Amortensia

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Acero vs. Carbón.

Esa sonrisa…

¿Por qué le molestaba tanto?

Había algo tan despreciable en ella… pero… ¿por qué?

La joven frente a él se había quedado observándole con aquella sonrisa…

Ni siquiera había contestado a aquel saludo.

Podía sentir a su maestro observarle con pesadez. Se aclaro la garganta.

- Mucho… gusto.

La garganta le ardía.

¿Por qué le molestaba tanto aquella sonrisa?

¿Por qué?

La sonrisa de Kaya se agrandó, provocándole más acidez en la garganta. El espíritu junto a ella revoloteaba sin cesar en círculos.

Molesto.

Fue consciente de que su maestro tomaba asiento en el sofá, donde antes se encontraba una de las sirvientas.

Kaya volvía a sentarse frente a la chimenea, pero esta vez, quedando cara a cara con su maestro. Su familiar se instalaba sus blancos cabellos.

El único que quedaba de pie era él.

Escuchó a su maestro carraspear con fuerza. Y a Kaya soltando una risa.

“Molesto”

Negó con la cabeza.

¿Por qué le era tan molesto?

Avanzó hasta un sofá individual que se encontraba a la derecha de Kaya.

El familiar dejó la comodidad de los blancos cabellos, para volar hasta él, y flotar en círculos a su alrededor.

Contuvo el impulso de darle un manotazo.

- Icarus… - el sonido de aquella voz, suave y lirica, le devolvía la acidez a su garganta.- Deja de molestar. – el espíritu dejó de flotar cerca de él. Le mostró los dientes afilados en su sonrisa, para luego volar hacia los cabellos de su ama. Esta le dirigió una sonrisa a él -. Me disculpo en su nombre.

La acidez de nuevo.

Inclino ligeramente la cabeza en respuesta.

Aparto la vista de ella, posicionándola al frente, recargando su rostro en una mano y soltando un suspiro.

Escucho a su maestro aclararse la garganta.

- Ahora que han tomado asiento… - la mirada de Kaya y Owain se clavaron en él. – Owain… Kaya es mi sucesora. A pesar de que actualmente ambos están bajo mi tutela, solo uno podrá heredar el título, lo cual es una decisión que ya he tomado con anterioridad; esto ya te lo había explicado. – Owain asintió. – Sin embargo, a ambos se les impartirán las mismas enseñanzas, y tendrán que superar las mismas pruebas… Pero al final del día, Owain… eres un caballero, elegido para proteger, velar y ayudar. No quiero absurdas competencias, sólo acepten su destino. – observo a Kaya. - ¿Entendido?

Pudo sentir como el aura de Kaya cambiaba.

Oscuro. Frío. Pesado.

“¿Resignación?”

- Sí, maestro. – contestaron al unísono.

Eliab se levantó del asiento.

- Buenas noches. – murmuro mientras abandonaba la habitación.

Sus pasos subiendo los escalones hacían eco en la casa. Se escucho la puerta de su habitación al cerrar.

La risa histérica e inesperada de Kaya lo sobresalto. Reía con tanta fuerza, que se sujetaba el estómago.

“¿Qué demonios?”

Kaya se levanto como pudo, aun temblando ligeramente de la risa, y limpiando unas cuantas lágrimas de sus ojos, abandono la estancia igual que su maestro, dejándolo solo.

 

 

No podía dormir aquella noche.

Clarice lo había conducido a la que sería su habitación.

Podía sentir el poder mágico de su ahora… ¿protegida, podría decirse?

Flotaba sutilmente y entraba por la pared de la derecha. Justo en la habitación de al lado… y podía sentirla como si aun estuvieran tan cerca como hace unas horas.

De la misma manera podía sentir a las pequeñas criaturas que volaban, saltaban y dormían también en la habitación de junto.

Su maestro le había comentado en el trayecto del viaje, que aquella pequeña chica de cabellos blancos que ahora se suponía que debía proteger, era un imán para sus pequeños “vecinos”.



Amy Attias

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En el texto hay: magia antigua

Editado: 05.03.2018

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