Amor y odio

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Capítulo 6

―¿Lo sientes Saya? ―pregunto Luke lamiendo la fina linea de su cuello mientras se pegaba mas a ella para que sintiera también la fuerza de su pasión ―¿sientes el deseo recorrer tus venas, sientes como toda tu, vibra con la expectativa de lo que vendrá?... ―volvió a lamer mas lentamente esta vez ―yo si lo siento... tu mente no logra recordarme pero tu cuerpo sin dudas lo hace mi amor...

Saya jadeo sintiendo el aliento en su nuca, la humedad en su piel y el deseo hecho carne, mientras se preguntaba porque ese desconocido era capaz de hacer de ella una gelatina con tan solo decirle dos palabras y acariciar apenas su piel.

Cerro los ojos embriagada del intenso placer que sentía, espero ansiosa por mas caricias sin pedirlas ni decir una palabra, estando allí, en ese callejón oscuro, apretada contra el muro, sintiendo la excitación de ese desconocido contra su cuerpo, se sentía viva por primera vez en un largo año y deseaba continuar sintiéndolo.

El no se hizo de rogar, fue bajando las manos por el contorno de su cintura hacia sus piernas para tomar el borde de la falda, subiéndola con tortuosa lentitud, quería tomarse el tiempo para saborearla por completo, recordar esos momentos de fuego en el que se entregaban sin reservas... Saya volvió a dejar escapar un jadeo ansioso cuando la mano del vampiro comenzó a recorrer su piel trazando una linea con la uña, acariciando luego la misma linea con el dedo y suspirando sobre su nuca haciendo que se estremeciera.

―¿Lo sientes ahora? ―pregunto Luke metiendo los dedos hábiles entre la ropa intima, ante lo cual Saya apretó fuerte los dientes y asintió conteniéndose apenas.

La mano que estaba libre viajo solitaria hacia la curva de sus senos y los acaricio por sobre la prenda, primero despacio, luego mas fuerte, mientras sus dedos hacían magia en otra zona dejándola descontrolada por completo.

―¡Sigue! ―exigió Saya separando las piernas y arqueándose hacia atrás para darle acceso al hombre que estaba nublando su razón por completo.

Luke sonrió, habían cosas que jamas cambiarían ni en un millón de años y una de ellas era el apetito de Saya por él, eso era algo que ninguno podría soportar jamas y era su arma secreta para regresarla a donde pertenecía... sus brazos.

Las ropas ya eran un estorbo para Saya y no le importaría en lo mas mínimo si ese desconocido se la rompía toda en ese preciso momento, pero el parecía mantener mas el control de lo que ella podía, así que tan solo rasgo la prenda intima de un tirón dejando intacta la falda, aprisiono fuertemente su vientre atrayendola hacia el y allí mismo la levanto apenas un poco del suelo para poseerla.

La sensación de plenitud que su cuerpo sintió y se extendió a lo largo de todas sus terminaciones nerviosas, al sentirlo profundamente dentro de ella, no tenia descripción alguna, por primera vez en los escasos recuerdos que tenia, se sintió completa y la ansiedad por mas creció a raudales incontenibles a medida que el se movía, mientras la besaba en la nuca y cuello.

Era impresionante el modo en que el parecía conocer su cuerpo, donde tocar, como hacerlo... y sin saber quien era el realmente, supo a ciencia cierta que no era la primera vez que la hacia suya... su cuerpo se lo gritaba agradecido.

Quería girar, verlo a los ojos, tocar su piel del mismo modo que el lo hacia con ella, quiera marcarlo con fuerza y gritarle que era suyo...

De nuevo esa palabra...

En menos de una hora, ese vampiro increíblemente sensual y sexual, le había metido esa palabra en la cabeza sin siquiera decirlo con sus labios... pertenencia...

Se lo repetía infinidad de veces a Ezael, ella no le pertenecía a nadie, ni deseaba que alguien fuera de ella tampoco, pero en esos momentos esa palabra jugaban en su mente y se alojaba en la punta de la lengua con la imperiosa necesidad de decirla... y como si el pudiera leer sus pensamientos, susurro a su oído, lo que ella no se atrevía a pronunciar en voz alta.

―Soy tuyo y lo sabes, así como tu eres mía Sayania.

La mente de Saya se rebelo un instante ínfimo en el cual quería gritar que no, que ella no era de nadie pero murió en sus labios antes de nacer y en cambio se escucho a si misma suspirar entre jadeos.

―Si... si...

La ebullición de la sangre en sus venas alcanzo niveles peligrosamente excitantes al escuchar su propia voz rendida a ese desconocido que la volvió loca en segundos. Cerro los puños con mas fuerza, clavando las uñas en sus palma hasta casi hacer que estas sangraran cuando el la mordió en el hombro, ya casi inconsciente de lo que hacia o decía, dejo reposar la cabeza sobre el otro lado para permitirle que bebiera de ella a su antojo, despojada por completo de voluntad.

Cerro los ojos al placer absoluto que la envolvía y de pronto en su mente una escena similar cobro vida, como si su mente le gritara que recordara...

Un escalofrió la recorrió y se sintió abrumada de golpe preguntándose porque ese nombre llego a su mente cuando mas intenso placer sentía...

―¡Luke... !―jadeo entre furiosa y al mismo tiempo fuera de control.

Luke se tenso al escucharla, pero no se detuvo ni un momento, sentía que ella necesita esa liberación y sabia que era el camino correcto.

―¡Saya, mi Saya! ―gimió al llegar al clímax en el preciso momento en que ella también lo acompañaba tensándose como una cuerda de violín en sus manos.

―¡Luke!

Un intenso silencio roto apenas por las respiraciones entrecortadas, los envolvía, mientras ambos retornaban a la tierra con dolorosa lentitud... pasado el momento de éxtasis, la realidad golpeaba inclemente a la puerta de ambos.

―Tu eres... Luke Black... ―dijo Saya mordiendo las palabras con ira contenida.

―Y tu mi querida diosa de la muerte ―le respondió Luke con toda calma ―eres Sayania Black, mi esposa.

Sus palabras retumbaron en la mente de Saya como un martillo violento sacudiendo su ser tan abruptamente que Luke se alejo de ella de manera automática, vistiéndose mas deprisa aun, sabiendo que el momento de placer había acabado por completo.



Laura Bryn

Editado: 31.01.2020

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