Anastasia Tremaine ©

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6. Polos Opuestos

La luz de un nuevo día hizo que mis ojos soñolientos se abrieran. Con gran cansancio me tuve que estirar para poder recobrar energía. Y mientras lo hacía, me percate que aún llevaba puesto el vestido de anoche.

Levantándome de la cama, me dirigí al espejo más grande de mi habitación y me contemple en el, mientras daba un par de vueltas. Nunca antes había usado un vestido tan hermoso como este, realmente me veía como una doncella, y lo mejor es que yo me sentía bonita con tan solo verlo.

Papá siempre decía que yo era la Princesa de sus ojos, pero para mi madre era lo contrario. Ella siempre me vio como el hijo que nunca hubiera querido tener. Y tal vez tenía razón, toda mi vida crecí siendo educada por varones, ella nunca me dedico tiempo, mucho menos cuando nació Drizella, así que nunca iba a llenar las expectativas de esa mujer.

—Buenos días Anastasia. Me alegra ver que despertaras tan temprano. El Sr. Dumont ya te espera para desayunar, recuerda que hoy es la gran apertura— dijo Luisa al entrar.

Luisa es una persona muy buena y muy rápida, realmente me sorprende todo lo que puede hacer. Anoche antes de irnos me enseño como ponerme el vestido sin la ayuda de nadie. Y hoy por la mañana, mi baño ya estaba listo junto con la ropa que usaría en el día.

—Muchas gracias, no sé qué haría sin tú ayuda— dije mientras me quitaba la ropa en el vestidor.

—Amo lo que hago, así que no te preocupes en agradecérmelo mi Lady— dijo ella al dejar todo listo para darme privacidad.

Al entrar a la tina, decidí sumergirme completamente bajo el agua, de esta forma podría despejar mi mente y relajarme, hasta que abrí los ojos y vi el rostro del Príncipe. En ese momento mi corazón se empezó acelerar rápidamente, que de inmediato salí del agua para no morir ahogada.

Recobrando la respiración, me di cuenta que no podía sacar de mi cabeza mi acercamiento con el Príncipe. Y eso me tenía angustiada, ya que yo no podía sentir esta clase de sentimientos, mucho menos ahora que pasare más tiempo con él.

Después de vestirme me dirigí al comedor para desayunar, sin embargo yo era la última en llegar a la mesa.

—Llegas tarde— dijo Marius mientras masticaba una manzana.

—No estoy acostumbrada a comer con personas, así que no creo haber llegado tarde— le rezongué para que me dejara en paz.

—Pero él tiene razón Anastasia— dijo el Sr. Dumont al entrar de nuevo al comedor—. Tú ahora perteneces a esta familia.

—Lamento ser grosera, yo no quiero que me malinterprete. Es solo que no estoy acostumbrada a este tipo de cordialidades, eso es todo— mencione como disculpa.

El Sr. Dumont solo me sonrío y después se marchó. Pero aquella sonrisa que me externo me ofendió demasiado, ya que por un momento me pareció ver que sentía alguna clase de lastima por mí.

—No te ofendas, a veces la clase depende de la cultura con la que uno fue criado. Es claro que tú no tienes ninguna de las dos, así que por eso causas lastima en todas las personas que te ven— comentó prepotente Marius.

— ¿Cuál es tú problema? Creí que eras buena persona, pero desde ayer me has dado otra clase de impresión con tus actos— le dije con repudio.

—Todos tenemos dos caras, ya deberías estar acostumbrada, en especial porque tú serás dos personas a la vez— contestó retándome.

Cuando él me dijo eso, no lo pensé dos veces y me acerque a él para golpearlo, sin embargo Marius esquivó mi golpe y me dejó caer sobre el hollín de la chimenea.

Con una gran sonrisa se acercó para ayudarme, pero al ponerme de pie, no pudo evitar volver a reírse.

Sin ganas de probar algún alimento, decidí subir de nuevo a mi habitación para cambiarme de ropa.

Luisa me ayudó a limpiarme mientras recogía mi cabello para convertirme en Bastian.

—Espero que no te enojes con Marius, honestamente nunca lo había visto tan feliz con alguien— dijo Luisa para cambiar mi ánimo.

— ¿Y ese es mi problema? Yo no tengo la culpa de que su prometida no lo quiera ¿o sí?

Luisa guardó silencio por un momento y después desvió la mirada para no verme. Ahora creo que sí me pase de lista con mi gran boca, cuando aprenderé a callarme antes de decir algo absurdo.

—Discúlpame, yo no quería ofender a la hija del Regente, es solo que…— Luisa me tapo la boca y no dejó que siguiera hablando.

—Marius es un joven que creció sin conocer lo que era una familia. El Sr. Dumont lo eligió como prometido de su hija como pago de su hospitalidad y protección. Ante ese acuerdo creímos que él nunca sería feliz de nuevo, pero hubo alguien a quién siempre le regalo una sonrisa— mencionó al apartar sus manos de mi boca.

— ¿Y quién era esa persona?— pregunte curiosa.

—Era la Sra. Marion, ella fue la única persona que lo hizo sonreír de nuevo, hasta el día en qué murió.

Luisa terminó de ponerme la peluca, y después me dejó a solas para arreglar mis ideas antes de ver a Marius.



TIN

Editado: 21.05.2019

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