Amor y odio

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Capitulo 33

Capitulo 33: El hombre del hielo.


 

Cassiel miraba a través de la ventana como Yunho, caía una y otra vez sobre la nieve, levantando una estela a su alrededor. Y del mismo modo en que caía sin poder tocar en ninguno de sus ataques a la diosa, se levantaba decidido a volver a intentarlo.

Así como ella permanecía parada mucho rato frente a la ventana viendo el entrenamiento de Yunho, también notaba que Anthony no perdía un solo movimiento de su abuelo fuera de la cabaña.

Por lo general, cuando su abuelo salia al exterior con Sae, ya el niño se acomodaba junto a la ventana y se quedaba allí hasta que ellos decidían que ya era suficiente.

Mientras tanto Tony y Suzanne salían de caza transformados en lobos y casi siempre traían alguna presa para Jared, ya que los vampiros se negaban a darle alimentos humanos. Gracias a los poderes de Sae le era imposible escapar por lo tanto se la pasaba convertido en lobo y en algún rincón de la cabaña, acostado y sin prestar atención a nada ni a nadie, solo levantaba las orejas con curiosidad cuando Saya salia al exterior, entonces, solía moverse hacia la puerta pero nunca iba mas allá y solo la perdía de vista cuando ella junto con su esposo e hijo, salían de caza para alimentarse.

Yunho llevaba una dieta estricta impuesta por la diosa, solo se alimentaba de Saya, por ello la vampiresa lo hacia por ambos, pues  según le dijo la diosa, la sangre de su hija era mas energética para el y al mismo tiempo mantenía al gumiho de Saya bajo control.

Edu iba y venia sin que nadie supiera a ciencia cierta que era lo que hacia al marcharse, tampoco nadie preguntaba, en tanto Alik se limitaba a observar detenidamente a todos por igual, hacia anotaciones y siempre se lo escuchaba murmurar: "Interesante, muy interesante".

Desde que Anthony sufriera esa ultima transformación, Cassiel ya no lo sentía tan cercano como antes, el niño era distante y ella muchas veces se encontraba con su mirada fija, como si viera algo que le disgustara pero permanecía en silencio sin decir mucho. Varias veces Cass tuvo la intención de acercarse para conversar con el, como solían hacerlo antes, pero algo la detenía, como si no encontrara el valor para hablar con el niño, lo cual era extraño porque siempre tuvieron una fuerte conexion, la misma que el niño compartía mas con sus padres y eso en lo profundo de su corazón le parecía perfecto, sabia que eso era lo que siempre había anhelado, se lo había dicho en muchas ocasiones, pero no podía evitar sentirse celosa de esa nueva unión familiar, como si fuera excluida de ese pequeño circulo privado. Del cual ella fue lanzada lejos y Yunho introducido de la noche a la mañana, pues el niño esperaba a que su abuelo acabara con su entrenamiento para salir a mantener conversaciones de horas, ambos sentados bajo el frio del exterior, sin importarles que las partículas de nieve los fuera cubriendo lentamente. 
Se sintió la cazadora, en incontables ocasiones, impulsada a querer escuchar sus conversaciones aprovechando su fino oído vampirico, pero al momento de hacerlo se sentía culpable, así que no lo hacia.

Aburrida del encierro a la semana de estar en la cabaña, decidió salir de caza por unas horas, correr por el bosque helado, sentir la brisa en la piel, aunque tan solo fuera un leve roce, eso la hacia sentir nuevamente una humana, recordando los tiempos en que lo era cuando las mejillas se le encendía tras una carrera, o el sudor recorría su cuerpo con el calor del verano. Siempre añoraría esos años, y sobre todo el latido pausado de su corazón latiendo, con un compás casi melodioso.

Yunho volvió a caer allá afuera, Anthony se encontraba atento a cada movimiento de los adultos y en el rincón mas alejado se escuchaban los suspiros calurosos de Saya y Luke, quienes parecían inmersos en sus pasiones sin importarles la falta de privacidad. 
Cansada de eso, abrió la puerta de golpe y salio, el entrenamiento se detuvo al notar la presencia de la cazadora.

―Iré a cazar ―murmuro a sabiendas de que no era necesario elevar la voz, ya que todos los habitantes de la cabaña tenían un oído agudo.

Yunho no dirigió la mirada hacia ella, Sae si pero luego volvió su vista hacia el vampiro mas antiguo y desde dentro escucho un gruñido bajo, que supo de inmediato era del niño.

¡Maldito mocoso! 
¡La tenia en sus manos!

Cassiel giro la mirada hacia el niño que permanecía parado en el umbral de la puerta mirando fijamente a la diosa.

―Nos vemos ―susurro desapareciendo en la niebla que ya comenzaba a levantarse señal inequívoca de una fuerte tormenta.

―Ve con ella Alik, te necesitara, cuida de mi tía por favor ―pidio Anthony sin necesidad de voltear la mirada hacia el alto rubio que tenia la vista fija en el exterior.

Si había una cosa que Alik había descubierto en esa semana era que el niño de pocas palabras, cuando abría la boca era solo para decir verdades y también ya había descubierto cual era el secreto que tenia para mantener bajo control a la rebelde diosa, pero... ¿quien era el para evidenciar lo que el niño prefería mantener en secreto? Así que se levanto de su silla donde estaba haciendo anotaciones y salio afuera, cerro los ojos escuchando el sonido del viento, el frio helado le susurraba al oído, el aroma penetro en sus fosas nasales y sus sentidos se agudizaron, entonces sonrió y comenzó a correr en la dirección que le indicaron sus instintos.



Laura Bryn

Editado: 31.01.2020

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