Andrómeda-Los Seres Celestiales

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 11

¡Esto es espectacular!

Me encuentro dentro de uno de los cuartos de la casa de José, sumergida en agua caliente dentro de una batea después de haber comido una gran variedad de frutas que me entregó José amablemente. Es mi primer baño con agua tibia y es mejor de lo que me imaginaba: ya no tengo la necesidad de apurarme por una corriente de aire que me escarapele el cuerpo. Ahora desearía estar para siempre aquí, con mis músculos relajados y calientitos. Es como si toda la ansiedad acumulada se liberara de mi cuerpo por estos pocos minutos. Desgraciadamente, no puedo permanecer aquí todo el día. Al otro lado de la puerta, está el padrastro de Jesucristo, José, hablando con Abigael y Elian. Ya no puedo tardarme, tengo tantas preguntas por hacerle que me intriga en no estar con él en este instante. Abigael y Elian ya sabían quién era él, pues han vivido juntos en el Paraíso. La que tiene que presentarse y conocerlo mejor soy yo. Hasta este instante, mi relación con José va de maravilla, aunque me sonrojé cuando me invitó a tomar un baño en uno de sus cuartos ¿En serio estoy tan sucia? No me gustó que la primera impresión mía de José fuera que soy una antigénica, espero que Abigael y Elian le cuenten lo que está sucediendo y comprenda mi estado.

Me quedo unos pocos segundos más mirando el cuarto: es bien estrecho, aunque me parece que es más grande que mi habitación del Mundo de los Humanos. José mantiene bastante limpia las paredes, no noto ni una pequeña mancha. Si no estuviéramos en plena guerra, le solicitaría a José hospedarme aquí. Esto es maravilloso.

Salgo del agua y me sorprende que no sienta nada de frío, el ambiente es mucho más cálido aquí. ¿Por qué El Mundo de los Humanos no pudo ser así de perfecto? Me traslado hacia la esquina en donde un hermoso vestido azul marino está colgado encima de un perchero, José me lo obsequió, explicándome que se trataba de un regalo. Es un poco extraño todo esto: en primer lugar, no sé cómo José tiene comida, champú, jabón y agua caliente, si es que los cuerpos glorificados no necesitan comer ni beber y mucho menos bañarse para vivir; y tampoco sé de dónde sacó este vestido, ya que los cuerpos glorificados solo constan de túnicas blancas. Tal vez alguien se lo regaló. ¿pero quién? Por la contextura y la tela, parece un vestido moderno, hecho un poco antes del Armagedón. Bueno, algún día lo sabré o quizás jamás; no es de mi incumbencia.

Me coloco las bragas que por suerte siguen limpias igual que mi sujetador. Agarro el hermoso vestido y me lo pongo con delicadeza. Me queda perfecto, es justo de mi talla por suerte. La prenda me llega hasta cubrirme las rodillas, lo cual es perfecto porque aquí el clima es caluroso; aparte es bien cómodo, no me aprieta en lo absoluto.

Camino de un lado a otro esperando que se me seque un poco el pelo, pero también lo hago con el fin de calmar mí ansiedad. Consigo escuchar como José conversa con Abigael y Elian, y eso me pone incomoda. Me siento como la chica tonta que no encaja en aquel grupo. Los tres son seres celestiales, y yo una humana, soy inferior a ellos. Tengo un mal presentimiento; no obstante, no debo seguir aquí dentro, ya se deben de estar preguntando por qué me demoro tanto. Me traslado hacia la puerta, doy un fuerte suspiro y la abro.

José está sentado en el sofá unitario, mientras que Abigael y Elian están en el grande. Al instante los tres voltean hacia mí, José me sonríe con amabilidad, pero Abigael y Elian se quedan estupefactos contemplándome. Estoy segura que si José no estuviera, Elian diría un piropo elogiándome por el vestido; sin embargo, me imagino que le debe tener un respeto a José y por eso se muerde el labio antes de soltar cualquier insinuación. Abigael es el menos discreto, sus ojos están abiertos como platos y sus labios forma una “o” bien notoria.

—Te queda muy bien—dice José.

—Gracias—le contesto con amabilidad.

Las expresiones de Abigael y Elian hacen que mi subconsciente se ría, sin embargo, por obvias razones no me conviene manifestarlo, así que me muerdo el labio. Me traslado rápidamente hacia el sofá y tomo asiento al lado de Abigael. Ahora, los tres estamos frente a José. Enserio me hallo nerviosa, José es mí única esperanza de poder saber el paradero de los tres espíritus de Dios, si él no lo sabe, tendremos que seguir buscando, lo cual significaría perder más tiempo y que disminuyan las probabilidades de salvar a mi madre. Anhelo que salgan palabras motivadoras de su boca.

—Ok Sareya, Los chicos me han explicado lo que está sucediendo. Te voy a brindar la información que tengo, pero antes, tengo que explicarte unas cuantas cosas muy importantes.

Asiento con la cabeza. Esto se pone más interesante e intrigante.

—Muy bien—prosiguió José—. Te explico. Los cristianos, los católicos, los mormones y todas las religiones que hay, nunca han sabido interpretar lo que en realidad pasó con Jesús después de que resucitó. La mayoría siempre ha creído que cuando Jesucristo resucitó y se fue al cielo, Jesús caminaría en el Paraíso con un cuerpo glorificado, mientras que su padre, Dios, estaría gobernando en un trono. Esto es falso. Con Jesús siempre tuve una relación perfecta, lo quise como si en verdad fuera mi propio hijo. Sin embargo, años antes de que lo crucificaran, me contó detalles que su padre celestial le había mencionado. Jesús me informó que él era una parte del espíritu de Dios, y que cuando sería transportado al cielo, se le uniría a Él convirtiéndose en uno solo, por lo cual, me dio a entender que Jesucristo y Dios son el mismo ser, no son dos seres diferentes. Cuando yo fallecí, estuve en el hades hasta que Jesús murió y resucitó. Fui llevado al paraíso, en donde me encontré cara a cara con Dios en su apariencia humana que siempre utilizaba para poder conversar con las personas, ya que dicen que si alguien lo viera en su forma original quedaría ciego al instante. Bueno, como te seguía diciendo, Dios se hizo muy amigo mío, solo que la situación había cambiado, Él era el padre y yo el hijo. Dios me contó que su espíritu se hallaba divido en tres partes, y que, para mandar a Jesucristo a la Tierra, tuvo que sacar una parte de su espíritu llamada “Hijo”. Cuando Jesús resucitó y fue llevado al cielo, se unió otra vez con Dios convirtiéndose en uno solo. Ahora Sareya, te hago una pregunta: si una parte del espíritu de Dios se llama “Hijo”. ¿Cuáles son las otras dos que faltan?



Franco Marcelo

Editado: 08.12.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar