Ángel Ciego 1. El comienzo

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Parte 8

Cuando Videl iba a golpearla nuevamente en el rostro, Izbet generó un escudo oscuro frente a ella, sus ojos se volvieron totalmente negros, y en su espalda aparecieron alas, pero negras como las de un cuervo, lanzó una ráfaga oscura de ki que tiró a todos al suelo, empezó a levitar, extendió su mano, las esmeraldas de Videl, N° 18, y de todas las mujeres presentes se desprendieron de su frente y explotaron en el aire, desapareciendo. Ahora todas ellas miraban asustadas ya que no recordaban como llegaron allí y lo que hicieron mientras estuvieron bajo el control de la rebelde, la mujer de negro siguió avanzando lentamente, de pronto la joya que buscaban apareció volando hacia ella, envuelta en una onda de oscuridad.

— No debió despertar esto nunca, ya nadie podrá pararlo — con ese grito la perla de la sirena se hizo mil pedazos.

Piccolo se dio cuenta que la piel de Izbet se empezó a abrir en algunas partes, sangrando, incluso de sus ojos caían lágrimas rojas que dejaban marcado su pasó por su rostro, formando un tétrico maquillaje, su ki empezó a consumirse muy rápidamente.

— Detente, esto te está matando — él trató de acercarse a ella, pero una ola de energía que expulsó el cuerpo de la mujer lo repelió.

Por un momento los ojos de la ciega se volvieron blancos, trataba de calmarse, pero no podía controlar los poderes que se activaron en ella al desbordarse sus sentimientos.

— No puedo evitarlo — dijo con tristeza — no sé cómo parar esto — sus ojos volvieron a ponerse oscuros, parecía que su ki quería reventar, todo empezó a temblar, las mujeres corrían buscando como salir de las cuevas, y salvarse de las rocas que les caían del techo. Videl había recobrado la conciencia, y se dio cuenta de que estaba pasando, logro ponerse frente a su madrina.

— Por favor, Iz, detente — le rogó mientras Piccolo y N°18 se reunían con la joven de los ojos azules.

— Váyanse, no puedo detenerlo por más tiempo — gritó, luego ya no pareció darse cuenta de nada.

— No nos iremos sin ti, para esto — la ahijada y Piccolo lograron acercarse a ella y la tomaron de las manos.

Durante unos minutos que parecieron horas, Izbet sintió a los dos seres pero no podía hablar, en su interior trato de detener esa fuerza que quería explotar, recordó a Videl de niña, cuando prometió cuidarla, como empezó a enseñarle artes marciales, luego cuando Piccolo la trato de ayudar al caer, el entrenamiento en la nave, cuando lloró en sus brazos, y el beso que le dio, no quería que ninguno de los dos muriera, por fin fue diluyendo poco a poco la oscuridad de su cuerpo, sus alas fueron desapareciendo, cuando sus ojos volvieron a ser blancos, cayó desmayada. Videl se agachó al lado de su madrina.

— Está muy débil, ha perdido mucha sangre, casi no siento su pulso — dijo asustada la muchacha.

Piccolo le dio una semilla del ermitaño, sus heridas curaron inmediatamente.

— Izbet, por fin estas bien.

— ¿Qué pasó? ¿Ya estás libre del encanto de la esmeralda?

— Tu nos liberaste a todas.

— Yo... — no recordaba nada — no importa ayudanos a buscar la perla.

— La destruiste.

— ¿Cuándo?

— Debemos salir, el techo se hundirá en cualquier momento — gritó 18.

— Debemos salvar a la demás — apremió Videl.

— No hay tiempo, salgamos — le replicó la androide.

En ese momento apareció Goku, quien, con su teletransportación, y guiado por el ki de sus amigos los encontró, venía con Gohan, Goten, Vegeta, Krillin, Trunks... y Mr. Satán, entre ellos sacaron a todas sin problemas. Afuera estaban las tropas imperiales que arrestaron a las líderes del movimiento, y custodiaron a las secuestradas, llevando a todos al palacio.

De vuelta en el castillo, por fin conocieron al consorte real, un gentil hombre que les agradeció a todos su ayuda. Mientras Izbet estaba en una entrevista a solas con la monarca.

— Gracias a ti y tus amigos la situación resultó bien para todas, las mujeres de los otros mundos serán devueltas sanas y salvas, no te preocupes, nos encargaremos. Si quieres puedes quedarte con nosotros, eso si tu esposo quiere darte permiso — terminó riendo.

— Sagrada Madre, no es necesario seguir la mentira, usted sabe que él y yo no estamos casados — agachó la cabeza avergonzada.

— Me di cuenta desde el primer momento, no se llega a mi edad sin aprender un par de cosas, ahora me enseñaste a no debo menospreciar a los seres que consideraba inferiores ¿Quieres quedarte?

— No, muchas gracias, mi vida está en la Tierra.

— Bueno hija mía, lleva nuestra gratitud eterna.

Goku se ofreció para llevarlos a todos de vuelta.

— Te lo agradezco, pero no quiero dejar mi nave acá, nos veremos allá, si no alcanzo a llegar que Bulma tome mi lugar.

Cuando el resto se acomodaba para teletransportarse de vuelta, se produjo otra deserción.

— No te dejare ir sola, me voy contigo — avisó la novia.

— Espera cariño, estas segura — le preguntó el novio.



Izbet Supay

#1006 en Fanfic

En el texto hay: aventuras, conocerse

Editado: 25.09.2019

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