Anastasia Tremaine ©

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2. Fuerza de Caballero

Ya han pasado tres días desde que Drizella se fue con Lady Tremaine, mi madre, y honestamente me he sentido extraña al no tenerla conmigo.

Sin embargo sé que no estoy sola, el Sr. Bernard, quien es el panadero, y su familia siempre están al pendiente de mí.

Mayormente los llamo Tíos, ya que la relación que tuvieron con mi padre fue tan sólida que parecían nuestros familiares más cercanos. Incluso, sus hijos son como mis hermanos mayores, todos varones y por lo mismo, fastidiosos y molestos.

A Drizella le molestaba convivir con ellos, ya que no la trataban como a una dama, pero a mí eso no me importaba, ya que podía pelear con ellos sin sentirme mal por ser mujer.

 

— ¡Ann, ven a comer!— grito mi Tía.

 

— ¡En un momento voy! — le respondí.

 

Dejé lo que estaba haciendo en el taller y me dirigí a la panadería.

 

La comida que prepara mi Tía es muy deliciosa. Como reposteros no solo hornean el mejor pan del Reino, sino que también cocinan los mejores manjares que podrían existir en la tierra.

Comer con el Sr. Bernard y su familia siempre es un festín celestial.

 

—Ann, escuchamos que tú madre regresó al pueblo. ¿Eso es cierto? — preguntó mi Tío preocupado.

 

—Así fue, vino hace días, e incluso Drizella se fue con ella.

 

— ¿Cómo se atreve esa mujer a dar la cara de esa manera? Vergüenza debería tener por haberse ido sin decir ni siquiera adiós— comentó molesta su esposa Suzette.

 

—Está bien que fuera así, Drizella la echaba mucho de menos y pienso que fue lo mejor. Además, a mi hermana no le gustaba estar aquí, y estoy segura de que si no se iba con ella, se habría escapado tarde o temprano de la casa.

 

—Tú padre Sebastián les hizo mucha falta a las dos. Él era un buen amigo mío y le prometí que las cuidaría, pero creo que ni eso puedo hacer bien — comentó mi Tío levantándose de la mesa molesto.

 

Después se dirigió a la cocina y se encerró en ella para hornear pan a solas. Esa siempre ha sido su forma de controlar su ira y de pensar mejor las cosas.

 

—Disculpa a mi esposo, ya sabes que la única forma de no sentir enojo es...

 

—Horneando pan, lo sé— la interrumpí—. Muchas gracias por la comida, de verdad que estuvo deliciosa como siempre.

 

—Me alegra que te gustara, los muchachos salieron a entrenar, imagino que están en el bosque, ya sabes donde encontrarlos.

 

—Claro que sí, iré a molestarlos un rato… hasta luego.

 

Lave mis trastes sucios antes de irme, y después me dirigí al lugar de entrenamiento que construyó papá cuando era Caballero.

El secreto de su gran habilidad estaba en un artefacto que el mismo hizo para entrenar.

Ahora que él ya no está, nosotros comenzamos a usarlo, para convertirnos algún día en Caballeros de la Guardia Real.

 

—Miren lo que trajo el viento, su “Real Majestad” por fin nos honra con su presencia— dijo burlonamente Alexandre, el hijo mayor de Bernard y Suzette.

 

—Déjala en paz, recuerda que la última vez te venció— mencionó Silvain, el segundo hijo.

 

—Creímos que ya no vendrías de nuevo, su “Excelencia” — exclamó también con ironía Damien, el tercero de ellos.

 

— ¿Drizella no viene contigo?— pregunto Eric, el hermano más joven de ellos.

 

Alexandre tiene veintiocho años, y algo en lo que se destaca es en su gran fuerza. Él puede levantar hasta veinte barriles de cerveza sin siquiera sudar, bueno, al menos eso nos hace creer.

Silvain, de veinticinco años, es todo lo opuesto, a él le gusta leer libros y componer música, aunque tiene una gran habilidad para el arco y la flecha.

Damien tiene la misma edad que yo, él siempre hace lo que Alexandre le dice. Sin embargo, es muy bueno con la espada y los cuchillos.

Y por último está el pequeño Eric, quien es un año menor que Drizella, pero es muy bueno para esconderse y atacar por sorpresa.

Los cuatro siempre han soñado con pertenecer a la Guardia Real, y algún día, juntos lo conseguiremos.

 

Cada que llega la primavera, el Castillo abre sus puertas para que jóvenes de 12 a 29 años compitan en diferentes pruebas, y puedan calificar los mejores y ser seleccionados para entrar a la escuela de entrenamiento: "La Espada de Lyra".

 

Durante mucho tiempo escuché historias increíbles de este lugar. Mi padre formó parte de las primeras generaciones en estudiar ahí, y mis deseos por seguir sus pasos comenzaron desde que yo era pequeña.

Recuerdo que cuando Drizella nació, hubo mucha gente en la casa. Su nacimiento era muy delicado, y nadie podía prestarme atención alguna, ni siquiera mi padre.



TIN

Editado: 21.05.2019

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