Black. Volvió a ver aquellos entrenamientos con el Boggart de su madre y cómo eso había logrado disminuir su temor ante ésta en una pequeña cantidad, recordó las páginas decepcionantes de aquel diario que sólo le habían demostrado lo infiel y manipuladora que podía llegar a ser Druella, lo que sólo la hacía llenarse de un coraje demasiado grande para perder el miedo a su propia madre. Sabía que no estaría sola, que sus compañeros estaban ahí, protegiendo y arriesgando su vida sólo por verla sonreír, por mirar a la pequeña Black con alegría, aquella que no se presentaba con frecuencia en la pequeña mortífaga.
Volvió al presente, observó que no era la única que había guardado un silencio ensordecedor en aquel despacho, los pensamientos tan profundos de alumnos y profesores dejaban casi sordos a cualquiera que no compartiera su situación, aquella habitación sería un manjar de pensamientos para cualquier mago que practicara Legeremancia.
Después de un par de minutos, el director rompió el silencio.
—Sr. Snape, recuerde que hoy por la noche debe partir hacia la Mansión Malfoy ya que mañana el tren donde se irán sus compañeras partirá por la mañana —mencionó el director mientras buscaba la afirmación del chico, quién tan sólo asintió con la cabeza sin decir una palabra, estaba claro que ya conocía la forma en la que llegaría hasta allá—. Ustedes tres, señoritas, repasen el plan, practiquen hechizos y aún más importante, confíen en ustedes —mencionó el anciano—, dentro de aquella mansión va a ser lo único que tienen, ayúdense y hagan lo imposible por conocerse a su totalidad —agregó Dumbledore sin lograr ver a las chicas, era evidente que se preocupa demasiado por algo que no podía evitar.
—Gracias profesor —respondió Lily, quien había escondido su temor al no mencionar una sola palabra.
—Les sugiero que bajen al almuerzo, es seguro que este duelo los debe haber agotado —dijo Dumbledore—. Y no se preocupen, nosotros estaremos aquí por si les surge cualquier duda, recuerden que nos vemos aquí mañana, en cuanto salga el sol para afinar los últimos detalles e igualmente bajen a desayunar lo más temprano que puedan, no queremos que sus compañeros la molesten, Srta. Black —terminó el director buscando una respuesta por parte de las chicas, las que sólo afirmaron con la cabeza, el miedo les impedía hablar—. Excelente, en ese caso nos vemos por la mañana —concluyó para que después Severus y Lily comenzaran a levantarse mientras salían del despacho. Calynn fue la última en levantarse, los pensamientos le inundaban la mente. Caminó un poco hacia la puerta, pero en unos segundos antes de cerrarla logró escuchar un diálogo por parte de los profesores que tan solo intensificó los pensamientos en su cabeza.
—Sólo son niños, Dumbledore —mencionó la profesora McGonagall con un tono de nerviosismo mientras le dedicaba un gesto con la misma emoción.
—Lo sé profesora, lo sé —contestó Dumbledore—, pero tenemos que confiar en ellos, son la única esperanza de Hogwarts y los únicos que podrán cambiar el destino de la Srta. Black —terminó Dumbledore mientras la pequeña Black salía totalmente de la habitación y comenzaba a bajar las escaleras.
—Me muero de hambre, debemos llenarnos de comida para lo que se viene mañana —mencionó Meryl con el mismo tono de alegría en su voz, a pesar de todo lo que pasaría dentro de unas horas, era admirable cómo la rubia no perdía la esperanza.
Bajaron juntos al Gran Comedor donde se despidieron de Severus para que de esta manera de se sentaran en sus respectivas mesas. El ambiente que había entre las tres chicas era muy variado; por un lado estaba Meryl, totalmente alegre, con su característico sentido del humor y probando un poco de cada uno de los platillos de Hogwarts; después estaba Lily, quién tan sólo miraba su plato de tostadas con una mirada perdida, jugueteaba con el tenedor mientras hacía notoria su preocupación, no se sentía bien, el miedo le había inundado el cuerpo como nunca lo había hecho, ni siquiera como lo hizo durante ese mes que pasó encerrada con su amiga en la casa de la Calle Hilandera, lo que sólo le hizo recordar a sus antiguos padres, aquellos que la habían olvidado, para siempre. Las lágrimas rondando por sus mejillas era muestra de lo preocupada que estaba y de los nervios reprimidos que no era capaz de demostrar; y por último estaba Calynn, tocaba su comida y tomaba ligeros bocados pero su mente no estaba en los chistes contados por Meryl y tampoco estaba en la coordinación del masticar de su comida, sus pensamientos se encontraban en la Mansión Malfoy, recordando cada equina, cada rincón, cada lugar esencial que podría servirles de resguardo o podían significar un peligro. Mantenía una expresión neutra, el éxito de ocultar sus emociones había funcionado tan bien que parecía que la capacidad de sentir se había esfumado de su corazón, pero tan sólo estaba harta de sentirse la víctima.
