Amor y odio

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Capitulo 3

Anthony observo con atención la mirada de Saya, la sonrisa casi sarcástica dibujada en sus labios, el modo en que pasaba el peso de su cuerpo de un pie al otro y supo que estaba en un serio problema. Retrocedió un paso a la vez con la intención de salir por donde había entrado tan rápido como le fuera posible, pero apenas si tuvo tiempo a mover un pie cuando la mano de la mujer se apoyo en la puerta cerrándola y acercando su rostro al del niño mientras lo estudiaba con atención.

―¿Te conozco? ―le pregunto con interés disimulado ―tu rostro se me hace conocido y tus ojos... ¿quien eres niño?

―Ya le dije, mi nombre es Jacob y me equivoque de habitación, siento haberla molestado señorita ―respondió Anthony.

Con agilidad se deslizo hacia a abajo y escapo hacia el extremo opuesto, deteniéndose junto a la ventana. El sol irradiaba aun su brillo en lo alto del cielo y eso seria de ayuda para Anthony, esperaba que su madre no tuviera su habilidad para soportar el calor del sol como el.

Saya giro con parsimonia, no intentaba darle caza al niño entrometido solo le guiaba la curiosidad que despertó esa mirada y ese rostro que tan conocido le parecían.

―No te acerques mas a la ventana o terminaras frito ―le dijo sin un tono especifico en la voz ―ven aquí pequeño Jacob y dime porque siento que te conozco.

―No lo se señorita ―respondió Anthony ―todos los niños somos iguales.

―Tu no ―corto Saya mirándolo a los ojos ―eres vampiro pero no eres común, siento algo dentro de ti que no se que es, ¿como se llaman tus padres?

Anthony rebusco en su mente con rapidez y se guio por las alarmas que no dejaban de sonar con insistencia.

No debía decirle la verdad, no debía...

―Mi madre se llama Mikaela y mi padre Jacob como yo.

Saya elevo una ceja sabiendo que le estaba mintiendo.

Lo había pensado mucho, parecía dudar al decir los nombres, ese niño le estaba mintiendo descaradamente.

―¿Cual es tu apellido?

―¿Importan los apellidos entre vampiros? ―pregunto a su vez Anthony.

Saya sonrió genuinamente esta vez y hasta rio, le gustaba el modo en que ese pequeño intruso respondía, con arrogancia, sin miedo, seguro de sus actos.

―Por supuesto que son importantes los apellidos, pues si me dijeras que eres un Black o Jung entonces estarías muerto hace mucho rato pequeño intruso ―le respondió su madre ―he venido a esta asquerosa ciudad para encargarme de ellos... ¿los conoces? ―pregunto caminando un paso a la vez hacia el.

―No.

―Creo que eres un mentiroso ―rio Saya ―los niños buenos no deben mentir ―le recordó la vampiro deteniéndose a unos metros de el ―los niños que mienten deben ser castigados.

―Eso no pasara ―le advirtió Anthony llevando la mano despacio a su espalda para tomar el cuchillo.

Saya siguió sus movimientos, lo dejo hacer, lo dejo llenarse de valor, así cuando lo asesinara podría ver en sus ojos el terror reflejado como en todas sus victimas.

Anthony tomo con firmeza el mango el cuchillo y se quedo quieto estudiando las posibilidades que tenia pues era consciente de que no lograría salir con vida de allí si no usaba la astucia. Detrás de el estaba la ventana en donde el sol aun continuaba brillando, aunque con menos fuerza que antes, en su mano el cuchillo y la posibilidad de lanzarse fuera también, aunque esa no le gustaba tanto, ya que estaban en unos de los últimos pisos y seguro se haría daño pero si no queda otra opción...

―Como ves no tienes muchas opciones ―le dijo Saya y Anthony supo que ella veía mas allá de lo que aparentaba, ¿como era posible que no viera el parentesco entre ellos entonces?

―¿Porque estaba en el suelo? ―pregunto Anthony para distraerla.

Saya se tenso visiblemente.

―También parecía que estabas llorando... ¿te sucedió algo?... ¿porque llorabas? ―insistió Anthony sabiendo que esas preguntas la habían perturbado.

―Yo no lloro.

―No me lo pareció hace un momento.

―Niño estas a un paso de dejar de existir.

―No tengo miedo.

―Pues deberías.

Anthony se encogió de hombros restando importancia a las advertencias de su madre, ya había notado que la clave para seguir con vida era no demostrar temor alguno, ella al parecer gozaba con el sufrimiento de su victima y el no le proporcionaría ese placer.

―Todos deben morir en algún momento ―le dijo Anthony.

Saya entorno los parpados y fijo la mirada en el pequeño que la desafiaba sin rastros de temor, decidiendo internamente que le gustaba su actitud.

―Eres un mocoso arrogante.

―Ya me lo han dicho varias veces.

Anthony escucho entonces la risa de su madre llenando la alcoba, mientras se acomodaba el cabello hacia atrás y retrocedía unos pasos.

―Que interesantes niños hay en esta ciudad.

―Yo soy único ―corrigió Anthony a fuerza de costumbre.

Saya rio mas aun y se lo quedo mirando mientras se sentaba en el borde de la cama.

―Es una pena ―dijo cuando la risa acabo, mirándose las largas uñas como si nada en el mundo importara mas que hacer eso, cruzando las piernas y luego mirando al niño.

―¿Que es una pena? ―pregunto Anthony y sus alarmas se dispararon con violencia, casi aturdiendolo en esta ocasión.

―Que debas morir ―fue la respuesta de Saya.

Anthony no pudo apenas notar el momento en que Saya se levanto, se acerco a el y lo tomo del cuello con una mano elevándolo a varios centímetros del suelo, mientras el flujo de aire se cerraba y sus pulmones se vaciaban por completo. El cuchillo que hasta ese momento tenia en la mano desapareció cuando ella con la mano libre se lo saco y lo lanzo hacia la pared opuesta clavandolo en la misma.

Aun estando indefenso Anthony no se desespero, enfoco la mirada en la de su madre y llevo las manos a la mano de ella pero en lugar de ejercer fuerza para intentar liberarse, las acaricio y le sonrió, como solía sonreír a Jacob Black cuando deseaba conseguir algo.



Laura Bryn

Editado: 31.01.2020

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