Anastasia Tremaine ©

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4. Flor del Viento

A la mañana siguiente, Luisa corrió las cortinas de la ventana y un rayo de luz tocó mi rostro con brusquedad.

—Buenos días Anastasia. ¿Dormiste bien?— preguntó ella mientras preparaba el baño.

—Creo que sí, aunque hubiera sido mejor si no me hubieras despertado.

—El Sr. Dumont me pidió que te levantara temprano— mencionó Luisa al quitarme las sabanas de encima—. Recuerda que hoy por la noche es el baile de disfraces antes de la inauguración de mañana en "La Espada de Lyra". Así que debes prepararte muy temprano para que no se te haga tarde.

Claro… lo había olvidado. Por un momento pensé que todo había sido un sueño, sin embargo ayer acepte convertirme en un Caballero y como tal debo cumplir con mi palabra.

—Está bien… gracias. Ya puedes retirarte— le ordene a Luisa.

Pero ella no se fue de la habitación, tan solo se hizo a un lado para darme privacidad.

Después de bañarme me puse la ropa que ella preparó. Una camisa blanca de algodón y un pantalón de cuero negro fueron lo que use para esta mañana. Cuando terminé de cambiarme, Luisa se acercó y empezó a peinar mi cabello hasta sujetarlo con un listón a la mitad de mi cabeza.

—Eres muy hermosa Anastasia, tú me recuerdas mucho a la Srta. Eliana— expresó con una sonrisa—. Tú y ella se llevaran muy bien cuando regrese de París.

—Eso espero Luisa… eso espero.

Después que baje a desayunar, me dirigí a la caballeriza de los Dumont para cabalgar un rato y conocer los alrededores. Pero al entrar al lugar me encontré con un joven granjero que limpiaba los establos.

—Hola— dije para atraer su atención.

Sin embargo parecía que aquel joven ni siquiera quería darme la cara. Quise darle otra oportunidad y me acerque, pero él sacó su espada y me apunto con ella.

—Discúlpame, creí que eras un granjero. En verdad no quise molestarte— le explique asustada.

De repente se acercó a nosotros el Sr. Dumont. Pero por su mirada juraría que estaba disfrutando de esta escena, en especial porque me tomaron de sorpresa.

—Tranquila Anastasia, él es Marius Ebelot y es el prometido de mi hija Eliana. Todas las mañanas podrás verlo limpiar los establos, es algo que le fascina porque le permite estar cerca de los caballos— comentó el hombre al darle dos palmadas en la espalda al joven.

—Yo soy Anastasia, un placer— dije al extender mi mano.

Pero aquel joven solo guardo su espada e hizo una reverencia como muestra de respeto.

—El chico tiene modales Anastasia, así que no te preocupes por él— menciono el Sr. Dumont.

Al darme la vuelta para irme, Marius me tomo de la mano por un momento y me hizo girar a verle.

Con extrañeza en mi rostro lo miré, pero él tan solo quiso acercarse para quitar un pétalo de flor de mi cabello.

—Discúlpame, no quise…— dijo tímido al soltar mi mano.

—No te preocupes, gracias.

Después de que Marius soltara mi mano, yo salí corriendo de ese lugar; mi corazón no dejaba de palpitar como loco y mi respiración de aceleraba a cada segundo.

Tal vez se deba a que ningún hombre me había tratado de esa tierna manera. Salvo una persona que me estrecho en sus brazos para guardar silencio.

A veces me preguntó ¿cómo se encontrará el Príncipe?

Sin embargo debo mantenerme distante para no fallar en mi tarea.

Al terminar de cabalgar y recorrer los alrededores, me dirigí a pie a un hermoso jardín que se encontraba en medio del bosque. Ese pequeño lugar secreto era perfecto para pensar y distraerse de todo.

Sentándome un momento en el suelo, decidí que era el lugar indicado para leer la carta de mi padre, así que tomé el sobre que escondí detrás de mi blusa y lo empecé a abrir.

Al sacar la carta me detuve un momento, la manos me sudaban, realmente estaba nerviosa por lo que iba a leer. Sin embargo respire hondo y comencé a leerla en voz alta:

“Mi pequeña Flor del Viento, desde que tengo memoria he visto en ti una cualidad muy especial. Y lo sé porque lo vi en tus ojos.

Cada mañana despiertas cual flores de Gazania, mientras emprendes un arduo entrenamiento que te demuestra lo fuerte y valiente que puedes llegar a ser.

Por mucho tiempo soñé con una joven guerrera que es idéntica a ti, he imagino que para eso haz nacido mi pequeña Flor del Viento, para ser una valiente guerrera que no le tiene miedo a nada, pues tú valor y confianza solo demuestran al Dios que te dio la vida.

Recuerda que nadie te debe obligar a ser algo que tú no eres, y nunca olvides que la grandeza del corazón viene cuando buscamos el honor con humildad y la gloria con amor.

Me hubiera gustado golpear al primer chico que te quisiera robar un beso mi pequeña. Incluso verte de blanco el día de tú boda. Pero lamento que las cosas no fueran así. Por favor perdóname hija, jamás quise irme de esta manera.



TIN

Editado: 21.05.2019

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