—¿Estás bien, Lily? —La pregunta de Meryl la sacó de su ensimismamiento y volvió su mirada hacia la pelirroja que se limitó a un asentimiento de cabeza.
—Sólo necesito olvidarme de mañana por un momento —mencionó la chica dejando el tenedor sobre el plato.
—¿Qué haremos esta noche? —preguntó Meryl para intentar alegrar la situación.
—No lo sé, no lo había pensado —contestó esta vez la pelinegra encogiéndose de hombros—. A mí me gustaría pasar un tiempo con Severus, por lo que nos mencionó Dumbledore es muy probable que no volvamos a verlo —agregó para que después Lily tan solo respondiera con una negación con la cabeza.
—Nosotras podríamos alcanzarlos después —mencionó Meryl al observar el gesto de la pelirroja, lo que no le molestó a Calynn, comprendía del todo la actitud de la chica.
—Me parece buena idea, pero no hay que dormir muy tarde porque mañana hay que despertarnos temprano para desayunar —contestó Calynn mientras le dedicaba una sonrisa a Lily, deseaba con todo su corazón que pudiera evitar que el día de mañana llegara a sus vidas.
Terminaron de comer lo que cada quien deseó y se levantaron de la mesa juntas cuando Severus se acercó con ligera vergüenza, era notorio que se sentía totalmente mal ante la nueva imagen que tenía de él la pelirroja, no sabía qué hacer.
—Hola, dijeron que algunos de último año harán una reunión aquí en el Gran Comedor y habrá música, por si gustan quedarse —terminó dirigiéndole una mirada a la pelinegra, con la esperanza de que ella sí se quedara.
—Me parece buena idea —mencionó Calynn mientras recibía una sonrisa por parte del pelinegro.
—Nosotras los acompañaremos después, debemos arreglar algunas cosas para mañana —indicó la rubia antes de despedirse y alejarse, dejándolos totalmente solos en el Gran Comedor.
—¿Quién te contó sobre la reunión? —curioseó la pequeña.
—Los chicos de mi casa han despotricando acerca de ella, creo que ninguno de ellos vendrá aquí —mencionó.
Caminaron por un momento hasta llegar a una de las esquinas de la habitación y se sentaron juntos mientras observaban a los demás alumnos. El coro del colegio y algunos otros estudiantes habían ayudado a hacer la música posible, así como los instrumentos de un grupo de magos.
Los estudiantes que pasaban frente a ellos los juzgaban y miraban raro, pero a ninguno le importaba, uno partía de aquel colegio esa misma noche y la otra se iría para nunca volver, ya no defenderían ninguna reputación que les impidiera ser felices.
—Cuando era pequeño —comenzó Severus—, mi madre solía escuchar estas canciones cuando mi padre no estaba en casa, es por eso que son de mis favoritas, incluso cuando parece que no soy mucho de escuchar música —comentó el chico con cierto pesar.
—Me gustaría tener recuerdos, al menos un poco para saber lo que solía hacer de pequeña —dijo Calynn melancólica.
—No todos los recuerdos son buenos, muchos de ellos quisieras olvidarlos, para siempre —agregó Severus con tristeza. Con estas palabras, la pelinegra no pudo evitar pensar en la última mirada de Thana, aquella imagen que le gustaría borrar de su memoria pues tan solo recordarlo le humedecía las pupilas.
Estuvieron un momento en silencio, ambos escuchando al coro mientras se hundían en sus pensamientos, el tiempo corría como si estuviera en una carrera y el único premio que ellos conseguirían sería llegar a aquella mansión. La luna se alzó entre los ventanales del Gran Comedor, la oscuridad indicaba que la noche los había alcanzado en un abrir y cerrar de ojos. Aplaudieron cuando la canción que acababan de interpretar había llegado a su fin y después comenzaron a escuchar el inicio de otra que a simple vista parecía ser muy deprimente.



Sabrina C.

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En el texto hay: magia, jkrowling

Editado: 18.01.2019

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