Amor y odio

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Capítulo 5

Sentado pacientemente en la parte delantera de su auto Luke vio como Cassiel salvaba a su hijo y luego como Yunho la seguía de cerca y por el espejo retrovisor podía incluso ver en la distancia a Jared apostado a la expectativa de lo que fuera a suceder mientras el aguardaba el momento para volver a ver a su mujer.

Sonrió levente, le hizo una seña a su sirviente, este salio del auto y fue directamente a donde Jared se ocultaba. Luke asomo la cabeza por la ventanilla del auto y miro a Jared así como este lo miro a el.

Luke movió la cabeza negativamente y cuando Jared intento moverse tenia a su alrededor a otros cinco sirvientes de Luke, quienes le impedían el paso hacia su amo.

―Te encanta jugar a los espías ¿verdad Jared? ―dijo Luke con toda calma cuando su sirviente le paso a este el teléfono, pues la distancia entre ellos era extensa incluso para el fino oído de un vampiro y un lobo.

―Vine por si necesitas mi ayuda ―respondió Jared.

―No la necesito ―le dijo Luke riendo por el burdo intento de explicación del lobo.

―Quizás si la necesites, permite que me quede y...

―¡Olvidalo! Esto es entre mi mujer y yo, vete ahora, no me obligues a decirles a mis hombres que te alejen.

Luke escucho perfectamente el suspiro de frustración de Jared y luego el chasquido del teléfono al desconectarse.

Ya libre de intrusos Luke presto atención al edificio en el cual estaba Saya hospedada.

Después de que el sol se ocultara por completo, la puerta principal se abrió y para su sorpresa la figura vestida de negro y rojo de Saya apareció completamente sola.

Así como estaba parecía una chica común y corriente, jamas la había visto usar auriculares pero ahora llevaba unos en color rojo, así como una falda corta sobre los muslos del mismo tono que los aparatos de música, y el pensó que tampoco antes la había visto con falda. Por supuesto si llevaba unos altos tacones negros así como si blusa, no llevaba escolta, ni parecía que Ezael fuera a salir tras ella, lo cual le pareció extraño.

Aun así la siguió unas cuantas cuadras, mientras ella tan solo parecía pasear por la ciudad.

En tanto Saya se paseaba por así decirlo, el sentía que todo su ser se había detenido y que solo existía ella, allí a unos metros de el, caminando como si nada, como si el pasado no existiera y si tenia razón era muy posible que eso fuera cierto.

Después de un buen rato la vio entrar a un club nocturno, cosa que también lo sorprendió ya que no tenia idea de que le gustara esa clase de sitios... pero había tanto que ignoraba sobre ella...

Se bajo del auto y decidió entrar y buscar el modo de acercarse a ella sin que sospechara de sus intenciones y para eso, sabia que debía ser inteligente.

Por ese mismo motivo decidió que usaría su segundo nombre en lugar de Luke.

Recorrió el sitio un poco buscándola pero no hizo falta hacerlo demasiado puesto que Saya llamaba poderosamente la atención de todos, al bailar sola en medio de la pista y de manera tan provocadora que era imposible no notar su presencia. A pesar de eso, nadie se acercaba a acompañarla, quizás porque toda ella, ademas de sensualidad también irradiaba un aire escalofriante que mantenía a todos alejados.

Luke se abrió paso entre la gente y se coloco detrás de Saya, llevo las manos a su cintura y se pego a su cuerpo cuando ella se ondulo sensualmente hacia abajo siguiéndole el ritmo, al tiempo que acariciaba su cintura. La sintió tensarse en principio, pero luego pareció relajarse y continuo bailando, sin que le molestara su nuevo y repentino compañero de baile.

Luke se mantuvo en su espalda, respirando cerca de su oreja, al tiempo que sus manos la mantenían agarrada de la cintura y sus cuerpos se movían como si estuvieran sincronizados uno con el otro.

Cuando la música acabo y continuo otra, Saya giro sobre si misma poniéndose de frente a el para verlo directamente a los ojos.

―Tienes agallas ―le dijo sonriendo sin dejar de moverse al ritmo de la nueva canción.

―¿Tu crees?

―Es eso o deseas la muerte mas de lo que parece.

―Me gusta vivir ―dijo simplemente pasando las manos por la cintura de Saya pegándola a su cuerpo tan fuertemente que ella se detuvo un momento meditando entre alejarlo de manera brusca y enseñarle como debía comportarse o dejarlo hasta saber que tan lejos podría llegar.

Luke no le dio tiempo a pensar demasiado, la apretó mas contra el y tomo sus labios en un beso salvaje, mordiendo apenas la suavidad de su carne para beber de ella. Era peligroso, estaba consciente de eso, tranquilamente Saya podría morderlo también y volverlo un humano, terminar con su existencia al instante sin tener siquiera la posibilidad de decirle cuanto la amaba y quien era realmente en su vida, pero el ansia de saborear su sangre, de volver a sentirla entre sus brazos, era mas imperioso que la razón o la cautela.

Las primeras gotas que entraron a su boca le dejaron un extraño sentimiento, esa conexión que había entre ellos aun estaba allí, la podía sentir, por primera vez desde que la mordiera y se convirtiera en su Sire, Luke había podido establecer ese puente que antes ella a fuerza de desprecio y odio había derrumbado para alejarlo.

La sintió por completo...

Vació profundo, soledad, temor... y en el rincón mas recóndito tras todos esos sentimientos, vio el débil brillo de la verdadera Saya, la que fue antes incluso de llegar a el, esa mujer que no conoció y que el mismo mato... era casi como acariciar un pequeño y efímero rayo de sol.

Se lleno de ella saciando la ansiedad que por un extenso año lo embargo y cuando estaba por intentar entrar mas allá en su ser, en su mente, de golpe la barrera se levanto, lo expulso y todo quedo vacío y solitario, oscuro y lleno de nada nuevamente.

Sintió que ella le devolvía el mordisco, sentía que su sangre era drenada sin piedad, que estaba dispuesta a secarlo y dejarlo despojado de la vida y supo que se encontraba al borde del abismo. Sabia que Saya esperaría resistencia de su parte y que como todo ser que le temía a la muerte inminente lucharía por vivir, pero el la sorprendió permitiendole beber a gusto, abriendo las puerta de su interior para que ella también tuviera esa conexión con el y pudiera ver que no había nada mas que amor para ofrecerle.



Laura Bryn

Editado: 31.01.2020

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